MUNDO OBRERO: Cuando esta entrevista llegue al lector, probablemente habremos llegado a los 6 millones de parados. ¿Qué perspectivas de mejora ves a corto, medio y largo plazo?
PALOMA LÓPEZ: Lo primero de todo es que el gobierno tiene que cambiar su política, porque con estas políticas no va a haber recuperación económica y sin recuperación económica no va a haber mayor actividad, ni por tanto crecimiento ni recuperación de empleo, y menos aún la posibilidad de que volvamos a las tasas de desempleo que teníamos antes. La tasa de desempleo más bajo que hemos logramos en este país fue en 2007, con un 7,90%. Hoy estamos en el 26,02%. Es imposible volver a esa situación mientras todas las políticas estén centradas en el ajuste, en la contención del gasto, en cumplir con los objetivos del déficit en los plazos marcados, porque así no va a haber crecimiento económico, ni estímulo a la economía y por lo tanto la situación de este desempleo tan alarmante se va a seguir prolongando en el tiempo.
M.O.: En una entrevista, hace ya un par de años, comentabas que el problema de este país es financiero, no laboral. Pero en lugar de una reforma fiscal se ha hecho una reforma laboral. ¿Es una cuestión política o económica?
P.L.: Es una cuestión política. Las decisiones que se adoptan son de carácter político y obedecen a una estrategia ideológica. Hay componentes económicos, evidentemente, pero fundamentalmente la salida de la crisis es una estrategia política. Y eso se demuestra con el hecho de que hay muchos elementos que nos están directamente vinculados a la economía y se están tocando. Por ejemplo, ¿qué relación tiene la ley del aborto con la situación de crisis que tenemos? Pues evidentemente ahí hay un elemento determinante de políticas sexistas, de políticas paternalistas que van en contra de los derechos y garantías de las mujeres. No tiene nada que ver ni con la economía ni con la crisis, pero se aprovecha el momento y la coyuntura y, por supuesto, el posicionamiento ideológico para llevarlo a cabo.
M.O.: ¿Cuál es el balance que nos deja esta reforma laboral?
P.L.: La reforma laboral ha sido un caos. El otro día escuchábamos a la ministra unas declaraciones… voy a decir alarmantes, aunque podría utilizar otro término más duro. Alarmantes en el sentido de que si se hace con carácter de manipular la información es muy preocupante por la escasa valoración que tienen de la población sobre la información que reciben. Y si se hace porque realmente se piensa que esto funciona así, es mucho más peligroso por la falta de elementos de diagnóstico realista y, por lo tanto, la falta de aportación de políticas sensatas a ese posicionamiento.
La ministra de Empleo dijo que desde que hemos aprobado la reforma laboral, en febrero de 2012, hasta ahora se han destruido menos puestos de trabajo de los que se hubieran destruido si no hubiera habido reforma laboral. La construcción es compleja. Es fácilmente rebatible. ¿por qué hay menos personas en desempleo en esta argumentación que la ministra hace? Porque ha bajado la población activa por varias razones: los españoles emigran en busca empleo; una parte de la población extranjera se marchan a otros países donde puedan realizar una actividad laboral. Muchas personas de origen extranjero que llevan años residiendo en España, se nacionalizan, y hace cambiar los elementos estadísticos. Mucha gente ha tirado ya la toalla y de la búsqueda de empleo y se ha dado de baja automáticamente, con lo que ya no cuenta como población activa. Todo ello hace que disminuya la gente que pueda engrosar las listas de desempleo. Pero esto no es verdad. Ese análisis no se puede correlacionar con la destrucción de puestos de trabajo.
Y la realidad es que desde que ha empezado a funcionar la reforma hasta el día de hoy se ha incrementado la destrucción de puestos de trabajo, que se estaba manteniendo en un 4% en el 2011 y en el 2012 ha pasado a un 4,8%. Este sí es el efecto real de la reforma laboral, un aumento de la destrucción de empleo.
Una cosa es hablar de empleo y población y otra de destrucción de empleo. Por eso digo que se puede manipular el dato, pensando que la gente no se va a enterar, cosa que es sorpresiva, o porque realmente no sabes lo que estás comparando, lo cual es verdaderamente alarmante.
