Dolores la emprendedora

El mismísimo Risto Mejide le ha recomendado que no busque trabajo, que lo cree.

Dolores se ha hartado. Ha decidido tomar las riendas de su vida. Va a ser emprendedora. Pero esta vez no es un capricho pasajero como cuando quiso ser banquera. Ahora va en serio. El mismísimo Risto Mejide le ha recomendado que no busque trabajo, que lo cree.

No podía esperar menos del señor Mejide. Se nota que es producto de la escuela de élite ESADE, donde estudiar durante un año te puede costar cerca de diez millones de pesetas. Una asequible “inversión”, como dirían los jesuitas que la poseen.

El anuncio de Risto es una señal, el empujón que le faltaba a Dolores para decidirse. Con el jornal de su padre no llegaba para esades, pero en el instituto aprendió bien la lección. “Ser pobre es de fracasados”. Y aunque ya han cambiado varias veces el sistema educativo, los chavales del barrio también lo saben. Todos quieren ser millonarios.

Al fin y al cabo, los libros de historia sólo narran las “epopeyas” de reyes y nobles endogámicos. Libros en los que nunca saldrán los fracasados de sus abuelos, pese a protagonizar las batallas que tanto admiran.

Los de economía, en cambio, imponen como dogma que el capitalismo es el único sistema económico que funciona. Y para que no lo olviden nunca, les ilustran con los ejemplos de El Corte Inglés e Inditex. Cómo levantar un imperio de la nada siendo emprendedor. “Si ellos pudieron, tú también puedes”. En el libre mercado todos tenemos las mismas oportunidades.

La mayoría se lo cree. Algunos, incluso, defienden sus excentricidades con la esperanza de llegar a ser como ellos. ¿Tú no te comprarías un Ferrari? No les enseñan que el origen de esa riqueza es el robo de su trabajo, que cada millón que ganan es un grillete más para perpetuar la esclavitud de los fracasados.

Por eso no diré que es innecesario cambiar el sistema educativo. Y aunque entiendo la urgencia de Wert por reinstaurar El cara el sol y el rezo de rosarios, ahora no debe ser la prioridad. Sería inútil. Da igual que sea pobre o le hayan impuesto un cuerpo esquelético para ser vendido como una mercancía más. Un estómago vacío no entiende de letras.

Primero hay que tumbar el antiguo régimen. Construir un sistema donde ningún alumno vaya en ayunas a clase. Así, y sólo así, se podrá enseñar en el colegio verdaderas historias de emprendedores.

Historias como la de Dolores, que se hartó de servir copas por cuatro duros y de ser la esclava del capullo de su marido. La mujer que ha dejado de ser invisible para organizarse junto a otros parias, otros fracasados que quieren salir en los libros de historia. La luchadora que pronto tomará las riendas de su futuro. Dolores la emprendedora. Lola la revolucionaria.

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