La colaboración entre Donald Trump, presidente de Estados Unidos, y Elon Musk, empresario y figura central del sector tecnológico global, llega a su fin. La relación institucional, que comenzó con una inversión electoral y derivó en la integración de Musk en la estructura del gobierno estadounidense, ha terminado en un enfrentamiento abierto. La ruptura, más
Donald Trump ha fundido el tablero del Monopoli sobre el mapa mundi y se ha puesto a jugar: “compro” Groenlandia con su gas, petróleo y recursos sin explotar; pacto con Putin y me quedo con los minerales raros de Ucrania que necesito para enfrentarme con China —el 41% de los semiconductores utilizados por el complejo
«El poder estatal moderno no es otra cosa que un comité que administra los negocios comunes de la clase burguesa, globalmente considerada» (K. Marx)[1]. Esta aguda aseveración del Moro publicada en 1848, considerada por alguna exagerada, retrata con rigor la configuración del nuevo gobierno de los Estados Unidos de América. El capitalismo sin complejos de