Que conste que no me alegro de los líos que te traes en tu propia casa, que pretendería ser modelo para las nuestras. Porque uno trata de mantener un debate político, ideológico y no verse envuelto como comentarista en una destilación de materia putrefacta. Y no me gusta la putrefacción ni en el cuerpo de mi enemigo porque si me rozo, aunque sea en un rifirrafe verbal, corro el riesgo de que me entre gangrena. Pero se me ocurren algunas ideas en torno al tema de esa pústula que te ha explotado que, como leal contrincante, quisiera compartir contigo:
La primera es lo del espionaje sobre los propios. Acabas de hacer verdad el viejo chiste del parlamentario que calificaba a los miembros del grupo político rival de adversarios porque los enemigos eran los del propio partido. Me podría sentir, incluso, decepcionado. ¿Tan poco valor tenemos ya para ti los adversasrios históricos que ni siquiera somos el objetivo principal de tus espías? Me parece que lo único que te interesa es conocer el entramado de relaciones de poder que se cuecen entre los ya poderosos.
Lo segundo es cómo ha salido este asunto a la luz pública. Soy un ignorante en la geografía del poder pero tengo la impresión de que estamos asistiendo a un gigantesco ajuste de cuentas que apenas guarda las formas, que por cierto, era lo único que te distinguía de Don Corleone. Ahora, él parece el elegante aunque cruel y tú parece que has perdido todo el señorío bajo los disfraces de inspectores Clousseau sin gracia y sin que nadie de los tuyos pueda disimular con mundanidad la miseria de tanta ambición choricera. Y, además, poco edificante como juego de poder, porque ni siquiera dejas una marca monumental de tu pelea, un campo de batalla identificable por la Memoria Histórica donde pudiéramos poner más tarde un Museo de los Horrores, un Centro de Interpretación y un yacimiento arqueológico con guía que repartirá cuadernillos pedagógicos a los escolares para que coloreen las casillas del entramado corrupto, pero sin moralejas de educación cívica. Sólo nos legas un inmenso batiburrillo de declaraciones dichas con malas lenguas y peores intenciones, que quedará como variante barriobajera de un lenguaje que, de tan bajo nivel, ya no parece ni político.
Lo tercero es la coincidencia entre tus líos internos y tu proclamada preocupación por estos pobres españoles engañados por Zapatero y abocados a la ruina por la mala gestión gubernamental de la crisis. ¿Y qué modelo de gestión nos ofreces? ¿La privatización del Canal YII y que cada madrileño se convierta en aguador de los litros de líquido que le correspondan? ¿La regulación del mercado laboral? ¿Suprimir los impuestos?.
Cierto que el saber da poder y que el poder crea verdades impuestas. Pero la realidad es más tozuda que cualquier publicidad. Mientras declaras tener la solución de la crisis que nos afecta, no consigues salir airosamente del conflicto que te has creado. Eso es también verdad, y ya que te gusta tanto husmear en tus cosas, podrías aplicar ese saber para mejorar tu estilo y controlar tus bajas pasiones. Que es posible: el jabón es tan humano como la caca pero limpitos damos mejor impresión, que no quita para que te diga, una vez más, que la ambición rompe el saco…de mierda.






