Esperando a los bárbaros

Bombas

En las sesiones del Congreso de escritores antifascistas de 1937 celebradas en Madrid, el orden de la sala estaba seriamente amenazado por la discusión en torno a la ausencia y las opiniones de André Gide a su regreso de la Unión Soviética. Bergamín, que presidía, se tiró al atril, y tras un discurso vibrante, pidió con voz segura silencio. Y el silencio se hizo de forma absoluta. Entonces todos oyeron como telón de fondo el estallido de las bombas sobre el sitiado Madrid. Después del silencio, claro, se consiguió un grado mucho más alto de sosiego y unidad.

Rafael Alberti y María Teresa León habían hecho un periplo internacional preparando las sesiones de aquel Congreso en Valencia, Madrid, Barcelona y París. Nunca fue cierta la imagen de frivolidad que se quiso acuñar sobre Alberti, y era un estilete venenoso aquella descripción de Juan Ramón: los escritores que se pasaban el día por el centro de Madrid con monos recién planchados y pistolas de madera.

Fue un Congreso muy importante a favor de la República y contra el asalto fascista que sufría España, un Congreso que valoró en su justo sentido García Márquez y que no logró desvirtuar en 1987 Octavio Paz con sus valoraciones desenfocadas.

El Congreso de Escritores, Intelectuales y Artistas por el Compromiso, celebrado los días 13 y 14 de Octubre en la sala histórica del Ateneo de Madrid, ha tenido un enfoque global compartido: Frente a la dictadura de los mercados y a favor de una democracia participativa. Durante dos días, representantes de los diversos pensamientos críticos de la última era (socialistas críticos, libertarios y comunistas), hemos discutido y alcanzado los objetivos propuestos: un manifiesto, suscrito ya por cerca de 200 personas, un proyecto de libro de actas y aportaciones, y la necesidad de que no fuera un encuentro efímero, sino estable y en movimiento (Puerto de Santa María y Valencia son las próximas citas).

Si no Madrid entero, por lo menos de forma visible, sí que estaba sitiada la manzana central, en torno al Congreso, del Barrio de las Letras. Vallas y colchonetas se apilaban en las calles a la espera de bloquear la próxima arramblada de indignados. En la calle del Prado, las vallas y colchonetas estaban en la misma puerta del Ateneo, de ese sitio histórico donde se hicieron conspiraciones claves de cara a la conquista de la II República. El ambiente era tenso. De hecho, cuando al final, se le pidió a fotógrafo una instantánea junto a las vallas, a un lado de la furgoneta azul marino que nos apuntaba, el fotógrafo dijo que allí no se atrevía a sacar la cámara, dadas las reacciones que estaban dándose contra los testigos de la lucha en la calle.

El Congreso de 2012, en efecto, también se ha desarrollado en un Madrid sitiado, sobre el que seguían cayendo bombas. Bombas de atronador silencio, si se quiere. Pero así son las bombas de racimo que suele utilizar en estos momentos la tiranía de los mercados.

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