Lo cierto es que la reforma laboral es un absoluto fracaso que sólo está consiguiendo destrucción de empleo, abaratamiento de costes, etc. Y luego las medidas que se han tomado en materia financiera no están dando los resultados de poner crédito en circulación, que es lo que necesita fundamentalmente este país, a parte de otra política fiscal.
M.O.: Los paladines del neoliberalismo dicen que la reforma laboral ya está dando sus resultados: se están reestructurando las empresas. ¿Hasta qué punto se están aprovechando los empresarios?
P.L.: Hay de todo. Hay pequeños empresarios que lo que tienen es una falta de liquidez, y por lo tanto están sometidos prácticamente a las mismas dificultades que la población en su conjunto, y por tanto habría que tomar medidas precisamente para que fluyera el crédito y no estuvieran sumidos en estos problemas. Pero luego hay un volumen muy importante de empresarios y empresas que están aprovechando la reforma laboral para hacer ajustes de plantilla. Y se está viendo porque se podrían hacer otro tipo de medidas, de mayor flexibilidad interna, medidas de flexibilidad negociadas con las representaciones de los sindicatos, y no se están haciendo. A partir de la reforma laboral aumenta el número de expedientes que se realizan sin acuerdo, porque lo posibilita la reforma, y por lo tanto no tienen que estar sujetos a ningún tipo de negociación que se pudiera hacer con los agentes sociales. Los empresarios están haciendo un ajuste de plantilla como ellos consideran oportuno. Están sustituyendo empleo de calidad, empleo con derechos, por empleo en unas condiciones precarias o de temporalidad. Esto empresas de mayor volumen y con más trabajadores.
Y luego hay un elemento muy grave con la reforma laboral, y es que el Estado como empresario de los trabajadores de la función pública, puede hacer expedientes de regulación de empleo en las administraciones públicas, para el personal laboral. Y en vez de hacer como en la empresa privada, que permite un expediente de suspensión temporal de empleo, en las administraciones públicas esto se imposibilita y sólo se pueden hacer expedientes de extinción, es decir, de despidos. Hay un problema de discriminación con relación a los trabajadores de las empresas privadas, pero, a parte, es un sinsentido que el Estado como empresario no ponga en marcha medidas de flexibilidad interna para mantener las plantillas. Y, además, cuando el Estado, en momentos tan delicados como estos, debería de reforzar la plantilla de quienes trabajan en educación, sanidad, servicios sociales y dependencia, lo que está haciendo son expedientes de extinción donde sólo se van a producir despidos. Esto es un sinsentido en una situación tan grave de desempleo como la que tenemos.
M.O.: ¿En qué situación se encuentran esos 3,5 millones de parados de larga duración, que llevan más de un año sin trabajo? Y, sobre todo, ese 1,8 millones que lleva desempleado más de dos años. ¿Tienen alguna posibilidad de volver a incorporarse a la vida laboral?
P.L.: Pues no va a ser sencillo. En los mejores momentos de boom económico, fruto de nuestro modelo productivo, de la especulación que había, en fin, en el peor de los modelos que tuvimos una tasa de desempleo de casi el 8%, que representaba 1,7 millones de personas en una situación de paro estructural, que no se absorbió ni siquiera en los mejores momentos de bonanza económica.
Si extrapolamos esos datos a una situación de futuro, puede resultar muy alarmante porque nos podemos encontrar con una población de paro estructural con escasa formación y que tenga muchas dificultades para acceder a un puesto de trabajo incluso cuando empiece a haber una situación de crecimiento. Y sobre todo, tenemos un problema con los jóvenes hasta los 25 años con un desempleo del 55%, que es muy alarmante, pero eso representa el 17% del conjunto del desempleo. En cambio no estamos hablando de gente que ya lleva mucho tiempo en desempleo, que son jóvenes que ya han pasado los 25, que tienen entre 25 y 30 años, que tienen cargas familiares y muy baja formación. Eso puede ser un paro estructural y un problema de cara al futuro.
