Este año conmemoramos el 80 aniversario de la II Republica Española, la misma que en el artículo 6 de su Constitución de 9 de diciembre de 1931 decía, «España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional». Hoy España está implicada en una guerra por intereses petrolíferos bajo la excusa de garantizar los intereses de la población Libia. Una guerra que ha dividido a la izquierda, y más concretamente a las formaciones políticas a la izquierda del PSOE. Como en tiempos de Bill Clinton, para ganar popularidad no hay nada mejor que una guerra y, ale hop, aquí hay una. Libia es campo de pruebas en el que EEUU ha vuelto ha ejercer de gendarme mundial, señalando quién en bueno y malo en el tablero de la geopolítica internacional.

Libia ha desviado la información sobre la grave crisis económica internacional a un plano menor en la prensa internacional y nacional. Zapatero hoy, como ayer Aznar, nos ha metido en una guerra para situar a España en el mundo y conseguir los favores del amigo americano. No vamos ha ser nosotros los que justifiquemos ningún desvarío del presidente libio Gadafi, como no hemos sido nosotros los que le alabamos y agasajamos, aceptamos regalos, vendimos armas hasta antes de ayer o entregamos la medalla de la ciudad.

En la guerra, la primera víctima es la verdad. Y en esta también o aún más. Desde el inicio de las movilizaciones se han dado cifras de muertos que nadie corrobora, ataques sobre la población que nadie ha visto. Eran sólo imágenes de videoaficionado en las que no se informa dónde están ubicadas, quién son las fuentes, ni de dónde salen unos insurgentes que se arman de la noche a la mañana -como en el chiste en la prensa escrita que dice que las han montado en el garaje de casa con cuatro cacerolas viejas-, o egipcios nacionalizados americanos que están en todas las protestas -ahora también en Siria-, informaciones de la que la prensa internacional que crea una realidad virtual desmentida por los extranjeros que están en el país. ¿Pudo pasar algo parecido en Libia?.

Los atacantes se escudan en la resolución de las NNUU, pero se trasmiten como verdades dos mentiras: la primera es que la resolución avala los bombardeos a territorio Libio, y la segunda, que no hubo más remedio. Pero la coalición atacante ha desoído los llamamientos de mediación y cese el fuego para realizar las gestiones políticas oportunas, porque la guerra, como sabemos, es continuación de la política por otros medios. Si es así, como dicen ¿por que no se ha actuado en Palestina, el Sahara, Yemen, Sierra León, Bahrein, etc. En todos estos sitios la población está siendo reprimida por ejércitos, e incluso la bombardeada como recientemente sucedió en Palestina.

Hay algunos datos relevantes para comprender mejor que esta pasando. Por ejemplo, el aspecto económico: EEUU no tiene empresas petroleras en Libia ¿las tendrá a partir de ahora?; Qatar, país «democrático» donde los haya, y aliado en esta guerra, se ha prestado para comercializar el crudo de los «rebeldes», apresurándose una parte de la comunidad internacional a reconocerlos, ¿y qué hay de las elecciones para que el pueblo decida quién gestiona sus recursos?; la coalición actúa cuando Gadafi avanza ante el desconcierto de la «oposición», de la que no hay un referente claro o al menos aun no ha aparecido, ¿los sediciosos ha prometido repartir el petróleo a más países y a un mejor precio?.

Es verdad que Gadafi con sus excentricidades y estridencias, ha dado motivos para ser una persona no querida en el mundo occidental, pero como decíamos antes se las han permitido. A pesar de lo que nos vendan las agencias que tienen sus periodistas en Paris, Londres, Nueva York o Madrid, no se salva a un pueblo bombardeándolo, haciendo lo mismo que se condena a Gadafi.

¿Qué pintamos allí? ¿ganar prestigio internacional? ¿destruir las mismas armas que le vendimos hace cuatro días? ¿que nos quiera más Obama y resarcir el agravio de la retirada de las tropas de Iraq? ¿defendemos los intereses de alguna multinacional? ¿desviamos la atención de los más de cinco millones de parados y del desafecto de los votantes socialistas por las medidas neoliberales? Esta es una guerra con muchas preguntas por resolver y por más que se les respondan en su conciencia las organizaciones de izquierda que están a favor, nosotros haciendo valer el espíritu republicano que conmemoramos este año, y de nuestra cultura contra la guerra, decimos:

NO A LA GUERRA, A ESTA TAMPOCO.

Director de Mundo Obrero
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