Los camaradas de Concha Carretero, “sus hijos políticos y su nietos adoptivos”, como ella los llamaba, la han despedido hoy en un breve y dolido homenaje ratificando el compromiso de continuar la lucha por la memoria desde ese “escuadrón contra el olvido” del que Concha fue uno de los más incombustibles ejemplos: “Tu legado está en nosotros, en los comunistas, y en todos los que luchan por la memoria histórica”.
No sólo recordaron su legado político, el ejemplo militante y consciente desde los 14 años, primero en la JSU, luego en el PCE, también revivieron su humor, su resistencia, su sonrisa y su capacidad de lucha y de salir adelante, no sólo en la defensa de la República y la resistencia contra el franquismo sino a lo largo de toda su vida.
Pocos como ella fueron capaces de transmitir esa entrega y tenacidad en la batalla por la memoria, por la justicia y por los ideales de la República a las siguientes generaciones. Por ello, sus queridas juventudes rememoraron hoy sus palabras: “soy comunista de los pies a la cabeza, si me dejan, moriré cantando la Joven Guardia. Yo no moriré sentada en un sofá. Moriré de pie, con las botas puestas y el puño levantado para que los venideros lo recojan”. Con la promesa de seguir manteniendo ese puño levantado, y orgullosos de haber compartido militancia con Concha, sus camaradas la despidieron con la Joven Guardia y la Internacional.
Así dieron el último adiós en la lluviosa y gris mañana del 2 de enero a esa “gigante”, a quien Javier Ruiz, miembro de la Secretaría de memoria histórica del PCE, la llamó la “rosa bonita”, que hoy se une a las 13 rosas con las que compartió prisión en la cárcel de Ventas, asesinadas en las tapias del cementerio del Este. Concha ha sido incinerada hoy en este mismo cementerio.







