El PCE se declara contrario a la reglamentación de la prostitución como una manera de legitimar la violencia contra las mujeres

El PCE abolicionista

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A continuación reproducimos la intervención de Cristina Simó, Secretaria de la Mujer del PCE, en el acto de presentación del número 232 de Nuestra Bandera, dedicado de manera monográfica a tratar el tema de la prostitución.

Este monográfico de Utopías – Nuestra Bandera, surge de la necesidad de profundizar y difundir nuestra posición abolicionista, con el fin de erradicar la prostitución y las causas económicas, sociales y psíquicas que la configuran.

Hoy con la crisis global, el sistema capitalista está provocando graves exclusiones sociales y con ellas el aumento de la exclusión social femenina, la feminización de la pobreza y el tráfico de niñas, adolescentes y mujeres con fines de explotación sexual, pues en el capitalismo todo va al mercado si produce beneficios, hasta la “carne humana”, que produce más réditos y menos riesgo que traficar con drogas
o con armas.

España se ha convertido en un destino predilecto para el tráfico de mujeres. Nuestras carreteras se han convertido en el gran escaparate del “mercado de carne”.

Mujeres inmigrantes traficadas y prostituidas se exponen diariamente en tanga y
sujetador.

Expuestas a los peligros que la misma carretera comporta, los cambios climáticos, la delincuencia, los abusos…. Para ofrecer sus servicios a los clientes-prostituidores y dar gran parte de sus ganancias a sus proxenetas.

Es la esclavitud del S.XXI. Tolerada por la clase política dominante que se queda impasible o esconde intereses ante este fenómeno. No legislando por ley la abolición de la prostitución, para erradicar el problema. A pesar de que la ONU ha negado a la prostitución la categoría de trabajo porque no reúne las condiciones de dignidad y respeto humano que requiere una actividad laboral. Y considera necesario que se legisle a partir de esta norma.

La presión de la ciudadanía escandalizada por este comercio, a menudo es falsa conciencia e hipocresía: regúlese y recójanse a las mujeres en venta en lugares cerrados y “lo que yo no veo no existe”.

Los municipios afectados que son el escenario de este tráfico humano, ante la impotencia legislativa, han empezado a reaccionar, aprobando ordenanzas, que aplican sanciones a las mujeres prostituidas y a los clientes prostituidores.

Es evidente que se han empezado a notar efectos, ya que las víctimas de la explotación sexual, se han trasladado o han estado trasladadas a otros municipios. Pero la raíz del problema continua sin resolverse, las mujeres prostituidas, que son víctimas de violencia sexual tolerada, continúan siendo maltratadas.

Frente a esta grave forma de esclavitud y a su aumento desmesurado por la vulnerabilidad de miles y miles de mujeres, “el Partido Comunista de España, se declara contrario a cualquier forma de explotación y esclavitud de seres humanos y, por lo tanto, a la reglamentación de la prostitución como una manera de legitimar la violencia contra las mujeres”.

Porque ésta es una de las formas más extremas de violencia de género, que debe ser rechazada como tradición y como forma de educación sexual, ya que perpetúa y legitima la compra-venta del cuerpo de las mujeres, como una mercancía.

Reivindicamos otra educación sexual. Ya que la prostitución está muy vinculada a la sexualidad y a la concepción del sexo que se tiene en la sociedad.

Es fundamental rechazar que la relación entre prostituidor y mujer prostituida es la búsqueda del placer, por no ser una relación libre para los dos sujetos. Con la prostitución se compra la sumisión de la mujer, no sexo.

Vinculamos la prostitución a la diferencia de clase social, ya que el perfil de la mujer prostituida del Siglo XXI, es pobre, inmigrante y en situación irregular.

Debemos hacer pedagogía y enseñar a distinguir entre regulacionismo, prohibicionismo y abolicionismo, y saber explicar la diferencia, ya que muchas veces se confunden.

Hay que remarcar que defendemos la abolición porque estamos a favor de las mujeres prostituidas y en contra de la prostitución. No es extraño que se confunda, expresamente, abolicionismo y prohibicionismo, para poder acusar a los y las abolicionistas de estar en contra de las mujeres y no de los prostituidores.

A menudo la posición regulacionista utiliza como argumento principal definir la prostitución como una actividad económica que responde a la oferta y la demanda, sin remarcar que la oferta son las mujeres y la actividad es la explotación sexual y la violencia.

El proxenetismo organizado defiende la regulación para sacar a las mujeres de las calles y tenerlas a su disposición en condiciones favorables para ellos, ejerciendo así una mayor presión y control sobre ellas.

Entre las posturas regulacionistas y abolicionistas no se puede llegar a un acuerdo, ya que se parte de bases totalmente contrarias.

Tenemos que desmontar los tópicos que la sustentan por ser poco fieles a la realidad. Por ejemplo, se cree que la regulación de la prostitución acabará con las mafias, mientras que en países donde está regulada, como Holanda y Alemania, son de los primeros receptores de mujeres víctimas de trata de personas.

En cambio con el modelo abolicionista, el caso de Suecia, sí se ha podido comprobar que se ha reducido la actividad de las mafias, ya que la demanda ha bajado.

Otro tópico que hay que discutir es que hay prostitución libre, cuándo no es así; generalmente, quien lo hace voluntariamente lo hace por falta absoluta de opciones. De todas maneras en ambos casos, traficadas o no, la prostitución convierte a la mujer en objeto propiedad de otro, de un dueño por horas, en sierva o esclava, a gusto del consumidor-prostituidor.

Ante esta evidencia, debemos manifestar rotundamente que no se puede regular una actividad que convierte a las personas en objetos a la venta.

No obstante, para entender lo que comporta la prostitución, hay que ponerse necesariamente en el papel de la persona prostituida.

Se tiene que tener en cuenta las secuelas físicas, psicológicas y emocionales que sufren estas mujeres, conducidas a la destrucción y disociación mental por drogas o alcohol para poder soportar la situación en la que se encuentran. El problema no son las condiciones en las que se lleve a cabo la actividad, sino la actividad en sí; por lo tanto, no se puede consentir, es contrario a los derechos inalienables de las personas.

Ante todo lo expuesto, los comunistas y las comunistas tenemos que exigir, desde todos los ámbitos y estamentos que nos sea posible (movimientos sociales, gobiernos locales, autonómicos o estatal) la erradicación del fenómeno de la prostitución.

Nuestro objetivo debe ser conseguir una amplia mayoría social y política que nos permita la abolición de la prostitución por ley. Cambios legislativos que consideren la prostitución como una forma extrema de violencia contra las mujeres. Que penalice a los que se lucran del comercio del sexo y a los consumidores.

Y que se apliquen medidas legales de amparo e integración a las mujeres inmigrantes sin papeles, en situación de prostitución, que constituyen el 90% de las mujeres prostituidas. Así como partidas presupuestarias para su integración laboral y social.

Secretaria de la Mujer del PCE

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