La comisión de cultura del PCE y Atrapasueños (editorial-cooperativa) planificamos lanzar un texto, con dibujos y reproducciones, sobre Dolores, especialmente concebido para niños y jóvenes. Se trata de difundir el conocimiento acerca de un gran mito de la historia española y del movimiento comunista internacional, explicando cómo se formó ese mito y qué sentido tuvo y tiene de cara al presente y al futuro.
“Pasionaria” firmó así aquel famoso artículo por coincidir su publicación con la semana santa, aunque después Alberti le dio otra resonancia a través de una flor del mismo nombre. Y partir de entonces la pasión y lucha de una política que dirigía y representaba pero que, a la vez, era gente, y nunca dejó de ser gente, a pesar de las distancias y los silencios, empezó a expandir su influencia de honradez, lucidez y combatividad.
Surgía de la “nada”, como pobre y sin estudios, como mujer, como dirigente entre hombres templados para la lucha. Y surgió sin ella mismo esperarlo, catapultada por una fuerza y un atractivo a veces inexplicable, pero que nada tiene que ver con los carismas ni con las llamadas políticas de imagen. “Buscando la liberación del duro trabajo en casas ajenas, mal alimentada y peor pagada, me casé con un minero al que había conocido en la primera casa en que presté servicios”. Y partir de ahí, una vez con tiempo, el despegue: la huelga de 1917, la primera a nivel estatal de corte revolucionario, radicaliza las posiciones de Dolores. A partir de una lucha constante, a corazón abierto, empieza a ser elegida en comités cada vez más representativos, hasta integrarse en 1930 en el Comité Central. La autocaracterización que hace, una vez consolidado el ascenso, no cambia sus coordenadas de clase: “Yo soy una mujer del pueblo, que ha llegado a ser dirigente del partido”. Detenciones, cárcel en varias ocasiones, su participación en el motín de los presos de Oviedo (“¡Camaradas, todos a la calle!”), sus discursos en las Cortes, que ponían a la gente corazón palpitante de soldado, sus mítines (“¡No pasarán!”. “Más vale morir de pie que vivir de rodillas”. Es preferible ser viudas de héroes que mujeres de cobardes”), hacen que sea la segunda de a bordo, detrás de Stalin, en el firmamento comunista internacional. Todo coadyuva a la edificación de una figura impar, incluidos sus silencios en el último periodo. Sus silencios o sus palabras, medidas, inolvidables: en junio del 77 participó en un mitin electoral en Madrid, ante unas 30.000 personas, y mientras los demás oradores hacían filigranas teóricas explicando el eurocomunismo, ella fue la única que habló sin simulacros, glosando la Unión Soviética y hablando del comunismo sin gasas ni aditivos (como cuenta Vázquez Montalbán).
¿Cómo explicar todo esto con sencillez pero sin caer en la simplificación? Estamos hablando de un gigante, un poco en la dirección a la que apuntaba Manuel Vázquez Montalbán en su libro Pasionaria y los siete enanitos. Y una advertencia final: Nosotros/as, quienes vamos a glosar y resumir su historia, quizás no lleguemos siquiera a enanitos.







