Una pregunta recurrente golpea estos días mi interior: ¿qué hizo que otros hombres encerrados en campos de concentración colaborasen con los nazis para el exterminio de sus iguales? O trazando el paralelismo aquí y ahora: ¿qué hace que en mi centro de trabajo, una “Oficina del Paro”, los y las empleadas públicas insultados/as, despedidos/as después de muchos años de entrega y dedicación al servicio de lo público, tratados en los medios de comunicación casi como delincuentes, con congelaciones y recortes en unos salarios para la inmensa mayoría modestos, aumento de horario y eliminación de muchos de nuestros derechos socio-laborales conquistados tras años de lucha, colaboremos con una administración politizada hasta la médula, dirigida por tecnócratas, vasallos del imperialismo europeo e internacional, que con sus normas empuja a la depresión, a la desesperación, incluso hasta al suicidio, a nuestros hermanos/as?
Escribo estas líneas, tras la decisión de la Comunidad de Madrid de despedir a 88 valiosos/as compañeros/as: técnicos/as de empleo que, especialmente desde la crisis, han dado lo mejor de sí mismos/as, en unas oficinas abandonadas de recursos, y de cualquier trato humano, dirigidas por desconocidos/as y cambiantes jefes/as, que no saben nada de sus trabajadores/as, ni de las personas para quienes trabajamos: la población desempleada, que no son cifras, ni problemas,… son rostros humanos entristecidos, seres humanos que sufren al ver su proyecto de vida roto, tras buscar un día y otro empleo, y no encontrar más que un no por respuesta: eres joven, eres mayor, eres mujer, eres hombre, no tienes cualificación, tienes demasiada cualificación,… El 26% de las personas de un país, y el 55% en el caso de los y las jóvenes, personas arrastran cada día sus pies de barro por las pardas calles de un país en el que no hay esperanza: el del capitalismo despiadado, injusto y cruel con la gente más débil.
Desde que la crisis azota con dureza, 4 años ya, los gobiernos tanto del PSOE, como del PP, no han adoptado una sola medida que fomente la creación de empleo. Desde la última reforma laboral, los despidos –tanto en el sector público, como en el privado- y el incremento de la precariedad son la norma. Echan a trabajadores/as con derechos y contratan, con bonificaciones sustanciosas para el empresariado, a otros/as que están dispuestos/as a aceptar lo que sea con tal de trabajar. El desempleo de larga duración crece y crece, dilatándose en el tiempo, sin que medidas de apoyo a los innumerables hogares sin recursos vean la luz. Puede despedirse al personal al servicio de las administraciones públicas: hablamos del imprescindible personal sanitario, de los y las esenciales maestras, del personal del transporte público o del servicio público de empleo,… por “insuficiencia presupuestaria sobrevenida”, mientras siguen nombrando altos cargos a los familiares de la Gil de Biezma, o de la Cospedal.
Con el dinero público subvencionan viajes para que nuestros/as jóvenes se marchen a Ferias de Empleo celebradas en alguna fría y perdida región de Alemania, en el sector de la ingeniería o en el sanitario. Pagan formación intensiva en alemán, para que los y las trabajadoras más cualificadas se vayan a trabajar fuera, en vez de gastar ese dinero en la creación directa de empleo, descapitalizando así nuestro país de sus mejores recursos humanos. Una vez más obligan a emigrar a los y las investigadores/as.
Mientras despiden a los y las empleadas públicas, afirmando que no hay “disponibilidad presupuestaria” para el plan de formación ocupacional, para los talleres de empleo,… o para las ayudas y subvenciones al autoempleo, se sacan de la manga partidas económicas para subvencionar a las Agencias Privadas de Colocación, o contratan a la consultora privada Deloitte para el asesoramiento de emprendedores/as.
Las políticas de ajuste y los recortes llevados a cabo son genocidas. El dinero es el mismo, pero se retira de la sanidad, de la educación, del empleo, para repartírselo entre una casta política corrupta, o para dárselo a una banca depredadora, sin ética, que sigue acumulando capital a costa de las vidas de la gente: suicidios por desahucios, por no encontrar trabajo, por no ver alternativa ante la violencia machista… Las personas más mayores sostienen familias enteras con sus pensiones. Suprimen los recursos para combatir la violencia de género.
En las “Oficinas del Paro” en las que no hay casi trabajadores/as – en la mía han despedido a la mitad de la plantilla en los 6 últimos meses- ni ofertas, ni cursos, ni talleres de empleo, ni convenios con corporaciones locales… se presiona al personal asalariado que cada vez trabaja con más miedo, para que controlen a los y las perceptoras de ayudas económicas. A las personas que cobran la miseria de los 400 euros, al margen de cuál sea su situación: depresión, enfermedades, con personas dependientes a cargo, con discapacidades, víctimas de violencia de género… se les somete a firmas periódicas burocráticas. Se les dan listados de las Empresas de Trabajo Temporal, reconvertidas en Agencias Privadas de Colocación para que se inscriban en ellas. Algunas como el Ayuntamiento de Madrid, tarda un mes en darles cita para luego: ¡nada! Otras amontonan los currículums, porque la realidad es que no hay empleo.
Quieren implantar un sistema de esclavitud laboral, donde ellos decidan en qué profesiones debemos trabajar, con qué horario, con qué salario,… Esa es la libertad del mercado. Unos pocos se van haciendo cada vez más ricos/as, al tiempo que las clases medias se empobrecen, y la marginación social se dispara. Nos han declarado la guerra: privatizaciones, desempleo, desprotección, desahucios,… Están llevando a cabo su plan de neoliberalismo radical, sin apenas resistencia. La financiación a la iglesia no ha sufrido ni un solo recorte, la iglesia de siempre: reaccionaria, clasista y patriarcal. De las filas de las universidades del opus o de los legionarios, sale el periodismo actual de Telemadrid.
No hay políticas activas de empleo, porque no hay empleo. Detrás de su proselitismo se vislumbra un oscuro objetivo: quitarles la prestación o el subsidio a los y las desempleadas. No se considera su situación de profunda tristeza, depresión, desconcentración,… : si se olvidan de sellar: no se les paga ese mes. Las colas para el trámite del sellado, o para la inscripción son de horas. Se presiona al personal para que no haya reclamaciones. El personal técnico de las Oficinas no intermedia, ni orienta: ¡controla! Y eso genera problemas de conciencia, al menos en mi caso.






