Estos días, fundamentalmente desde ámbitos ajenos al PCE, nos recuerdan el 30 aniversario de nuestra legalización casi exclusivamente mirando al pasado. Da la impresión de que alguien ha decretado que todo lo relacionado con el Partido Comunista de España tiene pleno sentido mirando al pasado, incluso nos asignan portavoces del pasado para hablar de aquella fecha de 1977 en la que este Partido quedó inscrito en el registro del Ministerio del Interior. Es evidente, sin embargo, que cualquier aniversario hace referencia a dos fechas, una al hecho inicial, en este caso la inscripción formal del PCE en el Ministerio del Interior el 9 de abril de 1977, y otra, a la fecha en que se cumple un periodo de tiempo de aquella fecha inicial, en este caso, el 9 de abril de 2007. Respeto a todos los que quieran seguir dando vueltas a aquella fecha histórica, especialmente a los que afirman que la legalización de hecho fue conquistada por la lucha de miles y miles de comunistas contra la dictadura y por la democracia desde el día siguiente del triunfo del golpe de estado de los militares liderados por Franco. Pero considero más importante aportar algunas reflexiones sobre el papel del PCE en estos años y, sobre todo, en estos momentos.

30 años ha sido el mayor periodo en el que el PCE ha sido legal. Han sido años de luces y sombras, de errores y aciertos. Tal vez el mayor error consistió en pensar que las flamantes reglas del juego democrático del inicio de la transición eran iguales para todos. No ha sido así. La ley electoral ha sido y sigue siendo injusta con el PCE (ahora con IU); no es verdad que todos los votos valgan igual. De manera implacable el bipartidismo se niega a reformar esta Ley que les favorece de forma evidente. El bipartidismo mediático convierte en quimera el pluralismo político que la Constitución de 1978 eleva a la categoría de pilar básico de la democracia. El PCE e IU están atrapados por este bipartidismo. El poder judicial y el legislativo están invadidos por el ejecutivo, recuérdese la reciente sentencia del TC anulando el «decretazo» de la reforma laboral, ¡cinco años después de su aprobación! En fin, el argumento central de unas reglas del juego falseadas políticamente, lo constituye el hecho de que el núcleo básico que en nuestra Constitución regula principios y derechos de política económica y social sigan siendo papel mojado casi treinta años después de su aprobación. Estamos hablando de aspectos esenciales del pacto constitucional suscrito por el PCE como la función social del derecho de propiedad (artículo 33), la planificación económica (artículos 33 y 131), la subordinación de toda la riqueza del país al interés general (artículo 128), el establecimiento por parte de los poderes públicos de medidas para el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción (artículo 129.2), el derecho a la vivienda (artículo 47), derecho al trabajo y a un salario suficiente (artículo 35)… Esta parte económica y social de la Constitución está hoy en la extrema izquierda del capitalismo globalizado realmente existente. Hoy, lo real es la precariedad y los bajos salarios, adquirir una vivienda es un drama, la muerte diaria de trabajadores en accidentes laborales, el aumento de los destajos y las subcontratas… Estamos en un modelo económico que exhibe cifras macroeconómicas excelentes mientras los de abajo sufren condiciones durísimas. Estamos, en definitiva, ante un trasvase permanente de rentas del trabajo a rentas de capital, ante un escenario de lucha de clases en los que la victoria, momentánea, de los de arriba es evidente. El error del PCE consistió en abandonar aspectos esenciales de su programa a cambio de conquistas democráticas y sociales que sin garantías suficientes, han quedado en el papel. En consecuencia con lo anterior, en los primeros años de la transición, el PCE se transformó rápidamente en un partido institucionalizado, en el que miles y miles de militantes pasaron de la lucha social y sindical a una especie de despliegue en las instituciones en las que se diluía su capacidad de lucha y de liderazgo social. Sólo en parte se recuperó algo de esta militancia social y activa con la creación de IU.

El PCE está hoy inmerso en un proceso de cambio muy profundo. Los pilares básicos, que Felipe Alcaraz ha denominado «segunda legalidad», hemos comenzado a construirlos en el último XVII Congreso. El núcleo de esta nueva política es la reconstrucción del PCE como un partido activo, visible y que actúa como tal. Tratamos de reconstruir en la práctica todas las funciones del PCE a excepción de nuestra presencia institucional que lo seguiremos haciendo en IU. Una Izquierda Unida que sea la concreción de nuestra política de alianzas con otras formaciones políticas y con miles y miles de independientes que desean un programa alternativo. La clave de nuestra apuesta por la recuperación política, organizativa y electoral del PCE y de IU vamos a ubicarla otra vez, como hemos hecho en otros momentos de nuestra historia, en un nuevo programa alternativo, es decir, capaz de conectar con los problemas reales de la gente.

Vivimos una fase especialmente dura del capitalismo. En el plano internacional, la guerra es utilizada por el sistema capitalista sin ningún disimulo para apropiarse de recursos naturales y dominar a los pueblos. La acumulación de capital prima sobre el respeto mínimo al medio ambiente. En España vivimos una contradicción enorme entre la realidad virtual que nos venden con cifras macroeconómicas y las estadísticas concretas detrás de las cuales están las personas de carne y hueso. En los últimos diez años, el precio de la vivienda ha crecido un 180% y los salarios un 30%. En los diez últimos años, los salarios han perdido 3 puntos en el reparto de la renta nacional en beneficio de las rentas de capital. El salario mínimo en Francia es de 1.250 euros, en España no alcanza los 600 que prometió Zapatero al ganar las elecciones. La precariedad laboral en la Europa de los quince (antes de la ampliación) es del 11-12%, en España alcanza el 33% y en Andalucía el 44% (¡igual que en los países del llamado tercer mundo!). En España mueren una media diaria de 4 trabajadores en accidente laboral, la tasa más alta de Europa. En fin, España es el segundo país del mundo que mayor porcentaje sobre su presupuesto dedica a gastos de defensa, evidentemente el primero es EE.UU. Los gobiernos de Felipe González efectuaron unas 40 grandes privatizaciones, los de Aznar prosiguieron en la misma senda; ahora, paradojas de la vida, vamos a acabar con el control de Endesa por una empresa pública pero de Italia.

El capitalismo actual es durísimo, por eso es muy urgente un programa alternativo, Resulta muy moderno y actual ser comunista, si es organizados en el PCE, mucho mejor. Es más necesaria que nunca una respuesta alternativa que otros comenzaron hace mucho tiempo, tratando de sacudirse el viejo e injusto sistema capitalista que tanta muerte, destrucción y sufrimiento ha provocado.

Hemos vivido 30 años, con algún periodo de excepción, edulcorando el programa, escondiendo al PCE, tratando de competir ilusoriamente en un mercado electoral con reglas del juego trucadas. Pero, como dice Felipe Alcaraz, el cartero siempre llama dos veces y conviene abrirle la puerta también la segunda vez.

* Secretario Provincial
del Partido Comunista de Andalucía en Jaén y miembro del Comité Federal del PCE