El secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, propuso, a finales del mes de enero un “gran pacto político y social” para poner freno al desempleo que llegó a finales del pasado mes a rozar los seis millones de parados, exactamente a los 5.965.000. La idea principal de Rubalcaba y el PSOE se resume en un fondo de 20.000 millones de euros para creación de empresas, autoempleo y emprendedores a través de las entidades financieras y de una reforma del Instituto de Crédito Oficial, ICO. Una de las medidas es que los bancos “con ayudas públicas”, es decir, los bancos rescatados con el dinero de los contribuyentes, tengan “objetivos de crédito” para pymes y emprendedores. También se incluyen en su plan, ayudas a la contratación juvenil, vía reducción de cotizaciones de las empresas que creen estos puestos de trabajo y otras medidas de reactivación.
El Plan de Rubalcaba quiere convocar a sindicatos, empresarios, partidos y prácticamente todos los actores sociales de este país. Pero es un plan timorato, defensivo y que llega, una vez más, tarde. Es timorato porque, por ejemplo, no incluye el establecimiento de sanciones (nacionalización real incluida) a las entidades financieras, rescatadas o no, que no cumplan su función básica, es decir suministrar crédito a las familias y las pequeñas empresas. Es defensivo porque no contempla prohibir los EREs a las empresas con beneficios, una sangría laboral que afectó en 2012 a un total de 406.810 trabajadores hasta el mes de noviembre. Y llega tarde, porque lo propone cuando su partido está en la oposición.
Rubalcaba pudo proponer estas ideas, que, a nuestro humilde entender, no son más que pequeñas tiritas contra una hemorragia sistémica, allá por el 15 de mayo de 2010, cuando su partido estaba en el Gobierno y se prefirió claudicar ante el neoliberalismo de Bruselas y ante la muy española CEOE, que representan los mismos intereses de clase. En aquel momento, con 4.066.202 personas desempleadas se decidió que lo mejor para proteger el empleo existente y crear nuevos puestos de trabajo lo mejor era imponer una reforma laboral tremendamente dolorosa, y precarizar el empleo joven y no tan joven. Ésa fue la opción del Gobierno de Zapatero del que formaba parte Rubalcaba, que llegó a decir, como ya lo hemos citado en esta columna que “los sacrificios de hoy serán el bienestar del mañana”.
Por lo tanto, nos encontramos ante un nuevo intento de barnizar el desastre del PSOE que sigue en caída libre en las encuestas de intención de voto y que, inoperante desde el punto de vista político, ve como el espacio de la socialdemocracia se desvanece. El problema para el PSOE, es que además, las propuestas tímidamente socialdemócratas que salen de su fábrica de ideas son cada vez menos trascendentales, convirtiéndose en meros parches a la política de ataque constante a las clases trabajadoras del Partido Popular. Contra esta ofensiva de la derecha no hay espacio para los parches, solo la ruptura y el enfrentamiento político contra el capitalismo puede comenzar a construir el camino de la salida real de la estafa a la que nos someten las clases dominantes en una ofensiva sin precedentes en la historia.







