Según mis noticias, estamos a punto de atrapar un nuevo sueño. Modesto, como muchas victorias culturales, pero muy importante. Algunos promotores y cargos públicos lo tienen cogido por el rabo, como si fuera una nube, y esperan que esta vez el sueño no se escape y se pierda por los espacios siderales del olvido: hablo de la posibilidad de que se consiga por fin el Museo de Pintura dedicado a la figura inolvidable de Ocaña, el pintor de Cantillana (en la vega sevillana del Guadalquivir) y del espacio urbano de las Ramblas, en el centro de Barcelona.
José Pérez Ocaña (1947-1983) ha sido no sólo el pintor de la crítica, de la vida pequeña de los pobres y de la alegría, sino también un personaje rompedor, enamorado de la libertad y de las nuevas formas de reivindicación y presencia civil, como se demuestra, a pesar de la losa estomagante de la España trentina, en su lucha por el reconocimiento y la igualdad en el espacio público del colectivo LGTB. Su espectáculo permanente e improvisado en las Ramblas, como travestido sin complejos, peleándose siempre contra las viejas respetabilidades, hicieron de él un símbolo de los nuevos tiempos y de la transgresión militante, siempre en sintonía con la izquierda.
El último verano regresó por unos días a Cantillana con la alegría desbordante de reencontrarse con los suyos y con los paisajes y calles que poblaban sin remedio su memoria; de reencontrarse con ese pueblo andaluz de los de abajo que siempre ha comprendido muy bien todas las tendencias sexuales. Se disfrazó de Sol, con un vestido que hizo él mismo a base de papel, tela y bengalas. Y como consecuencia de las heridas sufridas en aquel incendio que se provocó en torno a su cuerpo murió una semana después. Como dijo Carlos Cano: “Se fue vestido de Sol”.
Ahora hace falta responder a su vida y a su pintura tan especial, a la vez fresca y muy elaborada, de altísimo nivel; hay que buscarles un sitio en su pueblo, precisamente en este momento, en que muchas autoridades, cuando oyen la palabra cultura, echan mano de la pistola del recorte presupuestario. Precisamente porque son tiempos de ceniza, hay que ayudar y movilizarse en torno a quienes llevan más de un año pergeñando la idea, junto al equipo de Gobierno de Cantillana. Pero hace falta que respondan otras instancias: la Diputación, la Consejería de Cultura de la Junta, el Ministerio de Cultura también.
Un lugar en Cantillana, en Andalucía, para Ocaña, un lugar para su pintura. Un lugar al que poder llegar desde todos los rincones. Una cita segura con él y con su pintura. Estamos a punto de atrapar ese sueño. Acompaña la idea, por favor. Suma tu firma al manifiesto.







