Entre Chipre y las preferentes

Este es el resumen de la gestión de la crisis del euro. Primero han sido los Estados. Cuando estos no pueden más, se carga contra los depósitos y los sustitutos de los mismos.

Según la mitología clásica Afrodita nació en Chipre surgiendo entre la blanca espuma del mar. La serpiente marina de la crisis del euro también ha emergido en la hermosa y desdichada isla mediterránea, esta vez rodeada de una espuma bastante marrón. Prescindiendo del thriller de los mafiosos rusos, que también hay en otros sitios y sino que le pregunten a Antonio Romero, tras la crisis chipriota hay ingredientes mucho más familiares. En Chipre hay sol, playa y guiris que van a veranear; condición necesaria para una burbuja. Y Chipre está en el euro, con su banco central independiente y su libertad de movimiento de capitales. Esta es la condición suficiente.

Lo que hace a Chipre diferente es el descomunal tamaño de su sector bancario. Cuando Grecia cae, los bancos chipriotas reciben un golpe mortal. La decisión de devaluar la deuda griega, una vez que los bancos alemanes se habían desprendido de ella, los descapitaliza de golpe. El PIB de Chipre es de 18.000 millones de euros y el rescate necesario es de 17.000 millones. Es imposible para el Estado chipriota hacer frente a este agujero, luego hay que buscar el dinero en otro lado. Gracias a que Chipre es un paraíso fiscal como buena ex colonia británica, en sus bancos la tercera parte de los depósitos son extranjeros, sin contar con las filiales chipriotas de compañías de otros países. De ahí la idea de cargar contra los depósitos.

Con el caso chipriota la crisis del euro entra en una nueva fase. De un lado no se recapitalizarán los bancos con dinero público, lo que a primera vista no está mal. Pero el precio pagado por la eurozona es alto: la moneda única ha dejado de ser tal. Un euro chipriota no es igual que un euro normal; ni se puede sacar del banco, ni se puede pagar con él en otro país del euro. Otra de las normas “sagradas” del euro que se va por el desagüe: se acabó la libre circulación de capitales y el mercado único. La pregunta es, ¿puede eso ocurrir aquí? Hay argumentos para pensar que, al menos de momento, no. El principal es que antes de meterle mano a los depósitos aquí tienen a los primos de las preferentes y las subordinadas. Desde que empezó la crisis y mientras ZP y Mafo se esforzaban en convencernos de que teníamos “el mejor sistema financiero de Europa” (¿o era del mundo?), miles de directores de oficinas se lanzaron a convencer a pequeños ahorradores para que cambiaran sus libretas y plazos fijos por estos activos tóxicos “made in Spain”. Los bancos y cajas cogieron dinero para devolver a sus acreedores extranjeros y a cambio blanquearon sus balances. Pagaban un interés más alto pero, como se ha visto, llegado el caso no había que devolver el dinero.

Todo con una única finalidad; no tocar a los grandes bancos ni a los grandes capitales que los financian. Este es el resumen de la gestión de la crisis del euro. Primero han sido los Estados. Cuando estos no pueden más, se carga contra los depósitos y los sustitutos de los mismos. Esta solución durará poco, pero ¿quién dijo que el capital piensa a largo plazo? A largo plazo, todos muertos, dijo Keynes.

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