
Recuerdos de una vida militante: Las miradas de José M. Nebot
Francisco EriceFundación Juan Muñiz Zapico (CCOO Asturias) /Archivo Fuentes Orales Historia Social Asturias / KRK
Escribe José Sandoval, correligionario de Nebot, en su libro de memorias (Una larga caminata) que “la historia de la lucha de un pueblo por una vida digna se teje con millones de historias personales”. La de José Manuel Nebot es, sin duda, una de ellas.
Además de las que atañen a su vida íntima y familiar, Nebot tomó dos decisiones fundamentales en su vida: una en 1942 y otra en 1965. La primera le llevó a elegir profesión, al entrar de chico de los recados en un estudio fotográfico. La segunda, a ingresar en el PCE. Sé que de ninguna de las dos se ha arrepentido.
Nebot ha sido y es, por tanto, fotógrafo y comunista. Pero decir esto, escuetamente, apenas da cuenta de una actividad vital tan variada e intensa como la suya. Ha sido también agitador cultural incesante, activo defensor del medio ambiente como cofundador de ANA (Amigos de la Naturaleza de Asturias), promotor de asociaciones y plataformas vecinales varias y, por supuesto, activista político tenaz en años difíciles, que lo mismo lanzaba octavillas desde su coche en una huelga campesina que visitaba a los presos de Soria o participaba en habituales reuniones clandestinas y, luego, prestaba su estudio y su casa para campañas electorales y alojamiento de los más conspicuos líderes que venían a Asturias, empezando por Dolores Ibárruri. Fue, asimismo, concejal a la fuerza, por pura disciplina, porque como él confiesa, nunca le ha interesado ocupar cargos públicos ni de dirección en el Partido. Y ha sido también no sólo fotógrafo, sino impulsor y dirigente de asociaciones de fotógrafos en Asturias y en España y promotor de asociaciones de autónomos y pequeños empresarios.
Por todo ello, Nebot puede ser calificado de “ciudadano” en el más genuino sentido democrático-republicano: no sólo por reclamar y ejercer derechos individuales sino por concebir la ciudadanía como activa participación en las tareas colectivas.
Las Memorias de Nebot llevan por título “Recuerdos de una vida militante”. Se refieren, por tanto, a la vida y a la lucha. Neruda tituló su libro de memorias “Confieso que he vivido”, y Marcelino Camacho, “Confieso que he luchado”. Pero ya un siglo antes Víctor Hugo subrayó la relación entre una y otra cosa cuando afirmó que “los que viven son los que luchan”.
Nebot ha tenido una vida plena porque ha sido un luchador de causas nobles y colectivas. Sintió siempre una pasión política que, en su caso, está muy unida a lo concreto, a la preocupación por las personas individuales. Es también un sempiterno cultivador de la amistad, un hombre de diálogo y de respeto ejercido hacia los demás y exigido para él; todo lo cual no está reñido, ni mucho menos, con ser un hombre de convicciones claras y firmes. Él sigue preocupado por lo que pasa en la calle, en esta época terrible en la que, como decía Albert Camus, a veces parece que, más que intentar rehacer el mundo para mejorarlo, casi tenemos que esforzarnos en evitar que se desmorone. Nebot continúa lo que aún le queda de camino fiel a sus principios y fiel a sí mismo. De todo ello, de un hombre bueno que jamás se arrodilló ni abnegó de sus ideas comunistas, se habla en este libro.







