En las trincheras de la superestructura, la lucha de clases asume hoy una forma particularmente insidiosa. Asistimos, no sin cierta alarma teórica, al avance de una marea irracionalista que, parapetada tras el escudo de la “incomodidad” subjetiva y la sacralización del “sentimiento herido”, pretende volar por los aires los mismos cimientos de la crítica científica. Desde un punto de vista marxista, y recuperando el espíritu del racionalismo, consustancial a este,…