Homenaje a Juana Doña

Orgullosa de ser comunista, orgullosa de ser feminista

Sobrecogedor homenaje a Juana Doña en Madrid el pasado 14 de febrero

El compromiso político, la obra literaria y periodística, la faceta familiar y, sobre todo, la gran humanidad impregnada en cada pliegue de Juana Doña revivieron en una noche entrañable, la del 14 de febrero pasado, en el auditorio de CC OO de Madrid. Fue más que un homenaje. Muy bien organizado por el Partido Comunista de Madrid, la sencillez de cada intervención, la lectura de los textos escritos por Juana y la asistencia de decenas de camaradas con los que compartió ilusiones, luchas, esperanzas y amarguras tendieron un halo de emociones difíciles de contener.

Textos de sus obras ‘Desde la noche y la niebla’, ‘Geste de abajo’ y ‘Querido Eugenio’, artículos publicados en la revista feminista ‘Sal’ y en Mundo Obrero, cobraron vida en las voces de muchos invitados: Elisa Serna, José María Alfaya, Lolo Rico, Luis Cabo, Carmen Roney, César Corrales, Claudia Gravi, Esperanza Alonso, Concha Carretero, Fernando Marín, Amanda Meyer, Inés Sabanés, Javier López, Asunción Balaguer, Jorge Montes, Javier Ruiz, Gaspar Llamazares, Juan Ramón Sanz y, sobre todo, con las breves palabras de su sobrino Luis y su hijo Alexis. Paco Frutos, ausente por inexcusables motivos políticos, mandó una carta leída por el secretario general del PCM, Juan Ramón Sanz.

En las lecturas, temas que sobrecogen por cómo Juana Doña hacía carnal cualquier denuncia: represión, violaciones, muerte de niños, la espera tensa del marido que lucha en el frente, torturas y repudios, penas de muerte y violencia contra las mujeres. El colofón sumió los corazones en un puño: esas dos cartas escritas con sesenta años de diferencia. Una, de Eugenio Mesón a su querida Juana en 1942, días antes de su fusilamiento; la segunda, la respuesta de Juana en 2003 dentro de su libro ‘Querido Eugenio’. Las voces de César Corrales y Asunción Balaguer captaron sin fisuras el sufrimiento y la rabia de cada frase.

Llamazares alabó en Juana «el orgullo de la lucha, el orgullo de ser comunista». Frutos recalcó el compromiso de Juana con el PCE, con el feminismo y con su familia: «Supiste que la lucha por la emancipación de la mujer era necesaria para una sociedad libre y justa». Porque, como escribió Juana en Mundo Obrero en el 2000, «basta ya de mujeres quemadas, degolladas; basta ya de mujeres convertidas en carne barata».

Olvidar a Juana sería algo así como convertir en ceniza años y años de esfuerzo por un mundo más justo, más solidario.

Juana, siempre en
nuestra memoria.

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