Después de la muerte del Comandante Hugo Chávez, líder indiscutido y aglutinador de voluntades, el Imperialismo intenta aprovechar el posible desconcierto y aprieta el acelerador para intentar desmontar los avances que se han venido produciendo en América Latina y el Caribe. No desdeña ninguna de las vías.
Apoya los golpes de estado en Honduras y Paraguay. Rearma la IV Flota con el objetivo formal de «Combatir el terrorismo», aunque el almirante Stavrides, entonces Jefe del Comando Sur de EEUU, decía que era para trabajar con más fuerza en «el mercado de las ideas, para ganar los corazones y las mentes» de la población en la región. Si no conociéramos a EEUU, resultaría cuanto menos curioso que para influir en ideas se rearme la IV Flota. Conociéndolo, resulta preocupante.
Aunque parezca que esa política había acabado con Bush, resulta que pocas diferencias (o ninguna) hay con el actual presidente, el Premio Nobel (preventivo) de la Paz, Barak Obama. Quien no solamente no ha desmontado Guantánamo, sino que tiene un Secretario de Estado, John Kerry, que con total desfachatez e impunidad dijo el 17 de abril pasado que América Latina y el Caribe “es nuestro patio trasero. Es de vital importancia para nosotros. (…) Necesitamos acercarnos vigorosamente y planeamos hacerlo (…) Trataremos de hacer lo posible para tratar de cambiar la actitud de un número de naciones, donde obviamente hemos tenido una especie de ruptura en los últimos años”. Cuando Estados Unidos dice que una zona o región es de vital importancia para ellos, es que hay que esperar cualquier tipo de acción que suele ser ilegal, violenta y encubierta. Experiencia dixit.
Se desarrollan virulentos planes desestabilizadores, encabezados por grupos mediáticos sumisos al Gran Amo del Norte y ligados a procesos dictatoriales que no pueden defender públicamente pero sí añoran. Las oligarquías nativas mantienen grandes cuotas de poder, y saben usar bazas como el desabastecimiento para crear malestar social.
El Imperio Yanqui intenta salir a la ofensiva. Dice Andrés Mora que “no hay que olvidar que precisamente la constitución formal de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en Caracas, de claro signo martiano-bolivariano, junto con el fortalecimiento del MERCOSUR como zona geoeconómica, tuvo como respuesta de la derecha criolla y del imperialismo la puesta en marcha de la Alianza del Pacífico”. Esta Alianza, con la dirección indiscutible de los EEUU, agrupa a los gobiernos más derechistas de la zona: Piñera en Chile, Santos en Colombia, Nieto en México y un nacionalista arrepentido como Humala en Perú. La flor y nata de la regresión social y el entreguismo local. Es una reagrupación de países que tienen firmados Acuerdos de Libre Comercio con EEUU. Así se pretende contraponer esta Alianza a los otros organismos regionales que tienen un signo evidentemente distinto, una idea de integración y solidaridad. Allí estaba presente Rajoy, llevando a España al escenario para actuar como comparsa de los que de verdad mandan. Dice Ignacio Kostzer, en Rebelión.org, que ‘la aparición de esta Alianza viene a terminar con un período de “repliegue táctico” de la política exterior de los gobiernos liberales en el continente’ y que además ensaya una estrategia de hostigamiento hacia el ALBA.
En cada país hay una encarnizada lucha en la cual los sectores progresistas o revolucionarios no siempre tienen la rapidez de aprendizaje de la derecha vernácula. Ver por ejemplo cómo Capriles en la campaña electoral salió a defender el nombre de Bolívar y a decir que los aspectos sociales del chavismo debían ser mantenidos. Pura palabrería para engañar. Quieren el poder para mantener o recuperar sus prerrogativas de clase.
LA DERECHA NO CEDE A NINGUNO DE SUS PRINCIPIOS
En Chile más de 100.000 manifestantes en Santiago de Chile piden una educación pública, gratuita y de calidad. El presidente Piñera declara: “Es su derecho, pueden marchar todos los días si quieren”, pero descartó cualquier cambio ya que “el Estado no tiene derecho a monopolizar la educación”.
