Tercera vía

Los adeptos a la tercera vía intentarán marcar su posición estableciendo la distancia líquida entre IU y el PSOE, considerando constantemente la aritmética que puede dar acceso al poder.

La retromodernidad, que es una variante de superficie de la ideología dominante, está intentando colocar sus productos desde un escaparate bien iluminado. A través del terreno de la ideología líquida intenta anular cualquier movimiento “no amable” interponiendo constantes terceras vías, que promedian el ataque abrupto de clase y de ciudadanía indignada, y acercan su movimiento díscolo, pero menos, al reino de la felicidad sistémica.

La equidistancia, entre el sistema y la oposición real, crea una oposición amable que lo es porque, en el fondo, es parte del sistema, de ahí que se produzca una lucha civilizada, sin llegar al radicalismo ni a los extremos de la marginalidad. Es decir, se trata de ingresar (sin decirlo) en el sistema para, desde dentro, aprovechando ciertas fisuras, conseguir mejores cuotas de bienestar.

Con respecto a la izquierda “clásica”, que ellos consideran una antigualla, la línea divisoria es el estalinismo. Es decir, todo lo que no sea retromodernidad es estalinismo. Con lo cual realizan una descalificación de todos los comunismos a través de un pacto de respetabilidad con el sistema, que se lo paga en cuota de pantalla y con la cortesía debida a los que, en un momento determinado, pueden ser socios en la gestión del sistema, eso sí, una gestión “crítica”.

Todo muy líquido, muy móvil, muy equidistante. Realmente la tercera vía no existe en sí misma, sino como distancia móvil con respecto a las tácticas y movimientos del sistema y su oposición real. Se trata de otra de las capacidades de los seguidores de la tercera vía: son escurridizos, multiformes, angúlidos. No bien han adoptado una posición, pueden adoptar la contraria si así lo dicta la coyuntura periodística.

En el terreno de la política actual, los adeptos a la tercera vía intentarán marcar su posición estableciendo la distancia líquida entre IU y el PSOE, considerando constantemente la aritmética que puede dar acceso al poder, perdón, al gobierno; quiero decir que, en su ambigüedad universal, lo mismo hablan del bloque anticapitalista de IU con la calle, que del bloque con el PSOE, una vez este realice, eso sí, ciertos movimientos críticos, en los que, por cierto, el PSOE es maestro cuando está en la oposición. Son las cosas de este periodo líquido y hasta gaseoso. Que el señor nos coja confesados.

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