Llegamos al Parlamento Europeo, una instancia creada precisamente a partir de la derrota del fascismo y el nazismo en 1945 para decir que en España el franquismo, o sea, el fascismo, se asume con toda normalidad. La España democrática no ha hecho, como sí lo hicieron Alemania, Francia e Italia, política de reconciliación desde la justicia y la reparación con las víctimas y sus familiares. Más al contrario, esa normalización está dibujada bajo un perfil de dictablanda, lo menos malo, favorecida por los desmanes de un sistema político, la II República, caótico y desestabilizador. No hubo represión, no hubo oposición al régimen y, por tanto, no hubo desaparecidos, robo de niños, depuraciones, exilio ni deportación. Y, como no lo hubo, no se estudia en el sistema nacional de Enseñanza.
Y tenemos tan asumidos esos valores del franquismo que aún hablamos, en general, de guerra civil, cuando no lo fue. Vayamos a cualquier otra país de nuestro entorno, Gran Bretaña, por ejemplo, y allí saben –porque así se lo han explicado sus profesores en clase- que el conflicto de España fue el ensayo, el prólogo de la II Guerra Mundial (también lo sabían los gobernantes, los dirigentes republicanos que resistieron hasta la traición de Casado y los opositores clandestinos que mantuvieron en el interior después de la misma), guerra, como la nuestra, de defensa de la democracia y contra el fascismo internacional. La misma maquinaria bélica que bombardeó Málaga, Guernika o Madrid, por ejemplo, meses después bombardeó Londres. Y así se les enseñó, se les enseña y se les enseñará a los alumnos británicos.
Es por ellos que les exigimos a los diputados y diputadas españoles que forman parte de los grupos parlamentarios europeos –IC, PSOE, Bildu, PNV y, evidentemente, IU- que nos quisieron escuchar que, sin dilación, se equipare, de modo formal e institucional, el franquismo con sus regímenes nazi y fascista. Los tres son sinónimos, se compenetraron, se ayudaron entre sí. Eran lo mismo, tenían la misma lógica, los mismos intereses, las mismas fórmulas de pervivencia –eliminar al opositor- con una sola diferencia: el franquismo venció en la guerra y dirigió el país, nominalmente hasta 1978, pero cultural, sociológico, judicial se mantiene. Y ahora también en la política del actual gobierno central.
Por eso apoyamos, entre otras cosas, la creación de una Comisión de la Verdad que permita investigar lo acontecido durante la dictadura en España y facilite la aplicación a los represaliados y a sus familiares de la justicia y reparación que les corresponde como ciudadanos europeos que son, que somos.
Mundo Obrero digital ya dio en su día cuenta de las organizaciones participantes en aquella jornada parlamentaria europea, no vamos a repetirlos. Ahora hay que esperar la respuesta a los compromisos allí adquiridos y el alcance que puedan tener allí y, consecuentemente, aquí. Nos parece fundamental la internacionalización de este proceso, una vez cerradas, por el momento, las vías nacionales y las reformas (Ley de justicia internacional) a la contra que se hacen, o el no desarrollo y aplicación (Ley de Memoria) del marco hasta ahora existente en nuestro país, salvo honrosas excepciones en alguna comunidad autónoma, como la andaluza, que acudió con nosotros a explicar las políticas de memoria que se aplican en el territorio de su competencia desde la Dirección General para ello creada.
Y dejar patente en el broche final de esta columna, la orfandad política, intelectual y moral en la que nos deja la desaparición de Armando López Salinas.
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