La trascendencia de la figura de Carlos Giménez (Madrid, 1941) no solo está vinculada a la excelencia de sus dotes artísticas (decía el dibujante Jesús Blasco que es «el más talentoso narrador de cómics que tenemos»), sino a la consideración de que con él se consolidó la historieta para adultos en nuestro país.
En opinión de Pierre-Alain de Bois, autor de Carlos Giménez. De la denuncia a la transmisión de la memoria, el dibujante madrileño fue «un precursor en materia de cómic autobiográfico, e incluso un pionero de la memoria histórica del periodo de posguerra». En este empeño, el crítico Antonio Martín sitúa también a otros creadores coetáneos suyos como Enric Sió y Luis García, pero sus acercamientos al planteamiento autobiográfico fueron mucho más fugaces y episódicos.
Sin lugar a dudas, la serie Paracuellos es el punto de partida de un tipo de historietas que no había existido durante la larga noche del franquismo y que Carlos Giménez pudo empezar a publicar, no sin apuros, a partir de 1976. Sus dos primeros álbumes narran las desventuras de unos niños huérfanos o separados de sus familias que han sido internados en la institución falangista del Auxilio Social. Allí somos testigos de las continuas vejaciones, malos tratos y adoctrinamiento en el más rancio nacional-catolicismo a que son sometidas estas tiernas criaturas. El protagonista, Pablito, un alter ego del propio Carlos Giménez, será capaz de sublimar tantas experiencias negativas volcándose en su amor por los tebeos.
Como en tantas otras ocasiones, Giménez no obtuvo un importante reconocimiento en España hasta que sus historietas de Paracuellos fueron leídas por Gotlib y Jacques Diament y publicadas en Francia, a partir de 1979, dentro de la revista Fluide Glacial. Además, el autor español obtuvo por esta obra el premio al mejor álbum en el Festival de Angulema de 1981.
Casi en paralelo a la publicación de Paracuellos, Carlos Giménez dio comienzo en 1977 a otra serie de tintes autobiográficos, Barrio, en esta ocasión desde las páginas de la revista humorística El Papus. Ambas series se construyen en diálogo e interacción y forman parte, como señala De Bois, de «un trabajo global basado en sus vivencias de niño de la posguerra y pertenecen a lo que podría llamarse el “ciclo biográfico” del autor».
En principio, Barrio era un proyecto para ser recogido en un único álbum, en el que veríamos las andanzas de Carlines, que es como se denomina ahora al alter ego del dibujante, una vez ha abandonado los Hogares del Auxilio Social y puede volver a retomar el contacto con su madre y sus hermanos. A diferencia del mundo cerrado y opresivo de Paracuellos, ahora Carlines podrá disfrutar del horizonte y pasear por ese Madrid de mediados de los años cincuenta, recibir la tierna caricia de su madre o empezar a esbozar con más sosiego sus primeros dibujos. Sin embargo, el álbum muestras las terribles aristas de la sociedad triste y oprimida de ese momento: las secuelas del hambre, la dureza del trabajo infantil o el miedo a la represión.
Entre 2005 y 2007, Giménez retomará la serie Barrio con tres nuevos álbumes, en los que la dimensión autobiográfica es menor. Ahora se nos ofrece una visión caleidoscópica de la vida diaria de los españoles de a pie en el Madrid de la época. Los aspectos de denuncia social se amortiguan y las historias adquieren una tonalidad algo más ligera.
Desde hace algunos años, Carlos Giménez está poniendo punto final a todas sus obras principales. Así lo ha hecho con la publicación de tres volúmenes de Paracuellos, que se suman a los seis ya existentes, o con La última cena de los veteranos, que clausura la serie Los profesionales, que aborda las peripecias de los dibujantes de la agencia Selecciones Ilustradas durante los años sesenta.
Ha llegado el turno ahora de echar el cierre a la serie Barrio, con un quinto volumen titulado El debutante. Carlines vuelve a ser el protagonista absoluto, en un libro que nos muestra la evolución de ese adolescente aprendiz en un taller de porcelanas hasta su entrada como ayudante en el estudio del dibujante Martín Ruiz (trasunto de Manuel López Blanco en la realidad). Aquí nuestro protagonista se irá curtiendo en la práctica del oficio, al tiempo que forja amistades con otros historietistas con los que compartirá aventuras profesionales en el futuro.
Es muy curioso ver cómo coincide el retrato de esa pasión por los tebeos, que lleva a Carlines a peinar el Rastro y la Cuesta de Moyano de Madrid en busca de tebeos de su admirado Frank Robbins, con lo que aparece relatado en la novela de Víctor Mora Los plátanos de Barcelona, en la que el alter ego de este célebre escritor y guionista exploraba el Mercat de Sant Antoni para conseguir algún tesoro de Milton Caniff o Emilio Freixas. El destino caprichoso terminará uniendo en la vida real al dibujante madrileño y al guionista catalán en la producción de la serie Dani Futuro, uno de los primeros hitos en la prolífica carrera de Carlos Giménez.







