De un hombre como Rafael Alberti, que ha dedicado su vida al arte y el pensamiento pueden, deben, decirse muchas cosas. De hecho se han dicho y espero que sigan diciéndose.
Indudablemente, fue un gran poeta, pero a mi lo que me admira y me conmueve no es la poesía que dejó escrita, y que figura hoy en los muchos libros que, desde su muerte, han reaparecido en los escaparates de las librerías. Me asombra el largo y riguroso poema que vivió, año tras año, durante los casi cien que estuvo en el mundo. Me pregunto a veces donde están hoy los intelectuales, escritores, pensadores, artistas. Dudo, porque cuesta trabajo admitir, que el silencio se deba al convencimiento de que es justo cuanto estamos viviendo mundialmente en lo que respecta a política y economía. Tampoco puedo pensar que estén fingiendo. No considero que el papel del intelectual sea la complicidad con el poder. Deseo, ansío, sueño, verlos gritar iracundos, afilar las plumas -o las teclas del ordenador, pero el caso es lo mismo- buscar explicaciones, pedirlas, para que el cine o la novela, el ensayo o el programa de televisión, sean tan lúcidos y veraces, que comprometan a su vez, la militancia de la verdad, para quien la siente y la vive, es un pulso inmediato y necesario. Esconderla sería lo que haría preciso detenerse a pensar, para encontrar la mejor forma de ocultamiento. La poesía, por ejemplo, oculta para desvelar: es la función del arte y el arte se alimenta de la verdad. Rara y escasa cualidad hoy, y siendo así, ¿Como hablar entonces de intelectuales?. Los hombres y mujeres que no buscan porque lo saben todo, que siempre tienen a punto una respuesta, que jamás transgreden ni se enfrentan a lo establecido, ni son intelectuales, ni tienen compromiso. Me pregunto: ¿En que piensan cuando observan la explotación de los trabajadores, la descalificación profesional, la ruptura de las tradiciones populares, la destrucción de la vida familiar y social, el ultraje a la cultura y el arte, la devastación del medio ambiente, la tala de bosques, la polución de los ríos, y la degradación general de la existencia? La respuesta la sabe la izquierda. Su nombre: compromiso. Alberti fue un hombre comprometido.






