La Conferencia Política del PSOE, giro a la izquierda ma non troppo

Algunas medidas bien intencionadas pero poco fundamentadas, o, peor aún, carentes de base política puesto que se basan en la quimera del “capitalismo responsable”.

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Durante un corto periodo de tiempo, ya que todo es efímero en esta sociedad de la comunicación jibarizada, ha campeado en los titulares una frase de Rubalcaba: ¡El PSOE ha vuelto! Desde los medios afines se ha presentado la Conferencia Política de primeros de noviembre como un giro a la izquierda; los adversos han contribuido a difundir el mismo mensaje presentando las conclusiones como si fueran las Tesis de Abril. ¿Qué hay de verdad en ello?

El resultado publicado se supone que define las líneas maestras del programa estratégico del PSOE. Comienza con los cánticos habituales a la Europa Federal, los eurobonos, la unificación bancaria, la creación de un “suelo” de gasto social; en definitiva, todo lo que el SPD acaba de pactar con Merkel que no se va a hacer. A otro nivel, las conclusiones se remiten a la recuperación del Estado del Bienestar abogando por constitucionalizarlo pero sin resolver cómo se compadecerán esas nuevas prioridades con la absoluta de la deuda y el equilibrio presupuestario. Se habla de igualar la carga fiscal sobre las rentas del capital a la de las rentas salariales, de recuperar la tributación del patrimonio y de elevar el impuesto de sociedades. El problema es que el coste global de la pretendida recuperación del gasto social no se cubre con los ingresos que se seguirán de dichas reformas fiscales. La cuenta no sale, como dice en El País del 15 de noviembre Víctor Gómez Frías, militante significado del PSOE.

¿Existen medidas que incentiven el crecimiento y así resuelvan el problema de la falta de recursos públicos? Aquí el discurso se funde con el dominante en la Unión Europea; competitividad y exportación. Se propone un “gran pacto” por la competitividad basado en la moderación simultánea de salarios y beneficios como si fuera simétrica la vinculación de los acuerdos para ambas partes contendientes. Se insinúa vagamente una política de control de precios y de desregulación de mercados, es decir sorber y soplar a la vez, y se aboga por rebajar cotizaciones a la Seguridad Social, medida opuesta a la recuperación de los ingresos públicos y sin apenas impacto en la contratación. Ni una palabra de empresa pública, y en materia de política financiera, aunque se propone la creación de una Banca Pública de Desarrollo, se limita a una concentración de los instrumentos existentes sin mentar el control de los depósitos, lo que supone renunciar a cuestionar la hegemonía absoluta de los grandes bancos privados. A largo plazo, la solución es la palabra mágica, el “emprendedor”; todo es cuestión de emprendimiento: el paro juvenil, la desigualdad de género, la Universidad.

Resumiendo, en el mejor de los casos algunas medidas bien intencionadas pero poco fundamentadas, o, peor aún, carentes de base política puesto que se basan en la quimera del “capitalismo responsable” del nuevo líder laborista británico, Ed Miliband (si su padre levantara la cabeza…). Una serie de propuestas seudokeynesianas que el propio sistema se aplica en dosis homeopáticas para poder seguir haciendo business as usual. De ahí que las propuestas de reformas políticas, y su traslado al propio partido, reflejen esa renuncia a modificar el sistema político de manera sustancial. Como prueba que la única propuesta en relación con la Monarquía sea la de eliminar la primacía del varón sobre la mujer en la sucesión; muestra simbólica de que no se va más allá de una capa de maquillaje para prolongar la vida del bipartidismo de la transición. Si bien es cierto que la Conferencia ha sido saludada como un avance hacia la izquierda, entre otros por Izquierda Socialista y miles de militantes bien intencionados, van a tener que seguir apretando. De lo contrario sólo quedarán las “meta-conclusiones” de la Conferencia que en síntesis son dos; Rubalcaba ha ganado algo de espacio para respirar con permiso de Susana Díaz y la cuestión catalana se aparca cubierta con una incolora funda federal. Como dijo Bertolt Brecht, cae el telón pero las preguntas siguen ahí.

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