Fue acusado de ser miembro del Partido Comunista y de incitar a la lectura de las obras de Marx y Engels

Artie Shaw, jazz al pie del acantilado

Políticamente progresista, fue uno de los escasos jazzistas que chocó con el senador McCarthy y su comisión de triste memoria

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial (1945), se formaron dos bloques antagónicos dirigidos por la URSS en el bando socialista (oriental) y EEUU en el capitalista (occidental), esta situación dio comienzo a una carrera por la supremacía mundial. Su punto de partida fue la cumbre de Yalta, a partir de la cual se sucedieron intensas pugnas económicas y diplomáticas.

En este contexto, a los pocos días de proponer Truman, en marzo de 1947, su programa para la contención del comunismo en Grecia, se aprobó el Programa de ‘Lealtad de empleados federales’, orientado a descubrir funcionarios infiltrados, cuyo objetivo sería supuestamente pasar secretos a la Unión Soviética. Las tensiones de la Guerra Fría llevarían esta prevención anticomunista a un estado de histeria.

Así dieron comienzo, espoleadas por McCarthy, las sesiones del Comité de Actividades Antiamericanas, en un clima de sospecha alimentado por la difamación y los rumores. Olvidando el principio jurídico de la presunción de inocencia, ante cualquier denuncia el Comité aplicaba la presunción de culpabilidad y era el acusado quien tenía que desmentir y aprobar su no pertenencia o simpatía hacia el Partido Comunista. Quienes reconocían su culpa, podían lavarla delatando a sus camaradas. El clima de delación se extendió por los círculos culturales y tuvo su momento culminante en las audiencias del Comité en 1951.

Las denuncias de ‘testigos amistosos’ durante la caza de brujas macartista condenaron a grandes artistas a la desocupación, al escarnio público, al exilio y, como en el caso del actor John Garfield, a una desesperación que lo llevó al suicidio. Las listas incluyeron a directores (Jules Dassin, Lewis Milestone, Joseph Losey), actores (Sam Jaffe, Lee Grant, Lloyd Bridges), escritores y guionistas (Bertolt Brecht, Carl Foreman, Dashiell Hammett, Ring Lardner, Arthur Miller), músicos (Aaron Copland, Hanns Eisler, Artie Shaw) y hasta a John Hubley, que revolucionó el dibujo animado y creó a Mister Magoo, quien parece que además de miope era comunista.

Centrémonos en uno de estos nombres, el del músico Artie Shaw. Arthur Jacob Arshawsky, más conocido como Artie Shaw, nació en Nueva York el 23 de mayo de 1910, fue un clarinetista y director de orquesta de jazz estadounidense de éxito internacional. Su primer “hit” fue “Begin the beguine” de Cole Porter. En marzo de 1938, la cantante negra Billie Holiday era la vocalista de su orquesta, lo que en esos tiempos de segregación racial le originó muchos problemas. La orquesta alcanzó gran fama y Shaw rivalizaba con el “rey del swing”, Benny Goodman.

Poseedor de una considerable fortuna personal, coprotagonista de varios matrimonios y divorcios clamorosos (Ava Gardner, Lana Tuerner…), también era un hombre célebre que rechazaba la intromisión en su intimidad. El escritor Boris Vian dijo de él: «me admira que un hombre como él que gana 30.000 dólares a la semana, lo abandone todo porque tiene la impresión de que le están robando el espíritu». Políticamente progresista, fue uno de los escasos jazzistas que chocó con el senador McCarthy y su comisión de triste memoria. Tras dos horas de interrogatorio en los que la prensa se cebó con él, Artie Shaw fue acusado de ser miembro del Partido Comunista y de incitar a la lectura de las obras de Marx y Engels.

En 1955 con 44 años decidió que América había terminado para él. Paradógicamente, huyendo del fascismo reinante en el país de las libertades, eligió como destino un país fascista como España. No obstante Begur era un pueblo apartado de la Costa Brava, que apenas si comenzaba a explotar el turismo. Junto a la actriz Evelyn Keyes, a la que había conocido en Paris, construyó una casa al pie de un acantilado. En los años venideros por aquella finca fueron pasando personalidades como Truman Capote, Ava Gardner -que había rodado ‘Pandora’ en la Costa Brava-, Liz Taylor –protagonista en ‘De repente, el último verano’, película grabada en Begur-, y otros personajes famosos. En su nuevo destino encontró Shaw el anonimato y la tranquilidad, entre jornadas de pesca y una intensa dedicación a la escritura y a la lectura, su gran pasión.

Después de vivir seis años en Begur, el músico retornó a Estados Unidos. En su casa de California, Shaw dedicó los siguientes cincuenta años de su vida a la lectura y la escritura, aunque su éxito como escritor nunca alcanzó el logrado con su obra musical. En el verano de 1990, el compositor regresaría a Begur para visitar a los amigos que conoció durante sus años españoles y recordar aquellos parajes que le sirvieron de refugio. Shaw también aprovechó el que habría de ser su último viaje a la Costa Brava para completar una novela autobiográfica que nunca llegó a ver la luz. Shaw murió el 30 de diciembre de 2004 en California, rodeado de miles de libros. El director Robert Altman había planeado hacer una película sobre la vida de Artie Shaw protagonizada por Johnny Depp, pero el proyecto se frustró definitivamente con el fallecimiento del cineasta.

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