Un mes un libro

Poesía, de Paul Eluard / 2

Después de enunciar en nuestra primera entrega la significación del Surrealismo en la segunda mitad de los años veinte, es obligado reflexionar sobre el doble compromiso de Paul Eluard, que hasta su muerte desarrollará y profundizará de acuerdo a la naturaleza prometeica de su biografía. Por una parte, una fiel responsabilidad con la poesía (conciencia poética), y por otra, con la realidad (conciencia política), ambas con un origen común: los años 1914-1918, etapa bélica. La poesía, una constante acción política y el amor definen una trayectoria que, según las circunstancias, se superará a sí misma. En su largo camino vital, su militancia dadaísta y surrealista contribuyó a clarificar su actitud y comportamientos políticos en un momento histórico de grandes tensiones y dificultades que agitaron plenamente al grupo de los poetas surrealistas.

En la década de los veinte, éstos tienen conciencia de sus limitaciones transformadoras de la realidad que le conducen, no sin desgarros dentro del grupo, a una toma de posición revolucionaria. Muchos de ellos, como Paul Eluard y Louis Aragon, ingresarán en el Partido Comunista Francés, pero las crecientes tensiones entre política y poesía se resolverán en rupturas, si no violentas, sí dolorosas, sin olvidar que durante los años veinte, estos poetas han desplegado una inmensa actividad combativa. Sólo reseñar el manifiesto de 1925 en contra de la Guerra en el Rif que consideraron como una contienda colonial dirigida por la “internacional del beneficio” y que fue considerado antipatriótico y antibelicista por determinadas esferas del poder.

Después de Capital del dolor, la actividad poética de Paul Eluard prosigue de acuerdo con las pautas de escritura surrealista –estaríamos ahora en lo que se denomina “realismo razonado”– y un cambio existencial en su vida: con María Benz –Nuch– iniciaría una nueva etapa sentimental que será decisiva en su vida y obra. En los libros L’amour la Poesie, (El Amor la Poesía), La Vie Inmediate (La Vida inmediata), La rose publique (La rosa pública) y Les yeux fértiles (Los ojos fértiles) son, como ha escrito Lucien Cheler, un himno a la alegría de amar, pero también una profunda reflexión sobre la naturaleza dramática del amor, no exenta de angustia y soledad. Ante el desnudo de la mujer amada escribe: “Las gavillas de las estaciones se desploman, tú muestras el fondo de tu corazón. Es la luz de la vida que aprovecha llamaradas que se abisman, es un oasis que del desierto aprovecha, que del desierto fecunda, que la desolación alimenta. El frescor delicado y erosionado se substituye en los hogares turnantes que te colocaban delante de mi desear. Por encima de ti, tu caballera resbala en el abismo que justifica nuestro alejamiento.” Sin embargo, esta concepción del amor situada entre la pérdida de libertad y la angustia, el último poema de La vida inmediata, “Crítica de la poesía,” es como una afirmación superadora de lo anterior: “He oído Odio el reino de la burguesía, / El reino de los polis y de los curas / Pero odio aun más al hombre que no odia / Como yo / Con todas sus fuerzas”.

Los acontecimientos históricos de los años treinta turbarán a muchas conciencias y clarificarán actitudes y comportamientos, no sólo en el ámbito artístico, sino también en la sociedad de Occidente. Seguir la carrera poética y militante de Paul Eluard como la de Andre Breton, Louis Aragon, Paul Nizan, André Gide, y tantos otros, es leer desde la perspectiva de hoy día, infinitud de páginas de edificante compromiso más allá de diferencias y conflictos. En su revista El Surrealismo al servicio de la Revolución definirán su acción de acuerdo a su ideario revolucionario o, a veces, con las pautas del Partido Comunista. La publicación del poema “Front Rouge” de Louis Aragon, inaugura una nueva vanguardia poética en Francia, no exenta de polémica y de persecución judicial, y que en Paul Eluard comienza a evidenciarse las contradicciones entre sus sentimientos revolucionarios y la realidad candente del momento: “No quiero ya dormir solo / no quiero ya despertarme / paralizado de sueño y de sueños / sin reconocer la luz / y la vida en primer instante.” (“Le front couvert”). El aislamiento, por tanto, no es el camino. Poesía y actividad agitadora le llevarán a Praga, Amsterdan, Londres y España. En Londres pronuncia una conferencia en la que proclama: “Ha llegado un tiempo donde los poetas tienen el derecho y el deber de sostener que están profundamente inmersos en la vida de los otros hombres, en su vida común. La soledad de los poetas, hoy día, se deshace. Vemos que son hombres entre los hombres, y que tienen hermanos”.

