La profunda crisis económica ha hecho moverse a velocidad de crucero a los gobiernos del mundo capitalista globalizado, poniendo encima de la mesa cantidades astronómicas de dinero público, para salvar un sistema financiero en crisis. Actuación que contrasta con otras situaciones, en las que adoptar medidas se torna en un tortuoso camino de burocracia y pérdida de tiempo para los que necesitan de estas ayudas. Nos referimos a actuaciones en cuestiones de solidaridad internacional y nacional como la lucha contra el hambre en los países pobres, contra las enfermedades que matan a millones de personas en el mundo, a favor de programas de desarrollo social, en cubrir las necesidades sociales de los ciudadanos (en Norteamérica el acceso a la sanidad no es publico), contra la pobreza en el norte rico (Caritas anuncia que hay más de ocho millones de pobres en España y, lo que es peor, cuando el sistema «funcionaba» no mejoró su situación).

Los gobiernos del mundo capitalista globalizado (entre ellos el nuestro) no han tenido empacho en utilizar el dinero público, el de todos, para salvar una banca avariciosa y especuladora -«de casino» la tilda la Confederación Sindical Internacional- que durante estos ha ganado cantidades ingentes de dinero con una política fiscal suave (el Santander prevé ganar mil millones a pesar de la crisis), mientras todos los días mueren más de 30.000 niños, por desnutrición y enfermedades evitables, son 7 millones de niños los que no llegan a su primer cumpleaños y 4 millones ni siquiera cumplen el primer mes de vida, el 99% de ellos nacieron en países en vías de desarrollo. En el mundo hay 15 millones de huérfanos debido al Sida, la mayoría del África Subsahariana, y cada día 1.800 menores de 15 años se infectan de VIH. Y son datos de 2006.

Sirva lo anterior como ejemplo de la farsa democrática de la globalización neoliberal, que tras más de 30 años de capitalismo puro, de libre competencia, del papel del mercado como solución a la crisis de los 70 -de lo que Reagan y Tacher fueron sus máximos exponentes, a quienes se sumaron instituciones, bancos y empresas- ha producido como dice Marga Sanz «un infarto» en el sistema. El debate es la vuelta a Keynes, seguir profundizando en las políticas de Hayek como cíclicamente se ha venido haciendo o por el contrario el socialismo.

Las ventas del «Manifiesto del Partido Comunista» de Carlos Marx y Federico Engels, se están disparando en la librerías de países europeos, para comprender esta situación es necesario leer a los clásicos. El Partido Comunista de España puso en marcha tras su XVIII Congreso, el debate para la elaboración del Manifiesto Programa del PCE, presidido por Julio Anguita, para la actualización en el marco político y social internacional y nacional de un programa político e ideológico del Partido. De lo acertado del este proceso de impulso socialista, son la reticencias internas de algunos sectores del PCE, que de forma inmovilista y minoritaria han puesto sus trabas y, de los rechazos externos, por lo que esta tarea puede significar en los cambios en el partido y en la izquierda. Como dice Paco Frutos en su artículo Se acabo la quimera neoliberal, «debemos trabajar en equipos para el análisis y la elaboración de propuestas y alternativas, basadas en un conocimiento riguroso de la realidad económica y científica y traducir el conocimiento en acción política, social y cultural. Organizar la resistencia y las propuestas alternativas a lo actual, no arrugarse ante la dificultad ni acelerar con voluntarismo el ritmo de la retórica». Este es el objetivo prioritario del PCE tras la Asamblea Federal de IU, no se puede retrasar más.

Ante esta situación, las respuestas deben venir desde la izquierda alternativa y transformadora, se dan las condiciones políticas y sociales para ello. La crisis de la izquierda que se arrastra desde el colapso del llamado socialismo real y la caída del muro de Berlín, desde la pérdida de referentes y la aplicación del neoliberalismo salvaje por la socialdemocracia, afecta también nuestra izquierda a Izquierda Unida. Esta crisis económica, que desde Mundo Obrero venimos denunciando desde septiembre de 2006, se manifiesta en un contexto de crisis de IU y en su proceso asambleario y de debate del que deben salir las respuestas que la clase trabajadora y la sociedad necesita, del que debe salir una organización reforzada, con perfil anticapitalista y transformador, con un proyecto republicano para » construir otro modelo de gobierno y de Estado, porque ese proceso ha de ser necesariamente construido e impulsado desde una fuerza plural de izquierda política y social con capacidad de establecer programas comunes de avance social», como dice Enrique Santiago.

Los días 14 y 15 de noviembre, se van a reunir en EEUU los países más representativos del capitalismo para redundarlo, según Nicolás Sarkozy. Ya es sintomático, que se realice la cita en el país que ha montado esta «fiesta financiera» que es la actual crisis. La cita, más allá de si asiste Zapatero o no, es importante en la medida en que las conclusiones van a afectar a miles de millones de personas en el mundo.

Mucho antes, estaba convocada la IX Asamblea Federad de IU, asamblea vital y crucial en su corta vida, 22 años, asamblea que se celebra tras años de retrocesos y pérdidas de representación social, electoral y de apoyo organizativo interno, tras un proceso de crisis interna fruto de lo anterior y de una etapa oscura, que nos deja el ya dimitido Coordinador General. Una etapa de crisis, en la que estamos obligados a salir de forma unitaria desde la clarificación, con una dirección colectiva y colegiada, con un perfil anticapitalista y con la refundación del proyecto. Sirva el paralelismo en la fecha con los antagonistas para dar las respuestas necesarias: a la crisis financiera y económica, el socialismo; y para IU, anticapitalista.

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