Rafael Hernando, Portavoz adjunto del Partido Popular en el Congreso, afirmó el pasado 4 de noviembre que «algunos se han acordado de su padre cuando había subvenciones para encontrarlo», en referencia a las tumbas del franquismo. Bien, más allá del lógico estupor y, dando por sabido que Hernando cuando dice lo que dice no dice otra cosa más que lo que quiere decir, exactamente, únicamente nos quedará una duda, ¿por qué ha tardado tanto tiempo en largar estas cosas que siempre estuvieron en su cabeza?.
Antes de lanzarnos a especular sobre el cavernoso mundo interior de su señoría, hay que hacer constar que, desde un punto de vista formal, las palabras del portavoz popular merecieron el rechazo de entidades como la Coordinadora Estatal de Apoyo a la Querella Argentina contra los crímenes del franquismo (CEAQUA), que denunció públicamente las declaraciones, por la “falta de respeto, sensibilidad y sentido común” del Sr. Hernando, y le “invalidan” como representante público. “Exigimos por tanto que rectifique públicamente o que dimita”.
Hernando no dimitirá, ¡si pensara en ello!, pero sí ha decidido en cambio que vuelve el momento de los suyos -¡cómo si alguna vez [los otros] hubiéramos tenido la sartén por el mango!-, es el momento de dar por concluida la mojiganga vocinglera y la libertad sin ira: vuelve el hombre adobado con ese perfume a venganza que solo los vencedores son capaces de irradiar. ¿Y quiénes son los vencedores?, pues esos mismos a los que, con trazos del Goya más negro, pintarrajeaba Manuel F. Cuesta Puerto en la necrológica de su heroico tío Rogelio: “Al pie de tu cama fueron llegando monstruos de cabezas planas. Sentados en infernal círculo reanudaron su legendaria conversación nunca interrumpida. Hablaron de la pertinaz sequía y de los polos de desarrollo. Por un instante recordaste con una sonrisa que te tuvieron encerrado en dos metros cuadrados por un águila de piedra”…
Si una primera consecuencia podemos extraer de la crisis económica es que está transformando la forma de pensar de muchos españoles. Aunque en el caso de Don Rafael no es exactamente así. No es que haya cambiado de forma de pensar, pues siempre pensó lo mismo (en ello le adiestraron), pero sí ha cambiado su forma de comportarse y ahora su lengua se mueve sin freno ni interrupción, a su aire…
Tanto hemos retrocedido en el plano ideológico y político que hace tiempo que perdimos de vista el accidentado varadero de la transición –pero varadero al fin- y nos adentramos en un escenario refranquista a la misma velocidad con que se mueve la lengua de Hernando. Lo llamativo es ese desenfreno que ya no le impide al Portavoz popular destrozar cualquier tipo de jarrón chino con forma de consenso. Más allá de esa evidencia, ¿qué mecanismo ha saltado en su ordenador de a bordo para que haya dejado de preocuparle que funcione o no el disfraz de camuflaje de una democracia formal y restringida?.
De un puntapié Hernando nos ha devuelto a la casilla de salida y, puestos a ello, no costaría demasiado esfuerzo imaginarle entre el grupo de asaltantes que irrumpieron en el centro cultural Blanquerna. Él, como genuino heredero destilado desde las cúpulas de los sectores más reaccionarios y franquistas; él, como español pata negra y de curso legal, ha decidido que la ilusión -¿o tal vez el engaño?- que fue la Transición, carece de sentido y no sirve. Así pues, la frágil criatura que siempre vivió sometida a un chantaje permanente: bien de los militares, bien de la OTAN , bien de los mercados, bien de la Troika, no ha podido avanzar demasiado desde el punto de partida.
En 2008 el diario británico Financial Times dedicó un editorial a la campaña para los comicios del 9-M. Entre otras casposidades del PP, sostenía que sus líderes actuales “no han completado el viaje desde sus raíces franquistas hasta un moderno partido de centro derecha”. En el caso concreto de Hernando no es que haya dejado de completar el viaje, es que él siempre consideró que aquello, más allá de una tapadera, era un viaje a ninguna parte…
Es curioso, pero la memoria del miedo se comporta de igual forma que los materiales con memoria molecular, que siempre acaba recuperando su forma inicial, quizá por eso con las palabras de Hernando, tan naturales en él, he sentido el mismo desasosiego que me produjo el arranque en la lectura de la ‘Leyenda del César Visionario’, la biografía que hizo Francisco Umbral sobre Franco: “En un Burgos salmantino de tedio y plateresco, en una Salamanca burgalesa de plata fría, Francisco Franco Bahamonde, dictador de mesa camilla, merienda chocolate con soconusco y firma sentencias de muerte”.