En Guatemala, después de mucha pelea, se logra enjuiciar al ex presidente y dictador Efraín Río Montt, y se consigue la condena a 80 años de cárcel por genocidio. Un sistema judicial heredado de tiempos dictatoriales, resulta permeable a presiones de los poderes fácticos, y la Corte Constitucional decide revocar el fallo, dejando en entredicho la independencia judicial.
En Ecuador, las injerencias norteamericanas son burdamente notorias. A tal punto que participa abiertamente de un acto contra el gobierno, y donde se le acusa de negar la libertad de prensa. El presidente Rafael Correa le pone en su sitio, exigiéndole respeto al diplomático norteamericano al tiempo que alaba la decisión de su par boliviano Evo Morales de expulsar a la agencia yanqui USAID, que al igual que otros instrumentos norteamericanos trabajan en los países de América Latina y el Caribe encubiertos de organizaciones de cooperación o de lucha contra el narcotráfico, y en realidad se ocupan de financiar y organizar a los sectores afines a la política norteamericana.
El gobierno de Bolivia acaba de soportar una feroz huelga y movilización de la Central Obrera Boliviana, encabezada por los trabajadores de la estatizada Empresa Minera Huanuni, con demandas maximalistas que llevaban a la desestabilización de las cuentas del Fondo Solidario. Quince días de presión con una actitud que podríamos calificar de “infantilismo izquierdista”, que estaba siendo aprovechada por sectores de la derecha para socavar el apoyo popular a Evo Morales. Organizaciones sociales y campesinas le expresaron su adhesión participando en una multitudinaria manifestación en un acto de solidaridad bolivariana con la presencia de los presidentes Nicolás Maduro y Evo Morales.
Por su parte en Argentina, se produce la reagrupación de sectores de derecha y opositores en general con vistas al próximo proceso electoral (octubre de este año), con extraños compañeros de camino que une a sectores de la izquierda oposicionista con representantes de la burguesía que tienen sombras en las relaciones con la dictadura. Mientras los grandes empresarios del campo, de la industria y de las finanzas acorralan al gobierno con manejos de la cotización del dólar, que en un país acostumbrado a usar la divisa norteamericana en el día a día, es un tema de especial suspicacia para las capas medias, y por tanto elemento factible de desestabilización. Junto a campañas mediáticas contra la presidenta Cristina Fernández con acusaciones (sin pruebas) de corrupción, y hasta de homicidio. El gobierno contraataca con aumentos de asignaciones para los sectores de menos recursos, un acuerdo con grandes empresas para mantener estables los precios de 500 artículos de primera necesidad, y lo más llamativo es el anuncio de controles de esos precios con la militancia social y política. Esto último es una vuelta de tuerca en el debate por el poder en Argentina.
Finalmente en Venezuela continúan los intentos desestabilizadores con el acaparamiento de productos básicos y la generación de malestar social. Consciente de las dificultades, el presidente Maduro ha recorrido varios países de la región para cerrar acuerdos comerciales, sociales, políticos que apuntan a profundizar las vías de integración regional. El gobierno Bolivariano pasa a la contraofensiva con la idea del Gobierno de Calle, es decir aumentar la participación popular, la transparencia, la radicalización democrática y la profundización de la construcción socialista. Mientras tanto continúa la auditoría de los votos, que se realiza con la presencia de sectores diversos de la sociedad, aunque es de destacar que el caprilismo de la Mesa de Unidad Democrática no está participando de este recuento, con lo cual prepara el terreno para proclamar su desconocimiento de la auditoría, y esto lo hace con el apoyo notorio de los EE.UU. Cuanta más sombra se quiere arrojar, se responde con más transparencia, y en la auditoría participan representantes políticos, sociales, incluso de las embajadas, profesores universitarios, etc., y que hasta el momento han corroborado un 99,98% de resultados afirmativos.
El Imperio aprende. Los pueblos también.







