Cultura y Comunicación

Entrevista Luis Pastor, Músico y poeta: «Sólo se rescata la memoria boba»

Pegado a la piel de los poetas desde que en 1972 editara un single con los temas «La huelga del ocio» y «Con dos años», además de que las canciones con letras de su propio puño rebosan poesía en cada verso, su último trabajo ha dado vida musical a los poemas de José Saramago. Luis Pastor, artista extremeño (Berzocana, Cáceres, 1952), adoptado por Vallecas y hoy residente en Rivas Vaciamadrid, nos recibe en su casa soleada, de amplias estancias, donde la mirada se posa en libros, discos, guitarras y cuadros, muchos cuadros. Hablamos de música, de las atmósferas atlánticas que envuelven su evolución musical, de coyunturas económicas, de pautas sociopolíticas… Y concluimos con Luis Pastor tocando la guitarra y entonando hermosas palabras.

Mundo Obrero: Tras la edición de «En esta esquina del tiempo», donde cantas a Saramago, ¿cuáles son tus planes más inmediatos?
Luis Pastor:
«Primero, tocar con el grupo este último disco en directo. También dos proyectos más. Uno, un disco dedicado a los poetas y pintores canarios; el disco está ya diseñado, los textos seleccionados, pero no se ha grabado aún por diversos problemas, entre ellos la muerte de José Antonio Ramos (músico canario). Y un segundo trabajo con letras y músicas mías. Pero es mal tiempo para invertir en estos momentos, porque los discos los pago yo y se distribuyen con alguna casa discográfica. El dueño de mis discos soy yo, y luego los licencio a un sello discográfico bajo una serie de condiciones».

M.O.: Insistes una y otra vez en la estrecha relación entre música y poesía. ¿Cómo se le pone melodía a unos versos escritos para ser leídos y no cantados?
L.P.:
«Es un trabajo aprendido después de tantos años. En los comienzos, recuerdo cómo devoraba poesía para encontrar los textos que contasen lo que yo quería expresar. Musicar un poema es hallar la propia musicalidad de los versos; la poesía tiene música, tiene ritmo. Lo difícil es encontrar el hilo correcto».

M.O.: Cuando grabes a los poetas canarios, ¿tendrán aires de las islas sus armonías y melodías?
L.P.:
«En mis trabajos están presentes los aires atlánticos. Está la música portuguesa, caboverdiana, sudamericana, africana y, por supuesto, la música canaria. Lástima la muerte de José Antonio Ramos, que iba a producir este disco. De hecho, toco el timple (guitarra canaria) desde hace unos años y compongo con este instrumento».

M.O.: ¿Dónde tienes más cancha a la hora de tocar en vivo?
L.P.:
«Extremadura, por ser mi tierra; las islas Canarias, donde incluso en la crisis de los ochenta éstas islas eran un refugio para los cantautores; Madrid, por supuesto, porque siempre está el Galileo, centros culturales de barrio, asociaciones de vecinos. Galicia es otro referente; en Barcelona, una vez al año, sin olvidar el País Vasco, Andalucía…»

M.O.: Hay poco espacio para los cantautores en el amplio elenco de festivales musicales dispersados por todo el país.
L.P.:
«Estamos en tierra de nadie. Incluso en festivales étnicos tenemos la puerta cerrada, cuando invitan a cantautores de otros países. No tenemos ninguna categoría en los Premios de la Música. La música que yo hago en directo encaja en cualquier festival folk, étnico, pero no nos llaman. Al mismo tiempo, se nos borra de la historia. Sólo se habla de la ‘memoria boba’; nada de la importancia que tuvo la música de los cantautores en las vivencias, emociones, sentimientos y hechos históricos de este país. La canción política y de autor está ninguneada».

M.O.: Olvido que comenzó a finales de los setenta.
L.P.:
«Sí, en los ochenta nos tocó hacer un ejercicio de autocrítica, de reflexión, qué hacer en nuestro oficio. Nos etiquetaron como cantautores políticos y para mucha gente eso es lo que todavía somos. Pero hemos hecho mucho más, y también hemos estado pegados a las cuestiones políticas: las campañas anti-OTAN, el apoyo a los trabajadores de SINTEL, actos a favor de la República y la memoria de los republicanos, de los Guerrilleros, el NO A LA GUERRA. En esta última campaña contra la guerra en Iraq, mi implicación supuso que nunca más me volvieran a contratar los ayuntamientos de Extremadura gobernados por el PP».

M.O.: Sin embargo, los mítines electorales siguen contando con la presencia de grupos de rock o de pop. A esos grupos no se les cataloga como ‘bandas políticas’, sino como ‘profesionales’ que tocan allí donde son convocados.
L.P.:
«Sólo ocurre con el cantautor. A nosotros se nos pedía: no traicionar las ideas, no vendernos… Pero yo siento que no vivo del pasado, que he sabido adaptarme a los tiempos con un banderín de enganche que nunca he dejado: mi actitud política, mi ideología, mi forma de entender la vida. Eso nunca lo he dejado».

M.O.: Recuerdo que nunca has dejado de reivindicar el valor de la palabra.
L.P.:
«El valor de la palabra nunca se ha perdido, aunque con distinto protagonismo según el momento histórico. En los ochenta, un cantautor con una guitarra era impensable para la crítica. Y, paradójicamente, a mí me contratan para hacer de trovador ciego que canta canciones políticas y tiene un gran éxito. Luego aprovecho el tirón para grabar mis canciones y lucho en los ochenta por estar ahí sin perder mi discurso, aprendiendo mi oficio. Pero llegan los noventa, vuelvo a cantar solo en los bares con mi guitarra y tengo que ganarme un público nuevo. En los noventa aparece una nueva generación que le da una gran importancia a la palabra».

M.O.: ¿Acabará Internet de dar la puntilla final a la industria del disco tal y como ha sido desde su configuración a principios de los cincuenta?
L.P.:
«Nunca desparecerá la creación musical, pero el negocio de la música tal y como era hasta ahora tiende a desaparecer, porque la propia industria ha ahogado la gallina de los huevos de oro, devaluando el disco, convirtiéndolo en un producto de usar y tirar, abusando de los artistas, por ceñirse a los superventas, por dejar fuera a tantos y tantos artistas de calidad pero que su música no encajaba en los criterios comerciales de superéxitos. Yo soy uno de esos que queda fuera; por eso, desde 1992 me grabo mis discos, soy dueño de mis trabajos, controlo todo su proceso».

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