¿Dónde estamos cuando nos situamos “a la sombra de Marx”?

Reseña de «A la sombra de Marx: fragmentos de materialismo accidental» (Akal, 2025), de César Rendueles.
Producción fabril. Maquinaria capitalista siglo XIX | Fuente: Dominio público
Fuente: Dominio público

Rendueles somete a crítica el legado político e intelectual de más de una centuria del pensamiento de Marx y de sus herederos con el fin de discriminar los ingredientes válidos para las luchas emancipadoras de este siglo.

¿Cómo leer a Marx? A Marx se le puede de leer de muchas maneras e incluso hay autores que han centrado toda su investigación —o al menos una buena parte— en realizar una lectura de la obra de Marx para enseñarnos cómo debe ser leído el autor de El Capital (1867). Ahí están, al margen de las diferencias que puede haber entre ellas, las lecturas de Althusser o de Harvey.

Recientemente César Rendueles reunió un conjunto de pequeños textos escritos para intervenir en la academia en un ensayo titulado A la sombra de Marx. Fragmentos de materialismo accidental (Akal, 2025). He ahí la razón del título de esta reseña: ¿dónde estamos cuando nos situamos “a la sombra de Marx”? En el propio título tenemos la respuesta en la que dice estar situado el autor: en el “marxismo accidental”, pero ¿qué es el “marxismo accidental”? En principio esa respuesta deben de dárnosla los propios textos reunidos en este ensayo, con los que somete a crítica el legado político e intelectual de más de una centuria del pensamiento de Marx y de sus herederos a lo largo de la última centuria con un fin: discriminar los ingredientes válidos para las luchas emancipadoras de este siglo de los callejones sin salida transitados en nombre de Marx y que no deberían ser transitados en el futuro.

A la sombra de marx. Fragmentos del materialismo accidental
Cesar Rendueles
Akal, 2025

¿Cuales son, entonces, los títulos reunidos en este ensayo? Veámoslos: “La ontología social de Marx” en el que indaga en la tensión entre colectivismo e individualismo en el pensamiento de Marx; “El marxismo y la ética. La fraternidad explicada”, en el que se introduce en una lectura de la obra de Rawls y su interconexión con el marxismo ”europeo occidental”; “De la dialéctica al marxismo inferencial”, en el que sostiene que en el marxismo las explicaciones son fragmentos de un programa que visibiliza conexiones entre fenómenos que de otra manera permanecerían ocultos o aparentarían ser meramente coyunturales; “Revolución pasiva e intelectual colectivo. Gramsci y la democracia iliberal”, en el que toma pie en el “marxismo herético” de Gramsci para abordar algunos dilemas postneoliberales, entre ellos el hecho de que el neoliberalismo nos “ha arrojado a un páramo dominado por un puñado de figuras grotescas que poseen el suficiente dinero, poder y estupidez para ejercer su poder carismático-algorítmico sin la mediación de organizaciones formales tradicionales”; “De la hermenéutica al materialismo. Karl Polanyi y la crítica antropológica del capitalismo”, que aprovecha para revisar las alternativas económicas al capitalismo, principalmente el “sueño de una commonwealth socialista”, así como para hacer un balance de equilibrio entre el marxismo y las tesis de Karl Polanyi; “Teorías miserables o austeras. E.P. Thompson, Louis Althusser y Manuel Sacristán”, en el que aborda el legado de tres marxistas que marcaron los debates filosóficos en el último cuarto del siglo XX en busca de un “estatuto epistemológico” del marxismo, que en cuanto ciencia social “se parece más a la repostería, a la ebanistería o al teatro que a la química”.

Ahora bien, toda esa tarea teórica (la busca de los ingredientes —como en una receta de repostería— válidos para las luchas emancipadoras) están enfocados a fundamentar la única lucha posible en el actual contexto, es decir, el frente común climático, asunto al que dedica el epílogo: “La extinción del marxismo y el frente común climático”.

César Rendueles expone una tesis inicial: “la decadencia del marxismo en el siglo XXI —de su presencia política cotidiana, pero sobretodo, como herramienta para interpretar los grandes desafíos de nuestro tiempo— está íntimamente ligada al declive de su nervio internacionalista [en un párrafo anterior explicaba que ‘el marxismo es incomprensible sin una internacional’], a nuestra incapacidad de adaptar las teorías herederas de Marx a desafíos ecológicos globales que amenazan el futuro no ya de las clases trabajadoras de los inicios del siglo XXI sino de la humanidad en su conjunto, presente y futura”.

No hay duda de que la humanidad se enfrenta a una crisis ecológica sin precedentes: la combustión de hidrocarburos, la deforestación de las grandes pluviselvas ecuatoriales —como la Amazonia— y en general la degradación/contaminación de los océanos, el aire y la tierra, son causantes de un cambio climático que se manifiesta en el aumento de temperaturas, el deshielo de los polos y de los glaciares, la intensificación de fenómenos meteorológicos adversos (danas, huracanes, inundaciones, sequías…). Por esa razón, si queremos superar esta crisis tenemos que actuar ya; ahí está, en este sentido, la propuesta de Rendueles a intensificar las luchas, las tensiones, las contradicciones…, en otras palabras, a abandonar “el rechazo olímpico a los parques fotovoltaicos construidos por la codicia capitalista” por una apropiación liberadora de los parques eólicos y solares, porque eso significa que la lucha continúa y sigue siendo una opción nuestra supervivencia como especie.

Es bajo esta perspectiva emancipatoria que Rendueles nos invita a liquidar (extinguir) el marxismo y construir un “frente climático”, pero… ¿Es posible un “frente climático”?

Esa es la apuesta de Rendueles al afirmar que “un electrocapitalismo descarbonizado daría aire a las élites capitalistas, sin duda, pero aún habría gente viva para combatirlo”. No obstante, es ahí dónde reside la principal dificultad: no solo se trata de descarbonizar el mundo, hay que situarlo dentro de sus límites ecológicos; de hecho, desde hace más de 200 años nuestro modelo de desarrollo se ha basado en el uso de fuentes energéticas (carbón, hidrocarburos y uranio) y recursos minerales (hierro, aluminio, litio, cobre…) que son finitos y su horizonte de agotamiento está próximo, lo que va a dificultar incluso la transición descarbonizada y electrificada hacia un mundo más autosostenido ecológicamente.

Ahora bien, al margen de que se pueda considerar —como hace Rendueles— que la crisis ecológica ha hecho desaparecer el nicho ecológico en el que ha intervenido el marxismo en los últimos 175 años y que el movimiento ecologista ha desplazado la capacidad interpretativa y movilizadora del marxismo, lo cierto es que, como en más de ocasión recordaba Manuel Sacristán, el primer filósofo ecologista procedente del marxismo, la lucha ecologista no nos debe hacer olvidar la contradicción principal: la que existe entre el capital y el trabajo.

En este sentido, lo que urge es construir un horizonte utópico en el que el crecimiento ilimitado ya no se encuentre al final del camino, sino que sea devolver a la humanidad a lo que es: una especie biológica que tiene que vivir en armonía con la naturaleza; no obstante, en tanto que somos seres sociales y nos encontramos en un momento en el que las clases más desfavorecidas están en continuo retroceso frente a las fuerzas del capital, urge recuperar el pulso utópico que llevó al marxismo a luchar por el fin de la opresión. ¡El fin de la explotación social, también es el fin de la explotación de la naturaleza!

(*) Profesor de historia y antropólogo