Concha nació el 30 de mayo de 1917 en Hospitalet de Llobregat, aunque toda su vida ha transcurrido en Madrid. Su padre era anarquista y falleció prontamente, quedando Pepe, hermano mayor de Concha y determinante en su toma de conciencia política, al cargo de la casa. Al enfermar su madre, Concha vio la necesidad de ayudar en casa, con diez años comenzó a trabajar para conseguir dinero.
Como veremos en la entrevista, se afilió a las MAOC, luego militó en las Juventudes Comunistas y después en la JSU. El 6 de marzo de 1939, un día después del Golpe de Casado, Concha y otras compañeras fueron detenidas. La llevaron a la cárcel de Ventas, que gracias a Victoria Kent no parecía la prisión que conocería muy poco tiempo después, ya en la dictadura. Concha salió en libertad un día antes de que terminara la guerra, y en clandestinidad, se dedicó a buscar a aquellos camaradas tanto del PCE como de la JSU que no hubieran sido detenidos o fusilados, para poder reorganizarse.
El espíritu de lucha, el compromiso y la alegría para sobrellevar los más duros golpes, son algunos de los rasgos que la caracterizan también hoy. Charlar con ella es hacerlo con la historia de la resistencia antifranquista, con la actitud, fuerza y tenacidad de quien piensa lo que dice y hace lo que piensa. Todo un ejemplo a seguir.
Mundo Obrero: Concha, cuéntame cómo recuerdas el 14 de abril de 1931.
Concha Carretero: Estaba haciendo las cosas de la casa cuando llegó mi hermano Pepe, y me dijo, Concha, arréglate que vamos la Puerta del Sol. Le pregunté «¿Qué celebramos?» y me dijo «El día más grande que los trabajadores podemos tener. ¡Se ha proclamado la República!». Fuimos andando a Cuatro Caminos y cogimos el tranvía 17 que llevaba a la Puerta del Sol. Allí había muchísima gente gritando «No se ha ido que lo hemos barrido» y otras cosas sobre Alfonso XIII. Fue un día muy emocionante, lleno de esperanza de futuro, por fin íbamos a poder conseguir los derechos y objetivos que habíamos estado pidiendo. Esos días se hablaba de la necesidad de una nueva Constitución y de hacer reformas.
Mundo Obrero: Empezaste a militar con apenas 14 años, ¿Cómo fue?
C.C.:?Mi hermano Pepe organizó en casa un grupo llamado «Salud y Cultura» -nos reíamos porque siempre decíamos, salud mucha pero cultura poca- un grupo formado por alrededor de 40 jóvenes donde teníamos el cuadro artístico que hacía obras de teatro, y la rondalla. Este grupo lo declaramos en la comisaría y los policías venían a cada reunión a comprobar que se trataba de un tema cultural. En cuanto la policía se iba, Pepe que había aprendido mucho con Luis Cabo Giorla e Isidoro Diéguez, nos daba un mitin relámpago.
Un día, en el baile del Metropolitano, en Cuatro Caminos, conocí a un chico con el que estuve bailando -porque a mí siempre me ha gustado mucho bailar- y comenzamos a charlar. Me preguntó que cómo veía la situación del momento, y le dije que veía mucha injusticia y que había que luchar para cambiar las cosas. Entonces él me dijo que pertenecía a las MAOC, Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas, y que si quería entrar. Me explicó qué era y qué hacían, y al día siguiente me inscribió. Con las MAOC trabajé clandestinamente: vendíamos el periódico, pegábamos carteles…
M.O.: ¿Cómo viviste que finalmente se incluyese en la Constitución el derecho al voto de las mujeres?
C.C.:?Las organizaciones de izquierdas habían estado mucho tiempo pidiendo el voto. Oí mucho a Clara Campoamor, a Margarita Nelken y a Victoria Kent. Mi hermano y yo queríamos el voto para las mujeres, podía ser que sí beneficiase a la Iglesia, o podía ser que no: pero había que jugársela. La mujer estaba totalmente marginada, no valía más que para trabajar y fregar cacharros. Pero valemos para mucho más. Por eso había que demostrar su capacidad. Por ejemplo mi madre no sabía más que trabajar, y con las charlas de mi padre y mi hermano, comenzó a sentir que había algo más, que había otros horizontes que se le habían cerrado, y había que luchar por ellos.
M.O.: ¿Cómo viviste los primeros años de la República?
C.C.:?Cuando gana la derecha en 1932, los militantes seguíamos perseguidos y trabajando clandestinamente. Al principio algunos estábamos decepcionados porque no era nuestra República, la de los trabajadores. Si quieres te canto una cosa que inventamos hablando de esto (entre risas): «Dime dónde vas morena, dime dónde vas salada, dime dónde vas morena y a las siete de la mañana. Voy a la cárcel modelo, a ver a los comunistas, que los tienen prisioneros Gil Robles y los fascistas. Gil Robles tuvo la culpa de todo lo sucedido, y el sinvergüenza del botas por haberlo consentido».
