La Cumbre Alternativa de Atenas reunió a más de 180 organizaciones europeas

El manifiesto final reivindica un cambio de la correlación de fuerzas que acabe con la austeridad

Se reivindicó un impuesto sobre la fortuna, recordando que más de la mitad de la riqueza europea se concentra en un 10% de la población.

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Cierre del acto de presentación del Manifiesto de los Pueblos | Foto: Gema Delgado

La Cumbre Alternativa que el pasado 7 y 8 de junio, reunió en Atenas a más de 180 movimientos sociales, organizaciones y sindicatos europeos, fijó como “máxima prioridad” la construcción de una Europa basada en la igualdad, la solidaridad y la democracia auténtica. Así lo definieron en la Asamblea de Mujeres que abrieron los dos días de debate: “!Queremos otra Europa!”.

Esta Cumbre fue un primer paso para determinar los ejes comunes de la lucha y las acciones para construir una agenda de movilizaciones. Se llamó a la unidad de todos. Se dejó claro que había alternativas para construir esa otra Europa social con una verdadera democracia, no sólo política sino social y económica y que la forma de llevarlo a cabo es cambiando el equilibrio de fuerzas, “esa es nuestra responsabilidad” según consta en las conclusiones del manifiesto de los pueblos, titulado “Nuestras prioridades comunes y urgentes por una Europa democrática, social, ecológica y feminista. ¡Acabemos con la austeridad y reclamemos una verdadera democracia!

Hablaron de liberar a los pueblos de las presiones de los mercados, reclamaron una auditoría ciudadana para determinar la parte ilegítima de la deuda y su consecuente cancelación. A este tema le dedicaron dos mesas de trabajo. Expresaron su rechazo “a ser gobernados por una oligarquía europea que se ha auto designado”, e hicieron un llamamiento para acabar con la explotación y la opresión de las mujeres, doblemente victimas de la crisis, y romper con el patriarcado.

Denunciaron que las instituciones y los gobiernos europeos están sirviendo a los mercados financieros sin ningún respeto a la soberanía popular, y reclamaron la sujeción de dichas instituciones a un control democrático donde prevalezca el interés público. Hablaron de economía democrática y de la obligación de los bancos a servir el interés público. En esa línea plantearon, dentro de las “exigencias comunes y urgentes”, mandatar al Banco Central Europeo y otros bancos públicos europeos, y obligarles a que presten directamente a los Estados, con tipos de interés bajos, con una supervisión democrática y sin la exigencia de un programa neoliberal de reformas.

El manifiesto de la Cumbre, cuyos principios coinciden profundamente con las líneas de trabajo que ha venido desarrollando el Partido de la Izquierda Europea, “exige un cambio completo de las políticas de austeridad y otro modelo de sociedad que garantice la justicia social, la distribución equitativa de la riqueza, la sostenibilidad ecológica y la protección de los bienes comunes”.

Ese cambio pasaría, entre otras cosas, por un desarrollo de la inversión pública en el sector industrial y agrícola que sea capaz de resolver tanto la crisis ecológica como de crear millones de puestos de trabajo de calidad. También presionaron por un desarrollo de los servicios sociales y medioambientales, ampliando los servicios públicos como sanidad, investigación científica, educación, apoyo a la primera infancia, transporte, energía, agua, información y cultura, vivienda protegidas, etc, acabando con la privatización de estos servicios.

Los organizadores de la Cumbre hicieron hincapié en la urgencia de que toda Europa tome medidas para liberar a los pueblos de las presiones de los mercados y de las políticas de austeridad. Los firmantes del manifiesto pidieron un impuesto sobre la fortuna, recordando que más de la mitad de la riqueza europea se concentra en un 10% de la población. A esto se añadiría un sistema fiscal justo y progresivo, y la anulación de los impuestos al consumo, como el IVA, reduciendo drásticamente el impuesto sobre las materias primas.

El documento recuerda que hoy 120 millones de personas en Europa son pobres, que la austeridad ataca los derechos económicos y sociales y desmantela la protección social. En este contexto, los mercados imponen la competitividad como salida de la crisis, aumentando sus ganancias a costa de rebajar los salarios, quebrantar los derechos laborales y el papel de los sindicatos y dividiendo a la gente. Acabando con esa política de austeridad que empobrece a los pueblos de Europa, se acabaría con las crecientes desigualdades, y las tendencias xenófobas y fascistas contra inmigrantes, pobres, minorías, extranjeros y otros pueblos europeos.

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