M.O.: ¿Cuánta gente ha tenido que salir de España para poder trabajar?
P.L.: En 2012, el número de personas que salió fue el mismo que todos lo que se fueron en 2009, 2010 y 2011 juntos. Las expectativas de la gente formada no se corresponden con las posibilidades que tienen en España y se van. Es una salida viable y razonable pero el volumen es preocupante
M.O.: ¿Y cómo va a repercutir esto en el futuro y en la economía de este país?
P.L.: Cada vez que se establece un suceso migratorio ocurre lo mismo. Normalmente quien suele salir es la gente más preparada, contrariamente a lo que se piensa de que los emigrantes que venían a España eran los menos cualificados. No es cierto, venía gente con alta o media cualificación, el problema es que no podían homologar en España sus títulos y cualificaciones. Ocupaban puestos de trabajo que requerían poca formación, lo que no significa que ellos no la tuvieran. Y lo que pasa con la población que emigra de España, es que o está muy preparada y pueden encontrar un trabajo fuera que aquí no tiene, o es emprendedora y con mucha iniciativa para buscar una salida fuera. Y perder a esa población en el conjunto de la economía española puede ser un problema. Hay que hacer todo lo posible en investigación, desarrollo, innovación, en jóvenes con cualificación, apostando por tener presupuestos económicos e iniciativas, para que toda esta población se quede en España y no tenga que salir porque se descapitaliza España lo cual es bastante problemático. Además, España tiene una población pequeña comparada con otros países de Europa.
M.O.: Aparte de los jóvenes, otro sector que también lo está pasando mal con la crisis son las mujeres. ¿Hay detrás una intención de volver a enviar a la mujer a casa?
P.L.: Yo no tengo ninguna duda de que parte de la estrategia ideológica es que la mujer vuelva a casa. De hecho, aunque no valoramos nada en positivo de la reforma laboral, si había un capítulo dedicado a las bonificaciones para la contratación de todos los colectivos que no estaba mal si se hubiera desarrollado bien. ¿Por qué digo esto? Porque bonificaba a todos los colectivos menos a los hombres entre 30 y 45 años que llevaran menos de 1 año en desempleo. El resto estaban todos bonificados, con lo que el efecto de la bonificación no era ninguno porque al empresario le daba igual contratar a un hombre que a una mujer. Eso se cambió con la legislación. Pero un elemento que nosotros criticamos muchísimo es que al suprimir el elemento de las bonificaciones quita un elemento que para nosotros era determinante y esencial y es la bonificación que se da a las mujeres que han decidido abandonar un puesto de trabajo para dedicarse a las labores de carácter reproductivo como ser madres, etc, y al cabo de un tiempo quieren volver a reincorporarse a un puesto de trabajo. Si al cabo de dos años quería volver a trabajar, esto estaba bonificado. Y eso fue lo primero que quitaron. Esto, evidentemente, tiene un componente de marcado carácter ideológico que es intentar que vuelvan a ser las mujeres las que se ocupen de las tareas reproductivas y no ocupen tareas productivas.
M.O.: ¿Cómo está repercutiendo en la salud psíquica y física de la gente?
P.L.: Si son ciertos los datos que tengo, el número de suicidios ha aumentado de forma importante. Sería muy interesante estudiar los que corresponden a la situación económica y las consecuencias de la crisis.
Lo que sí es evidente es que hay un deterioro de la salud física pero también psicológica. Los elementos de autoestima se desmoronan y es muy complicado. Tenemos gente incluso con dificultades de relacionarse porque no quiere decir en el entorno que está en una situación de desempleo por lo que esto conlleva, etc. Y eso acaba por deteriorar mucho. Y si a esto se añaden todos los recortes que está habiendo en la sanidad pública, tendremos que ver en un periodo a corto y largo plazo si se rebaja o no la esperanza de vida de los trabajadores.
M.O.: ¿Cuánta gente hay con contratos precarios?
