Las Marchas de la Dignidad del 22 de Marzo han sido un gran éxito. La clave ha sido la unidad de muchísimas organizaciones, mareas y movimientos sociales, aunque no ha sido fácil: en la trastienda de su organización ha habido mucho debate, encuentros y desencuentros, protagonismos, sectarismos…; pero la grandeza es haber superado todas las dificultades. La entrada de las columnas en los pueblos de cada ruta o en los barrios de Madrid fue muy emocionante y la manifestación de la tarde del 22 de marzo fue inmensa. Trabajadores de todos los sectores y mareas, jóvenes estudiantes, familias enteras con peligrosos radicales de corta edad que corrían y jugaban con globos en una gran fiesta ciudadana ¿Cuántos? Difícil de saber, pero con la vara de medir usada en otras manifestaciones históricas, se podría hablar de un millón. En una burda manipulación la policía y medios como El País daban entre 36.000 y 50.000 personas cuando deberían de conocer que solo de fuera de Madrid llegaron más de 900 autocares, trenes y muchos coches particulares de toda España. Los ocho carriles del Paseo del Prado y Recoletos, más los bulevares, en una longitud de más de 2 kilómetros estaba abarrotado. Por eso, cuando se miente tan descaradamente, se pierde todo el crédito. Y hay que recurrir a la prensa internacional y a las redes sociales para poder informarse.
Hubo estrategia de provocación gubernamental. Desde el comienzo de la movilización. El gobierno ignoraba las marchas, pero organizó un despliegue policial desmesurado. Había que intentar convertir una de las manifestaciones más grandes de la historia en un problema de orden público. No habían acabado aún los discursos en la tribuna, cuando se empezaron a producir las cargas policiales en Colón. Justo a la hora del telediario, para no mostrar las imágenes de la fiesta ciudadanas, sino de los incidentes. Ya estaba la fiesta empañada: 24 detenidos y 88 heridos, de los que 55 son policías y 33 ciudadanos. Las heridas más graves son de los manifestantes: pérdida de un testículo de un joven o de la vista de un ojo de otro. Pero se manipula la información para criminalizar la protesta, impulsar el inconstitucional proyecto de ley de “inseguridad ciudadana” y endurecer la represión sobre los detenidos.
Este gobierno es un peligro para las libertades. Atenta contra la Constitución cuando detienen y retienen a un centenar de autocares que venían a Madrid, arrasan con violencia el intento de montar una acampada contra el pago de la deuda. Las cargas policiales, las pelotas de goma y botes de humo, antes de acabar el acto, pudieron poner en riesgo la seguridad de muchas personas que transitaban pacíficamente por la plaza de Colón y alrededores. Como dice la Coordinación Estatal de las Marchas de la Dignidad: “Hubo un ejército policial que usó porras, escopetas y gases lacrimógenos para vulnerar el legítimo ejercicio del derecho de reunión. Fue un montaje policial urdido desde el Gobierno que vulneró derechos fundamentales como el de reunión y manifestación”.
Grave error de Toxo y Méndez al reunirse con Rajoy y el presidente de la patronal para recuperar el diálogo social. Ni al que asó la manteca se le ocurre sacarse una foto con Rajoy en vísperas de una movilización apoyada por sus organizaciones. Se habla de negociar temas como la formación continua y de los salarios (hasta ahora devaluados) o de “dialogar” sobre la reforma fiscal. Ni una palabra de aquello que estrangula a los trabajadores: la reforma laboral, la de pensiones o el desmantelamiento de los servicios públicos. La foto en sí misma supone un balón de oxígeno para Rajoy, al que las encuestas le dan perdedor de las elecciones europeas. Con ella, con Cataluña, vendiendo la expectativa de una reforma fiscal y una dura política de orden público, intentará recuperar votos el 25 de mayo. Por eso la pregunta a hacer es ¿A qué juegan los dirigentes sindicales de CCOO y UGT? Es vital la regeneración de los sindicatos, porque son más necesarios que nunca para los trabajadores, pero es dudoso que estas cúpulas sindicales lo puedan hacer.
Estoy con los bomberos de Madrid de CCOO, con el sector federal de la Administración de Justicia de CCOO y otros sectores: esa foto no representa a los miles de militantes sindicales de CCOO y UGT que se están partiendo el pecho defendiendo a los trabajadores en sus centros de trabajo. Ni tampoco les hace ningún favor a los retratados. Su ausencia no fue la única. Hubo otra clamorosa, la de dirigentes del PSOE, que siguen apoyando el golpe de estado contra el pueblo que supuso el artículo 135 de la Constitución.
Lo único cierto es que la situación social es de catástrofe. Con la política neoliberal del PP se baten todos los record de desigualdad. Así no podemos seguir.
Continuidad de la lucha
Existe una urgencia política. Que los objetivos de la Primavera de la Dignidad tengan éxito dependerá de la continuidad de la lucha y de su carácter pacífico y masivo, de la unidad y del salto de escala al plano político. Porque la recuperación de derechos y libertades, si queremos que sea lo más rápida posible, habrá que conseguirla con la lucha y con las leyes de un gobierno progresista que desmonten las leyes reaccionarias anteriores. El 22-M los ciudadanos respondieron masivamente al llamamiento a salir a la calle por reivindicaciones justas. No tengo ninguna duda de que también responderían con entusiasmo a la llamada electoral para votar una lista unitaria. Y este es el salto de escala que se necesitaría dar. Esta debería ser la principal lección del 22 de Marzo. Lo que nos jugamos es mucho más que vaya un puñado de diputados al parlamento de un proyecto europeo que no tiene ningún futuro mientras no se preocupe de las personas. La unidad no suma, multiplica y demuestra capacidad de consenso, de resolución de los problemas, que es posible hacer las cosas de otra manera. Una derrota en las urnas del PP deslegitimaría su política antisocial y de recortes, haría más difícil nuevas agresiones o un gobierno de coalición PP-PSOE y se podría exigir el adelanto de elecciones generales. Ni más ni menos.
La izquierda no puede seguir jugando a los equilibrios de sus aparatos o a priorizar la construcción orgánica de pequeñas organizaciones, todo ello trufado de un duelo de narcisismos. Es una pequeña política que no está a la altura de las circunstancias históricas y que conduce al suicidio. La izquierda debe estar preparada para asumir su responsabilidad. De lo contrario, movilizaciones como la del 22 de Marzo no desarrollarán toda su potencialidad de cambio político transformador. Y el proceso constituyente y la III República tendrán que esperar.






