La pasada noche del lunes al martes fue testigo de la vuelta de conflictos y revueltas violentas en Francia. En realidad la violencia en los banlieu franceses nunca se fue y de hecho tampoco comenzó en el otoño de 2005 cuando espectaculares imágenes de enfrentamientos e incendios eran los protagonistas de los informativos de toda Europa. Este tipo específico de conflicto es común en Francia, al menos, desde los años noventa y ha conocido, desde entonces, momentos de mayor intensidad dependiendo de la repercusión mediática de los acontecimientos.
Según relata Liberation, 16 policías han resultado heridos sin demasiada gravedad, tres edificios públicos han sido en parte destruidos y diverso material urbano como papeleras ha sido incendiado en el norte de Amiens. Al parecer todo comenzó a raíz de un control rutinario en el que se detuvo a un automovilista que conducía peligrosamente. El dispositivo policial fue juzgado excesivo por la población del barrio y sobre todo por los familiares de joven muerto el jueves pasado en accidente de tráfico.
Los habitantes de muchas zonas deprimidas de Francia no ven con buenos ojos la presencia de los CRS, cuerpos antidisturbios, que continuamente ocupan barrios en carísimo dispositivo policial mientras el paro y la exclusión no se atajan con la misma voluntad y medios económicos.
Por su parte, el gobierno de Hollande ha querido transmitir una imagen de calma y de diálogo para distinguirse de Sarkozy al tiempo que trataba de demostrar firmeza. La extrema derecha ha denunciado una laxitud inexistente mientras que desde el Frente de Izquierdas se pone de manifiesto la situación social de las familias que sufren unas tasas de paro muy altas al tiempo que salarios miserables.