Además todo estaba muy tenso, había mucha persecución y muchas críticas. En la calle no se hablaba de otra cosa: la represión a lo que pasó en Asturias en el 34…Muchos estábamos tristes.
M.O.:?¿Cuándo cambia esta situación?
C.C.:?Desde el 16 de febrero de 1936 hasta el 1 de abril de 1939 trabajábamos en libertad. El cambio fue muy brusco y positivo. Recuerdo un mitin de Azaña que llenó el campo de Comillas. Había gente muy bien preparada dando muchas charlas en cualquier parte. Al salir de excursión un fin de semana con la Peña los Matutanes, que éramos parte del grupo de «Salud y Cultura» a la playa de Madrid, en el Pardo, Pepe nos daba una charla política.
M.O.:?Concha, háblame de la Juventud Socialista Unificada
C.C.:?Esto fue en marzo de 1936, se unificaron las Juventudes Comunistas, a las que yo pertenecía, y las Juventudes Socialistas en la gloriosa JSU, Juventud Socialista Unificada, a la que sigo perteneciendo porque la quiero más que a mí misma. Tengo un recuerdo de aquello imborrable. La JSU estaba organizada en radios, yo era del radio 9 donde conocí a Julia Conesa, aunque trabajábamos también con el radio 10, de Cuatro Caminos.
Había muchas tareas distintas: repartíamos pasquines, había charlas para formarnos, hablábamos con la gente para crear ambiente de lucha, con cualquiera. Íbamos concienciando a la gente de que había algo más que hacer: en los talleres, en las calles, en el trabajo…
M.O.: ¿Cómo responde la JSU una vez comenzada la guerra?
C.C.:?Ahí empezó el trabajo en todos los campos. Había talleres de camisas, pantalones, y jerséis para enviar al frente. Yo estaba dirigiendo el taller ocupado en hacer jerséis, y después, cuando el Sindicato de la Aguja se ocupó de organizar estos trabajos, empecé a trabajar con los Pioneros.
Les organizaba obras de teatro, películas, clases…Reunimos mil chicos, porque las madres estaban trabajando y los padres en el frente y en una nave grande organizamos una guardería para los más pequeños y colegio para los mayores. Recuerdo que en el campo de fútbol de Chamartín (ahora Santiago Bernabéu) el 7 de noviembre de 1938 hicimos una concentración de todo el grupo de Pioneros desfilando. Entre Adela Sánchez, Carmen Cerviño, mi madre y yo, nos encargamos de hacer los mil uniformes durante quince días ¡y noches! Fue muy emocionante verlos salir luego con ellos puestos.
M.O.:?También trabajaste como tornera, ¿Cómo fue aquello?
C.C.: Pues en 1938, a finales, Pepe volvió del frente diciendo que se quería casar. Entonces hablé con Felipe Muñoz Arconada, dirigente de la JSU porque Mesón ya había pasado al Partido. Cuando le dije que quería trabajar, me miró y me dijo «¿Más quieres trabajar?» Y le dije que necesitaba ahora trabajar para cobrar, porque todo lo que hacía era trabajo militante. Tenía que ocuparme de mi madre y mi hermano pequeño y así fue como me metieron en la «Fábrica Experiencias Industriales», que hacía material de guerra. Aurora Bautista y yo éramos las estajanovistas de la fábrica, las que más producíamos. Yo era tornera, además me daban ya los planos y yo me preparaba el torno para la pieza que tenía que hacer. Me encantaba el trabajo en la fábrica, porque era para la causa, para la lucha. Había que tener mucho cuidado porque con cualquier fallito la espoleta no funcionaba, tenía que ir todo al milímetro.
M.O.:?¿Cómo viviste los años de resistencia en Madrid?
C.C.:?Se vivía muy mal, luchábamos para apoyar a los que estaban en cabecera, en el frente, para que vieran que en Madrid la gente estaba con ellos. Madrid luchó mucho, y sobre todo el Partido y la JSU lucharon mucho por la resistencia. Aquello es inolvidable, la solidaridad, la fuerza en cada día, cada uno con su tarea, es algo muy emocionante cuando lo recuerdo.
M.O.:?Y ahora, a por la Tercera República.
C.C.:?Sí, a los jóvenes siempre os digo que el camino es muy largo pero que tenéis que hacerlo vosotros. Es necesario que venga la Tercera por la que seguimos luchando. Hay algo más necesario que las bobadas de cada cual. Nosotros no tuvimos libertad para hacerlo, y hoy se puede conseguir. Una República democrática de verdad, eso es lo que hay que lograr, hay que hacer todavía mucho para lograr esa república que soñamos, la de los trabajadores.







