Todo el poder a los soviets…financieros

«La democracia conforme a los mercados”…Una práctica de gobierno que entrega el poder a consorcios político-económicos informales…como los hombres de negro de la Troika

Kalecki dijo en un famoso artículo (“las consecuencias políticas del pleno empleo”) que el fascismo es un régimen en el que no hay “próximo gobierno”. En los tiempos actuales, en los que el capital financiero es internacional y los partidos obreros no constituyen un riesgo, o por su tamaño o por su desnaturalización, sí se pueden permitir un “próximo gobierno”. Del mismo modo, también pueden prescindir de la corrupción como la conocemos hasta ahora. La corrupción política que hasta ahora hemos vivido es un pago a los políticos tradicionales para asegurarse que las decisiones fundamentales del Estado no entran en contradicción con los intereses de la “comunidad financiera global”. Sin embargo, los cambios institucionales que se van entronizando –“trimestre europeo”, techo de gasto, independencia de los Bancos Centrales, proliferación de cuerpos técnicos reguladores– permiten abrir espacios a lo que Ángela Merkel llama “la democracia conforme a los mercados”, una forma de gobierno informal, en estado de emergencia permanente, en la que se marcan objetivos y se toman medidas de manera que chocan con las normas políticas formales. El caso de la reforma exprés de la Constitución es una buena muestra. Una práctica de gobierno que entrega el poder a consorcios político-económicos informales, una especie de “soviets financieros”, como los hombres de negro de la troika que acaban de recordarnos que seguimos intervenidos.

En estas condiciones es posible incluso prescindir de la corrupción y, desde luego, no hay riesgo en cambiar de gobierno; al contrario, puede ser útil para alinear más directamente las palancas del Estado con los intereses del conglomerado empresarial y financiero. Pero no bastan los cambios institucionales sino que hay que crear las bases sociales para esta nueva dominación, que se basa en la eliminación de la diferencia entre economía y sociedad. ¿Cómo se crean esas bases sociales? A mi entender por dos vías complementarias, la cooptación de una parte de la sociedad –no es el 1% el que se beneficia de la crisis, el 20% de los salarios más altos han crecido– y la lumpen-proletarización de otra, a través de la destrucción de las conquistas sociales y laborales. Se consigue así, además, que el sector “normalizado” de la clase trabajadora, en retroceso, perciba como una carga a los más excluidos.

Aunque no lo parezca a primera vista, el neofranquismo arcaizante del gobierno actual es la parte más prescindible una vez cumpla su papel de abrir el espacio a una nueva dominación. Que esta sea un neofeudalismo, como dicen unos, o un fascismo blando, como dicen otros, es secundario. Lo cierto es que la política del futuro tiene que medirse por dos preguntas muy simples. Primera, ¿cómo pueden los mecanismos democráticos intervenir en los imperativos de la maquinaria económico-política? Segunda, ¿cómo se impide que los bienes comunes, incluida la liquidez, sean incautados por las finanzas? Sin responder a estas preguntas podemos encontrarnos incluso con una III República muy diferente a la que deseamos.

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