Y en España donde acude en 1936 a impartir varias conferencias en Barcelona, Madrid y Bilbao sobre una exposición retrospectiva de Picasso se sentirá profundamente solidario con la II República. Y, cuando estalla la contienda civil, la apoya materialmente y escribe poemas memorables como Noviembre 1936 (Solidarité), sobre la heroicidad de los milicianos madrileños: “Ciudad en la baja mar hecha por una gota de agua salvada / De un solo diamante cultivado en la cenitalidad del día / Madrid ciudad habitual para los que han sufrido / Espantoso bien que se resiste ser ejemplo / Que han sufrido / Que la boca ascienda hacia su verdad / Extraño aliento sonrisa como una cadena rota / Que el hombre liberado de su pasado absurdo / Dirija ante su hermano un rostro semejante / Y dé a la razón alas vagabundas”. La Victoria de Guernika, uno de los poemas más significativos de este periodo que escrito en catorce estrofas independientes, pero engarzadas por sus significados, transforman la masacre en victoria: “VIII. Las mujeres los niños tienen el mismo tesoro / En sus ojos / Los hombres los defienden como pueden. XI. El miedo la valentía de vivir y de morir / La muerte tan difícil y tan fácil. XIV. Parias la muerte la tierra y el olor y la fealdad / De nuestros enemigos tiene el color / Monótono de la noche / Tendremos razón”.

Este conocimiento y dolor que le causa la guerra civil española, ahonda su conciencia vigilante de la que dan testimonio los poemas de Donner à voi, libro que podemos considerar como una ética, pero también un tratado de estética profundamente revolucionario. Escrito en los umbrales del estallido de la guerra son los inmediatos antecedentes de sus poemas de la Resistencia.

Y ya movilizado reingresa en el Partido Comunista Francés en 1942: “porque era el partido de Francia, -dirá- he querido estar con los hombres de mi país que caminan en primera línea hacia la libertad, la paz, la felicidad, hacia la verdadera vida”. Durante este periodo escribe Le livre ouvert (El libro abierto), Poésie et Verité (Poesía y verdad) Sept poèmes d’amour en guerre (Siete poemas de amor en Guerra), Les Armes de la Douleur (Las armas del dolor) et Au Rendez-vous allemand (Cita alemana). Como suele suceder a veces, son los llamados poemas de circunstancia los que quedan para siempre en el imaginario popular. ¿Quién no recuerda o ha leído, “En mis cuadernos de escuela / En mi pupitre y los árboles / En la arena en la nieve / Escribo tu nombre // En todas las páginas leídas / En todas las páginas blancas / Piedra sangre papel o ceniza / Escribo tu nombre”? Estos versos pertenecen a “Libertad”, poema que fue arrojado desde los aviones de la R. A. F sobre los campos y ciudades de Francia y que hoy día sigue siendo emblema de una poesía de combate. Otro poema de este tiempo, Courage (Valentía) perteneciente a Las Armas del dolor, es otro icono de la lucha porque ahora París, la ciudad de la luz, es el símbolo de una ciudad ocupada y sitiada, el reverso del tópico: “París tiene frío tiene hambre … París duerme de pie sin aire en el metro … / Los mejores de nosotros están muertos para nosotros / Y ya su sangre encuentra nuestro corazón …Y es de nuevo la mañana una mañana de Paris.”

No podemos dejar de citar dos libros publicados después del Armisticio, nos referimos a Poésie Ininterrumpue (Poesía ininterrumpide) y Deniers poèmes d’amour (Últimos poemas de amor) en los que encontramos a un poeta que ha fortificado todos sus delirios del pasado, un poeta que escribió: “No iremos hasta el final de uno en uno sino de dos en dos / Conociéndonos de dos en dos nos conoceremos todos / Nos amaremos todos y nuestros hijos se reirán / De la leyenda negra donde llora un solitario.”

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