P.L.: Cuando hablamos de índices de pobreza no nos limitamos a personas que están en desempleo o que no tienen ningún tipo de prestación. Incluimos a una parte muy importante de los trabajadores que están trabajando pero están trabajando en una situación de precariedad que no les permite salir de la pobreza. El índice de pobreza que ha crecido muchísimo en este país en el último año y que abarca a prácticamente 12 millones de personas. En estos 12 millones hay mucha gente, hay un porcentaje importante que está trabajando en unas condiciones de precariedad.
M.O.: ¿Qué entendemos hoy por contratos precarios?
P.L.: Malos salarios, malas condiciones laborales. La temporalidad no siempre es determinante, porque a veces puede haber contratos temporales pero bien remunerados. Aunque sí es verdad que la mayoría de los contratos precarios son temporales por tener salarios y derechos reducidos de trabajo.
Cada vez crecen más los contratos temporales, que no son elegidos por los trabajadores, y que dan pie a que tengan peores condiciones laborales, salariales, de derechos de prestación de desempleo, de protección de cara a la jubilación.
M.O.: Parece que los minijobs los han inventado los alemanes, ¿es que no tenemos minijobs en España?
P.L.: Aquí siempre ponemos el ejemplo de Alemania, pero ojo cómo han evolucionado los índices de pobreza con los minijobs.
Nosotros los contratos parciales los hemos tenido desde siempre. Y tenemos el salario mínimo interprofesional en 640 euros. Si eso no es un minijobs…
M.O.: ¿Existen, por ejemplo, contratos de una hora para reponer los supermercados?
P.L.: Sí. Existen contrataciones de todo tipo. Cuando hablamos de datos de contratación, la gente a veces se sorprende porque son datos desconocidos, pero mensualmente en España se hacen cerca de 1,2 millones de contratos. Es un volumen muy alto de contratación. ¿Y a qué obedece? A que la mayoría de ellos son contratos temporales de muy corta duración. No hay apenas contratación indefinida. En esos 1,2 millones puede haber, en el mejor de los casos 100.000 que sean indefinidos, bueno ni eso, se queda en un 7% de contratación, con lo que el gran volumen es temporal. Y se hacen contratos de muy muy corta duración. De 7 días, de 4 días, se hace la trampa de que te contrato de lunes a viernes para no pagarte el salario del sábado y el domingo, etc.
M.O.: Este gobierno ha conseguido que los jóvenes a los que despreciaba con el descalificativo ni-ni, hoy sean, como muchos más, ni puedo trabajar, porque no hay trabajo, ni puedo estudiar porque no me puedo pagar las tasas o no hay oferta educativa. ¿Qué expectativas le quedan?
P.L.: Lo del ni-ni nunca me gustó. Ciertos estamentos sociales y fuerzas institucionales y política son muy dadas a hablar de esto de la ley del esfuerzo. Parece que toda la responsabilidad recae sobre la persona, de que estudie o de que trabaje. Y eso no así. Eso es una gran mentira. No depende de ellos. Puede haber muchas personas que hacen un esfuerzo extraordinario, pero como no parten de las mismas condiciones de igualdad ni de las mismas condiciones de poder acceder, no llegan a las mismas posibilidad de obtener el mismo resultado. Yo rompería con el ni-ni. ¿qué es esto de ‘ni quiero’? Los jóvenes quieren trabajar y quieren estudiar. Evidentemente, y quieren tener condiciones sociales, económicas y familiares para hacerlo. Pero lo que resulta es que no tengo oferta formativa, porque las comunidades autónomas no ofrecen plazas educativas. Y qué decir de la Universidad y la subida de las tasas, el recorte de las becas, etc. Luego, sólo hay siete familias profesionales, no se amplía el marco. Lo tienen muy complicado para estudiar. Y además es que no hay trabajo. Es que lo que hay que entender de una vez por todas es que da igual que el joven haga mucho esfuerzo personal, porque por mucho que haga, cuando llega al final, llega al punto último que es encontrar un puesto de trabajo. Y es que no hay puestos de trabajo.
O se hacen otras políticas para los jóvenes que apuesten decididamente porque haya un crecimiento económico o lo van a tener muy complicado, con todos los problemas que conlleva para la emancipación, para desarrollar un proyectos personal con familia o sin ella, da igual, pero establecer un marco propio de vida. Tenemos una generación que se está encontrando problemas muy grandes de frustración y a los que es muy difícil dar respuesta con estas políticas. Con otras sí se podría hacer.
