En España, el ciclo de protestas ha adquirido perfiles e intensidad propios. Quizá uno de los mayores acontecimientos -a juicio de la dirección de IU previa a la VII Asamblea Federal- fueron las inmensas manifestaciones por la paz, pero también las multitudinarias movilizaciones sindicales tras la huelga general del 20 de Junio de 2002; o las movilizaciones estudiantiles contra la LOU (Ley Universitaria) y contra la LOCE (Ley de Calidad de la Educación) en defensa de la enseñanza pública. También, la denuncia por la acción del Gobierno del PP en todo lo concerniente al hundimiento del buque petrolero Prestige, además de las múltiples manifestaciones contra la globalización que han tenido lugar a lo largo de estos últimos cuatro años.
¿Puede afirmarse la inutilidad de las movilizaciones tras los últimos resultados electorales?, se preguntó Llamazares. Nosotros, en Izquierda Unida -contestó-, no compartimos ese punto de vista, probablemente porque siempre imaginamos que las mediaciones entre movilización y voto son mucho más complejas.
Si bien no son -matizó- elecciones directamente comparables, no deja de ser cierto que entre las elecciones generales de 2000 y las municipales y autonómicas de 2003, el PP ha recibido dos millones y medio de votos menos que el conjunto de la izquierda. El PP parece haberse dado cuenta e intenta adoptar medidas extremas para abortar el reflejo político de la movilización social. Cuando gana, aplasta a las minorías; cuando pierde, conspira contra la mayoría.
Durante la segunda legislatura, que ahora concluye, el Gobierno de Aznar ha ejecutado un programa neoliberal en todos los ámbitos, en un claro intento hacer de los cambios hechos consumados, irreversibles. Tras el 11-S de 2001, el Gobierno del PP aprovechó la situación internacional para restringir las libertades democráticas y provocó un deterioro significativo de la convivencia en Euskadi. El colofón de su «política antiterrorista» ha sido escenificada en la guerra de Iraq, al lado de Bush y Blair. Estamos ante una derecha, según IU, sin complejos respecto a la herencia franquista y así quedó patente el pasado 1 de diciembre cuando no se sumó al acto de homenaje a los represaliados del franquismo en el Congreso de los Diputados, dentro de los actos conmemorativos del 25 aniversario de la Constitución. Una derecha que ha roto los delicados consensos construidos desde la transición.
Crecimiento y desigualdad
Uno de los argumentos de peso del PP en esta legislatura a punto de finalizar es el crecimiento económico experimentado por nuestro país en sus parámetros macroestructurales. Sin embargo, los otros datos, los de la microeconomía, indican que, desde que gobierna el PP, España conoce una mayor desigualdad social, más injusta en la distribución de la riqueza y más insegura. Para IU, la incertidumbre y la inseguridad social no es y no puede ser una consecuencia de la globalización.
España está a la cola de Europa en cuanto a gasto social, a casi siete puntos por debajo de la media comunitaria, sólo por encima de Irlanda. Así dicho no parecen traslucirse sus consecuencias, pero éstas son reales: deterioro de la educación y de la sanidad públicas; insuficiencia de servicios sociales para la comunidad; seguimos en tasas de desempleo muy altas, donde además cuatro millones de trabajadores tienen contratos precarios, a los que hay que añadir otros tres millones de trabajadores autónomos en situación de sobreexplotación e inseguridad.
La degradación paulatina que viene sufriendo, desde los gobiernos del PSOE, el mercado laboral constituye un riesgo creciente para la clase trabajadora. El movimiento sindical y de izquierda tienen por delante retos que, en opinión de IU, sólo pueden resolverse desde una mayor capacidad de organización y de movilización de los sectores laborales más vulnerables. «No nos sorprende -afirmó Llamazares ante el público asistente al club Siglo XXI- que en ese empeño por la destrucción de las redes sociales y de convivencia se acompañe de continuos llamamientos a la seguridad policial, al patriotismo y a un renovado papel del discurso religioso».
Nueva mayoría
La fecha electoral de marzo es, a tenor de lo expresado, un buen momento para construir una mayoría con un programa de cambio, de transformación, una mayoría con un programa de izquierdas que tiene su aliento en los últimos acontecimientos políticos. Amplios sectores de la sociedad han comenzado a percibir que, tras el mensaje de moderación y centrismo del PP, se esconde «una práctica de cirujano de hierro del liberalismo, la privatización, la precariedad social y la represión», argumentó Llamazares en un compendio de los efectos derivados de las políticas del PP en esta su segunda legislatura.
Entre las características de nuevo cuño en los momentos actuales, en IU se resalta el modo diferente de vivir el encuentro entre lo que es diverso y plural, que tiene que ver en parte con la capacidad de hacer convivir el movimiento sindical, las nueva reivindicación social, la alternativa medioambiental o feminista y los movimientos pacifistas.
En estos últimos años, se reconoce una dinámica novedosa en la relación entre movimientos sociales y partidos políticos, que no es de ahora pero que se manifiesta con indiscutible fuerza en la actualidad. El camino de IU en este contexto tiene como señas la reforma, la transformación y la rebeldía: «Nosotros, junto con otros y otras, hemos sido parte de la huelga general, hemos parte de la solidaridad e indignación que trajo la marea negra del Prestige y hemos sido parte esencial de la explosión de descontento que ha producido la guerra de Iraq. Hemos formado parte de las plataformas plurales, de plataformas populares como Nunca Máis o Cultura contra la Guerra», aclaró Llamazares.
Por último, el desafío tras ocho años de Gobierno del PP en el Estado está ahí, según IU. Hay buenas razones para que gane la sociedad crítica que quiere un cambio en todos los órdenes. Por eso, ese desafío no es otro que ganar la credibilidad de importantes sectores de la población que aún no confían en una alternativa al Partido Popular, una alternativa social, cultural y política.






