Alfredo Pérez Rubalcaba afirmó a mediados del mes de septiembre estar en contra de la privatización de la sanidad y recibió con satisfacción el fallo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid por medio del que se realiza la suspensión cautelar del proceso de privatización de seis hospitales madrileños.
Según Rubalcaba, su opinión y la del PSOE, van en consonancia con la protesta ejercida por la ‘marea blanca’ durante meses en las calles de Madrid y de otras muchas ciudades, porque el proceso de desposesión de los recursos públicos es un fenómeno que se está dando en todos los territorios del Estado.
No negamos que Rubalcaba esté en contra de la privatización de la Sanidad, pero lo que nos llama la atención es por qué ni él ni el partido que encabeza estuvieron tan radicalmente en contra cuando la legislación española abrió las puertas a la entrada del capital privado en los servicios estatales de Salud.
Corría el año 1997, había pasado un año tras la victoria del Partido Popular y el Gobierno de José María Aznar llevó a votación al Congreso la Ley 15/97 sobre “habilitación de nuevas formas de gestión del Sistema Nacional de Salud”. Esa ley, para entendernos abría la veda de la sanidad pública a la voracidad del capital privado (esa voracidad que ahora estamos viendo cada día). Dicha ley fue aprobada con los votos de PP, PSOE, PNV, CIU y CC. Entre los votos a favor del PSOE estaba el voto del diputado Rubalcaba.
Ése era el momento de la verdad para oponerse a la transformación de un derecho, el de disfrutar de una sanidad universal, gratuita y de calidad para todos los habitantes de este país, en un negocio. Pero, una vez más, Rubalcaba y el PSOE decidieron ponerse del lado del capital, y esta vez ni siquiera estaban en el Gobierno, estaban en la oposición, por lo que les habría resultado mucho más fácil oponerse a esta ley indigna si realmente se lo hubiesen propuesto.
Pero ahora al Rubalcaba renovador y socialdemócrata le toca defender a capa y espada la sanidad pública, esfuerzo loable por su parte, pero inútil, ya que cuando se hace un poco de memoria o se tira de hemeroteca, lo cual es mucho más fiable, se ve, una vez más, que el ataque a la sanidad pública es otro cadáver en el armario del social-liberalismo español.