M.O.: Antes comentabas que el día que se empiece a recuperar empleo no volverá a ser en las condiciones que hemos conocido. ¿Qué habremos perdido por el camino?
P.L.: No volvería a ser en las mismas condiciones de volumen de empleo. Hemos pasado de la lucha por conseguir derechos en el trabajo a una fase más de lucha por mantenerlo en este tiempo de recortes permanentes. Pero yo creo que más allá de esto hay que establecer mecanismos tanto de movilización como de diálogo, que son dos caras de la misma moneda. Y lo que hay que conseguir es que salgamos de esta crisis recuperando derechos que se han quedado por el camino y para eso es importante la movilización. Hay opciones que tienen que verse reforzadas. Y está claro que si se sale, se sale conjuntamente, no individualmente. Hay que hacerlo de forma conjunta con la movilización ciudadana que se ha traslucido en este último año, con la Cumbre Social entre el movimiento sindical y el movimiento ciudadano. Creo que una apuesta colectiva en esta dirección puede hacer que volvamos a reconstruir un Estado de Bienestar, a recuperar políticas públicas y hacer las cosas como se tendrían que estar haciendo.
M.O.: Ante la situación actual ¿cuáles son las propuestas y el plan de acción de Comisiones Obreras?
P.L.: Nosotros tenemos este mes de febrero el X Congreso de CC.OO. Hemos elaborado un plan de acción amplio. Pero lo que hemos estado intentado fundamentalmente, aunque haya quedado silenciado e invisibilizado por los medios de comunicación, que están al servicio del gobierno, es plantear que sí hay una alternativa a esta salida de la crisis, con unas políticas totalmente diferentes. Hay que hacer una política fiscal radicalmente diferente, de lucha contra el fraude, pero sabiendo dónde está el fraude, que no es ni en tres empresas ni en cuatro trabajadores que quizá no pagan a la Seguridad Social y tienen que hacerlo. Pero donde está el fraude es en las grandes fortunas que no tributan, en las SICAV, que tributan al 1%, en la recuperación del impuesto de Patrimonio y de Sucesiones, etc. Está en buscar una fiscalidad más equilibrada, más equitativa y más justa. No está en subir el IVA. Eso nos llevaría a una política de ingresos que podría evitar todo el ajuste en políticas públicas que se está realizando.
Luego hay que hacer otra política financiera absolutamente distinta, donde un montón de bancos nacionalizados que deberían estar al servicio de la ciudadanía y estar dando créditos.
El banco malo tendría que actuar de otra forma.
En nuestros documentos hablamos de la necesidad de una banca pública, pero en estos momentos los bancos nacionalizados deberían estar haciendo ya ese papel. El Instituto de Crédito Oficial, el ICO, tendría que estar haciendo su papel.
Nosotros creemos que aunque haya que hacer el ajuste del déficit no puede hacerse en los plazos establecidos, con lo que tiene que haber una ampliación de los plazos. Hasta el 3% no puede hacerse en el 2014.
Aparte, hay que hacer una apuesta definitiva por la inversión pública en educación, en sanidad, en servicios sociales, en dependencia. No recortes. La inversión pública genera puestos de trabajo, crecimiento económico, y toda la actividad colateral que conlleva y por tanto una reactivación económica.
Hay que hacer una apuesta importante en Investigación, Desarrollo e Innovación. No podemos ser el último país en patentes, como está sucediendo ahora. Y luego hay que sentar bases a medio y largo plazo que cambien nuestro modelo productivo. Porque si nuestro modelo productivo va a ser salir con otra burbuja dentro de tres años, me da igual cómo se llame, no vamos a superar jamás estas condiciones, va a ser siempre cíclico y contracíclico. Nosotros no podemos competir bajando costes sino con productos de valor añadido y una apuesta por la solvencia y por la excelencia, aunque no me gusta ese término, y por supuesto desde una economía sostenible. No sirve cualquier economía.







