Tras el 22-M las movilizaciones en Madrid no han parado. Huelga de estudiantes, manifestación del sector educativo, los incansables trabajadores de Radio Televisión Madrid y el combativo sindicalismo industrial de Airbus y Coca-Cola, han ocupado día a día nuestras calles.
Todas son movilizaciones numerosas, que cuentan con un fuerte respaldo ciudadano y que se ha manifestado en formas diferentes, desde las marchas de los trabajadores y trabajadoras de Coca-Cola, concentraciones en las puertas de Airbus, encierros en las aulas, manifestaciones y huelgas estudiantiles. Todo solo seis días después del 22-M, una de las grandes manifestaciones que han tenido lugar en Madrid en los últimos años.
El debate del fin de la movilización o del reflujo del conflicto social no era más que el deseo, ya defensivo, de aquellos que quieren decretar el fin de la crisis y la vuelta a normalidad de una sistema, donde los recortes han sido para los ciudadanos y los millones para los bancos.
La respuesta que desde el bloque dominante se da al 22-M, desprende el fuerte temor que nuestra élite económica, política y financiera tiene en estos momentos: el miedo a que importantes sectores sociales lleguen al convencimiento, de que su mejora personal o ascenso social, no esté ya vinculado a la perpetuación de nuestro sistema inmobiliario y bipartidista, sino a su superación. En definitiva, que al menos en Madrid, los sectores sociales hasta ahora garantes de la perpetuación del modelo español, pasen a ser los sectores impulsores del cambio.
A estas alturas del año y con unas elecciones a la vista, la demagogia electoralista de los artífices de reformas laborales y de cambios constitucionales a la mayor gloria de los rescates financieros, obligan a definir qué entendemos por el cambio. Entendemos por cambio la necesaria superación de un modelo basado:
1. A nivel internacional, en una inserción periférica de España dentro de Europa.
2. Que basaba su modelo económico en torno a un eje inmobiliario financiero responsable del paro y la precariedad.
3. En lo territorial organizado en torno a un caduco modelo autonómico incapaz de dar salida a los conflictos territoriales que se nos abren.
4. En lo político, sometido a un modelo bipartidista y monárquico, que ha excluido a dos generaciones e importantes sectores laborales y profesionales, de la toma de decisiones en el país.
Nuestra crisis es el resultado de este modelo y nuestra crisis es precisamente, la única forma que tiene dicho modelo de perpetuarse. La vieja alternancia bipartidista solo es capaz de un cambio de gobierno, pero es incapaz de liderar los retos de la alternativa que la sociedad demanda.
El consenso basado en el esquema “democracia-Europa-globalización” ha fracasado. Se demanda otro proyecto de país, y eso solo pasa por construir una alternativa política ganadora en torno al eje “empleo-Estado social-democracia participativa”. Empleo en torno a una economía basada en las necesidades sociales y territoriales a través del cambio tecnológico; el Estado social en torno al federalismo y la vuelta a la fiscalidad progresiva y una democracia participativa superadora de las divisoria social existente entre “capacidades decisorias y trabajos de ejecución”.
Somos una sociedad capacitada para afrontar los retos del siglo XXI, pero a la que se le impone un modelo de relaciones laborales y de relaciones políticas más propias del siglo XIX. Este choque es la base del fuerte conflicto social que se abre en España, en especial en Madrid.
El potencial del cambio está en identificar los sectores sociales dispuestos a apoyar la construcción de una alternativa, y si IU quiere liderar esa alternativa, tiene que ser capaz de abrir nuestra organización al potencial de esos sectores y sintetizar sus demandas en un poderoso programa de gobierno y transformación para Madrid. Llamar a una convocatoria social por el cambio, en torno a un proyecto regional, basado en un programa de gobierno construido desde abajo en torno a la mayor participación social conocida.
Dedicar esta entrada a dos luchas ejemplares: la de los trabajadores y trabajadoras de Telemadrid y de Coca-Cola. Sois la dignidad de este país. Nuestra solidaridad y compromiso. El cambio será consecuencia de vuestra lucha.






