Un viernes 10 de enero la clase trabajadora burgalesa decidió, con hartazgo y organización, dejar de ser ninguneada por la oligarquía y sus políticos serviles, siendo el bulevar la gota que colmó el vaso; detrás de estas obras se escondía el atraco silencioso. Silencioso porque el entramado de medios de información no destapa la naturaleza violenta y de clase de estas políticas. Las vecinas y vecinos de Gamonal se habían quemado con esta situación, aunque los defensores de la falsa paz social que vivimos dijeran con indignación y fetichismo que eran los contenedores los que ardían.
La respuesta del Ayuntamiento ante la movilización al inicio de las obras fue la represión indiscriminada: palizas, cargas, identificaciones disuasorias, personas detenidas de manera arbitraria, toque de queda encubierto… Gamonal se convertía en un Estado policial, y ante esta oleada represiva, la solidaridad golpeó la mesa y entró en escena. Las redes sociales y algunos medios alternativos, en contraposición a la manipulación de los medios de comunicación del régimen, se hicieron eco de lo que pasaba. Yo tenía miedo de cómo habían sitiado Burgos; estas cosas sólo las veía por televisión y no me creía que Burgos precisamente fuese la cuna de la rebelión popular. “No estáis solos”, me dijo una amiga y compañera de Madrid. No he podido dejar de darle vueltas, porque es la verdad, nuestra clase no nos ha abandonado, sino que nos ha arropado y nos ha hecho suya. Aquellas palabras se convirtieron en hechos. A los cinco días de rebelión continuada, la mayoría social combativa de todo el país comenzó a salir a la calle en solidaridad con Gamonal, tanto por su lucha popular como por el apoyo a las personas detenidas. Un total de 48 ciudades convocaron movilizaciones durante aquella semana. Estas jornadas dejaron decenas de personas detenidas, como es el caso de Madrid y Zaragoza, y al igual que en Burgos, con antidisturbios acorralando al pueblo, intentando asfixiar la rabia legítima de la mayoría desposeída. A pesar de la criminalización mediática, la solidaridad no ha podido ser apagada por el capital.
Cada ciudad tiene su propio bulevar, con un fondo común: el capitalismo es injusto y corrupto. Cada obra faraónica conlleva el saqueo a la clase trabajadora, y el Estado reprime de cualquier manera para garantizar los intereses de la burguesía.
Tanto la Unión Europea, con la troika como ariete junto a los recortes del Gobierno español, como la especulación urbanística en unas obras municipales, responden a la dominación de una misma clase social que intenta perpetuarse por medio de la esclavitud de la clase trabajadora y el imperialismo. Por eso mismo, todas las veces que agradezcamos el apoyo desde fuera de Burgos serán pocas. La lucha de Gamonal es patrimonio de la mayoría social, y eso ha determinado que aquí se continúe en pie, sin tregua y con ilusión. No podemos hablar de triunfo como tal en nuestro horizonte estratégico, pero sí hemos ganado una batalla en el plano concreto (la paralización de las obras del bulevar de manera definitiva frente un Ayuntamiento arrinconado), indispensable para la victoria global. La conciencia de clase se ha fortalecido durante estas semanas, la cuál materializa la organización. Las vecinas y vecinos de Gamonal y todo Burgos saben que son clase obrera, y han señalado al enemigo real. La solidaridad de los pueblos retroalimenta esta lucha digna que sigue reivindicando la absolución para detenidas y detenidos, la dimisión de un alcalde siervo del régimen corrupto, y la constitución de otro modelo de sociedad a través del poder popular organizado.






