«Un reparto de poder desequilibrado»
Angel Martín

La negociación colectiva es, en realidad, un reparto de poder. En nuestro ordenamiento constitucional, el artículo 37 contempla este derecho, ligado inexcusablemente al 28.1 y al 28.2, que garantiza la libertad sindical y el derecho a la huelga. Así entendida, limitar la negociación colectiva supone vulnerar la libertad sindical. Siendo cierto este principio, ¿cómo estamos realmente hoy? Y la respuesta es que nos encontramos bajo mínimos, sin normas legales que protejan por igual a todos los trabajadores, ya sean fijos o temporales. Y es así porque se ha destruido una red mínima de derechos.

Si ahora la negociación colectiva cuenta con el respaldo de la CEOE, cuando antes la rechazaba, es porque consiguen mínimas modificaciones y grandes avances en su objetivo de total flexibilización del mercado de trabajo. No es tanto ya una ‘negociación colectiva’ como una ‘negociación organizacional’. Se trata de organizar mejor el trabajo en la empresa para lograr los objetivos de ésta, dentro de los cuales está el beneficio previsto. Por ejemplo, los salarios pierden peso en el equilibrio frente a los rendimientos positivos empresariales. O bien la temporalidad aumenta cuando lo que se pregona es la estabilidad laboral.

Conviene señalar que el Estatuto de los Trabajadores de 1980 no generó el reforzamiento de este derecho. La estructura desarticulada y dispersa, heredada del franquismo, sigue como tal, lo cual condiciona el equilibrio de poder a la hora de negociar en la mesa colectiva. En 1995, CC OO elaboró una modificación para la extensión de unos mínimos a todos los trabajadores y una interrelación entre todos los convenios, ya fueran estatal, sectorial o de empresa. Se requiere que el convenio estatal no se vea mermado en derechos cuando se firma el sectorial y éste cuando se acuerda el de empresa.

Hoy, en las PYMES (Pequeñas y Medianas Empresas), el poder del empresario es absoluto. Por eso es tan importante que sí, que las empresas tengan convenios propios, pero nunca desligados del sectorial y del estatal. En la reforma de 1994 se quiso que la empresa fuera el único marco de la negociación, que el interés empresarial fuese el elemento nuclear de la negociación colectiva. También se dio más solidez a los convenidos franja o de categoría, un paso más en la segmentación, cuya cúspide es los acuerdos de descuelgue salarial.

En definitiva, el elemento nuclear de la negociación colectiva es el equilibro de poderes de los interlocutores, la buena fe negociadora, la información previa a la misma con suficiente antelación y la íntima relación estructural de los espacios estatal, sectorial y de empresa al alza en derechos.

«La estrategia es la clave»
Agustín Moreno

La ponencia inicial de Agustín Moreno se focalizó en los Acuerdos Interconfederales firmados desde 2001, el último ya sellado para 2005. Este es un resumen.Se negocia en estos acuerdos sobre tres puntos:

1.- Moderación salarial según previsión de inflación y de índices de productividad (PIB) y siempre a la baja, con la lógica pérdida de poder adquisitivo del trabajador cuando el beneficio empresarial se situó en 2004 en el 21,7%. Esta es una ecuación equivocada, ya que es el poder adquisitivo del trabajador lo que ofrece más posibilidades de gasto y, por tanto, de generación de empleo.

2.- No se concede una contrapartida pues la declaración de empleo de calidad y estable no constituye más que palabras nada más.

3.- Ha desaparecido, incluso del debate, la reducción de la jornada como vía del reparto del trabajo y se empieza a querer penar el absentismo.

Así, los comités de empresa tienen poco margen para salvar la cara y máxime cuando estas negociaciones se llevan casi en la clandestinidad.
Alternativas hay. Primero, no firmar los acuerdos interconfederales y pasar a la ofensiva sindical fuerte con unos objetivos claramente definidos: recuperar el papel de los convenios colectivos en la mejora de los derechos laborales y las condiciones de trabajo y no al contrario, es decir, a la defensiva, tal y como se hace ahora. Y más: una negociación más abierta y permanente; el salario como condición indispensable para la calidad de vida; la centralidad del trabajo estable en la negociación y, finalmente, sobre la salud laboral es condición inexcusable el cumplimiento de la normativa vigente y el reforzamiento del poder sindical en este terreno.

En cuanto a la cobertura, sin duda debe abarcar al conjunto de la clase trabajadora desde la articulación de los convenios en tres planos: estatal, sectorial y empresarial. El sectorial o intermedio haría de bisagra.

La clave -resumió con vehemencia Agustín Moreno- es la estrategia: qué estrategia se sigue para conseguir estos objetivos, cómo tensionamos el sindicato en lo externo y en lo interno. En lo externo, explicando bien a la ciudadanía las razones, por ejemplo, por las que convocamos una huelga, el porqué de la solidaridad y de la toma de conciencia del conflicto social no como una protesta perturbadora, sino como una acción sindical para el bien colectivo.

Y en lo interior, resulta indispensable relanzar el papel de los sindicalistas de base, insuflar un comportamiento democrático a la dirección en referencia a los colectivos a los que representa; impulsar la movilización, la lucha, la huelga… para redoblar la capacidad de presión.