libro del periodista y escritor colombiano Hernando Calvo Ospina

«Calla y Respira»: Testimonio trepidante

Si algo deja claro el autor es que va a hacer y decir lo que quiera, sin chantajes. Eso le ha valido, ya como refugiado en Francia, ser incluido en la lista de “terroristas” de Estados Unidos.
Hernando Calvo Ospina

La presentación del libro, que contará con la presencia del autor, tendrá lugar el jueves, 13 de junio 2013, a las 19h en la librería Dalcó de Madrid (C/ Olmo, 18)


Calla y respira
Hernando Calvo OspinaEl Viejo Topo

«Calla y respira, es el derecho que tienes cuando sabes lo que no puedes contar. O miras lo que no debes». Así explica el colombiano Hernando Calvo Ospina el título de su último libro, un relato-testimonio de su desaparición, tortura y encarcelamiento en Quito. Por ser parte de una asociación de solidaridad con el pueblo colombiano (CESCO) y de la revista “La Berraquera», fue considerado por el gobierno de León Febres Cordero como agente de la subversión y el “terrorismo”.

Podría ser un libro angustioso, de los que toca leer. Pero desde la primera página, el relato de Hernando Calvo Ospina transpira sentido del humor y una pasión por la vida que le roban el protagonismo a la tortura, al dolor y a la tragedia de lo que supone haber sido víctima del terrorismo de Estado y un detenido-desaparecido en manos de torturadores profesionales. Verdugos adiestrados por Israel y Estados Unidos, apoyados por gobiernos europeos, como el francés y el español.

No por casualidad la edición francesa lleva el subtítulo «Tortura, prisión y corte de mangas». Ese gesto y la interjección con la que termina el libro resumen lo que hace el autor con el destino que parece inexorable cuando alguien ha sobrevivido a la tortura y se enfrenta al exilio. Ni amargura, ni sumisión ni aceptación del papel de víctima. Si algo deja claro Hernando Calvo Ospina en su testimonio y en su camino como periodista y escritor es que va a hacer y decir lo que quiera, sin chantajes. Eso le ha valido, ya como refugiado en Francia, ser incluido en la lista de “terroristas” de Estados Unidos (la misma “No fly list” en la que figuró Nelson Mandela hasta 2008) y que el Estado francés le haya denegado la nacionalidad hace poco. Parece, por su trayectoria, que su consigna sigue siendo la de hace 28 años: «¿Que nos callemos? ¡Mamola!»

«Calla y respira» es un homenaje a la vida, a la amistad, a la lealtad, al amor. En su descenso a los infiernos el autor no pierde nunca la capacidad de sonreír, la mirada profundamente rebelde de quien se niega a dejar de ser él mismo aún bajo las peores circunstancias. Porque junto al miedo y la desesperación, el dolor físico y psíquico, la repugnancia, el rencor que afloran en esas condiciones, encontramos a un joven que bromea, se conmueve ante los gestos de solidaridad, que no pierde ocasión de dar cuenta de su pasión por la salsa, que no deja de buscar una salida y ni un momento pierde el optimismo. Incluso cuando, después de ocho días ininterrumpidos de interrogatorios con golpes y picana eléctrica, apenas sin comer ni dormir, recoge un pedazo de vidrio de una mazmorra y lo esconde en el cinturón, para cortarse las venas antes de soportar más torturas o delatar, declara «amar sin bordes la vida y sus placeres».

El sentido del humor del protagonista nos rescata de la angustia cada vez, y nos descubre que la ternura puede a veces adquirir la forma de un perro que se acerca al cuerpo de un detenido por el que pasan los peores dolores, y en lugar de morderle, se tumba a su lado y le da calor…

El recorrido por las sensaciones y la minuciosidad en los detalles más increíbles, nos sumergen en el relato, que tiene ritmo trepidante y una trama propia de una película de acción, con conspiraciones, sexo, violencia, plan de fuga carcelaria y desenlace sorprendente, junto a elementos como la solidaridad, la dignidad, la amistad y los ideales.

Hernando Calvo Ospina consigue incluso que «comprendamos» la lógica brutal de la cárcel, y nos sorprende con facetas de sí mismo difíciles de imaginar. Él habla de la prisión de Quito hace 28 años, pero su relato nos permite imaginar la realidad que soportan hoy más de nueve mil quinientos presos políticos en Colombia.

Y es que, a diferencia de las películas de acción, el parecido de «Calla y respira» con la realidad no es pura coincidencia. Leerlo tiene consecuencias, hay que advertirlo, y una de ellas es que permite intuir la dimensión de la atrocidad del terrorismo de Estado, de la dictadura civil con elecciones, y sus efectos sobre las vidas de miles de personas.

El libro que a Hernando Calvo Ospina le ha llevado 28 años escribir obliga a preguntarse cómo es posible que sus torturadores, vinculados a un grupo paramilitar conocido como SIC 10 dependiente del Servicio de Investigación Criminal de la policía secreta, no solamente no hayan sido castigados por la justicia sino que ascendieran hasta altísimos cargos en la Policía y el Ejército. De ellos se pueden nombrar a Édgar Vaca Vinueza, que dirigió el grupo de exterminio y llegó a ser nombrado comandante general de la Policía por Lucio Gutiérrez; o Mario Pazmiño Silva, asesor del presidente Febres Cordero, quien ascendió a Director de Inteligencia del Ejército, hasta que Rafael Correa lo destituyó en 2008 por ser hombre de la CIA.

Los niveles de impunidad con los que Gobiernos como el de León Febres Cordero, Belisario Betancur, Felipe González o Ronald Reagan actuaron en la época bajo una impecable pátina «democrática» nos obligan a plantearnos qué cosas están ocurriendo en este momento, con la misma impunidad, con la misma complicidad o peor de los medios oficiales y con dimensiones, en el caso colombiano, que no han dejado de agravarse en las últimas dos décadas.

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