
Push the sky away
Nick Cave & the bad seeds
Estaremos de acuerdo en que ciertos músicos exhalan un halo extraño que nos atrapa por sus enigmáticas letras y manera de darles soporte musical. La lista es extensa, sin necesidad de entrar en nombres rebuscados. En los sesenta, dos compositores nos hicieron ver que la música podía ir cargada de poesía. Bob Dylan es uno de los más reconocidos y quizá el menos oscuro, gracias sobre todo a la amplia difusión de sus canciones y a los múltiples análisis de sus textos. Por esas mismas fechas empieza a despuntar otro joven, canadiense viviendo en los Estados Unidos, con canciones desconcertantes por su lirismo. Es Leonard Cohen, quien sigue en la misma línea; sólo hace falta escuchar atentamente su último trabajo. A finales de esa década irrumpe en la escena musical una fuerza inaudita en todos los sentidos. Jim Morrison con su banda, The Doors, cuecen sus piezas en el rock, la psicodelia y el jazz. Y Morrison escribe envuelto en un surrealismo complicado de descifrar, a lo que añade su porte sensual y una voz casi de ultratumba. Este grupo habría que completarlo necesariamente con otro maestro de las profundidades insondables como es Tom Waits, que cuando se pone oscuro no hay quien le gane, aunque si decide lo contrario se convierte en un cantante de voz melódica sobre bellos versos. Todos ellos conocidos por el gran público.
En una franja más para melómanos se sitúa David Sylvian, músico británico que hace del pop un arte entre lo electrónico, el rock progresivo, los arreglos de cámara y pinceladas de jazz. También Beth Gibbons, muy conocida por su grupo de trip-hop (estilo de música pop electrónica con fuerte acentuación rítmica en secuencias superpuestas) Portishead. Esta mujer publicó en solitario un embriagador álbum, ‘Out of season’, fuera de cualquier convencionalismo. Y termino este recorrido con músicos como el fallecido Alex Chilton con su banda Big Star.
Entre ambas franjas podríamos situar a un australiano llamado Nicholas Edward Cave, o sea, Nick Cave, cultivador de varias artes: música, literatura y cine. Ya de por sí su imagen nos desconcierta, lo que explota como actor. En sus facetas como escritor y músico ahonda en lo que su semblante nos transmite: inquietud. Comenzó con la banda The Birthday Party, pero su fama se cimentó con The Bad Seeds. Y ahí sigue, publicando discos intrigantes en sus letras, con fuerte carga erótica, imágenes brutales que sólo él nos podría explicar. En lo musical, es el blues, el rock, estructuras electrónicas y desgarros punk.
En el reciente nuevo trabajo, ‘Push the sky away’ (con una portada muy llamativa) se zambulle hasta tocar la sima de lo oscuro en letras enrevesadas, intimistas, donde no se intuye ni siquiera el hilo conductor. Y, sin embargo, el disco funciona porque la música es poderosa al fundir el blues y los arreglos electrónicos con coros algo gospel y suaves arreglos de cuerda. Junto a Nick Cave figura como músico, compositor y productor Warren Ellis, con quien fundara hace unos años el grupo Grinderman, paralelo a The Bad Seeds.
En este momento de la evolución hacia las canciones fáciles basadas en principios muy estudiados de popularidad casi garantizada, estos ‘forajidos’ del espectro musical alivian el yermo panorama creativo y nos dan motivos para seguir amando este arte.







