Otro abril que se nos va sin república, otro abril sin bandera tricolor, otro abril hijo del franquismo, otro abril sin horizonte, otro abril sin revolución. No podemos dejar la batalla, no podemos ceder más terreno, no podemos abandonar el frente, no podemos olvidar poner la bandera roja por encima de todas, porque es la nuestra. En ella están la libertad y la justicia, por eso la bandera roja es la del pueblo, la de nuestra clase, la bandera del ser humano. Hace sesenta y seis años que acabó la guerra, hace sesenta y seis años que empezó la dictadura con sus cuarenta abriles negros, han pasado sesenta y seis años y aún no hemos tenido ningún abril rojo. Cada día me esfuerzo por ser comunista, me pregunto si es suficiente lo que hago, y cuando recuerdo todo lo que ha llovido en los abriles en los que yo aún no estaba, creo que doy poco, pienso que no doy nada. No estamos entregando lo que debemos, estamos escondidos, no queremos que nos toque la lluvia, tenemos miedo a mojarnos.
Hemos abandonado nuestro lenguaje, les estamos regalando nuestras palabras para que las perviertan, les estamos abriendo el camino con nuestra falta de compromiso. Tenemos que volver a ser la referencia en los centros de trabajo, independientemente de lo que los sindicatos hagan, nosotros somos el partido comunista, el partido que ha de ser la vanguardia de la clase obrera; hemos de regresar a la calle, hemos de regresar al ataque, a explicar que el comunismo es el hombre nuevo. Yo tengo treinta cuatro años y creo en la dictadura del proletariado, porque es la verdadera democracia; que no deformen el significado de nuestras metas. Todo estado, aún bajo la apariencia de una democracia formal, es la dictadura de la clase dominante; hoy nos domina la burguesía, nos gobiernan los menos que están llevando el planeta al colapso total. Hemos de conseguir el gobierno de la mayoría, y eso es la dictadura del proletariado, no me asusta repetir este concepto porque es mío, es vuestro, se lo que significa y estoy de acuerdo con él. Es el primer paso al socialismo que nos conducirá al comunismo, a la sociedad que yo quiero.
Muchos compañeros y compañeras lucharon por esa hegemonía del pueblo, miles de vidas quedaron en el camino, años y años de torturas y cárcel se evaporan debido al escepticismo y el cansancio. No es cuestión de reproches, que nadie se engañe, es cuestión de principios y coherencia, el mundo se cambia poniendo el hombro, actuando. Muchos y muchas nos entregaron su vida y yo me pregunto en donde estamos, en que punto del camino, cuantos abriles más tardaremos en reaccionar. La calle está esperando el regreso de la esperanza, la gente nos necesita, la justicia está aguardándonos para darnos la mano. Este abril se nos va como tantos otros perdido en un mundo frustrad, esperando que alguna vez el próximo uno de mayo vuelva a ser como el primero.






