Las epidemias del 22M

El cálculo que aportó el Gobierno de Mariano…era coincidente, dicho sea de paso, con el de ese diario ejemplar y modélico de la izquierda progresista.

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Las Marchas de la Dignidad que convergieron en Madrid y concluyeron con la masiva manifestación del pasado 22 de marzo, fueron responsables de varios brotes epidémicos con graves consecuencias psicológicas.

En primer lugar, provocaron una contagiosa epidemia de DIGNIDAD, con mayúsculas, que se expandió por todo el Estado y alcanzó su punto febril en las calles de la capital del Reino coincidiendo con el inicio de la primavera. Madrid continúa sin playa, pero por un día tuvo un mar multicolor en el que destacaba el rojo, el color de la dignidad obrera.

Las Marchas de la Dignidad provocaron también una epidemia de “aritmetitis” o aritmética mórbida, que ocasiona serios errores de percepción. Teniendo en cuenta que los responsables gubernativos han demostrado desconocer las cuatro reglas elementales, resulta difícil imaginarse a dónde nos puede conducir el modelo educativo de la ley Wert. ¡Que Marx nos pille confesados!. Es posible que alguien se haya creído la cifra oficial de 50.000 asistentes pero sin duda tiene que mirárselo. El cálculo que aportó el Gobierno de Mariano, el mentiroso patológico, era coincidente, dicho sea de paso, con el de ese diario ejemplar y modélico de la izquierda progresista del mundo del yuppie que es El País. En todo caso, para los que no quieren desconfiar de los que hacen el recuento desde el helicóptero, decirles que, por la misma regla de tres, al día siguiente el estadio Santiago Bernabeu lo llenaron 3.000 personas para asistir al clásico balompédico Real Madrid-Barcelona; unas trescientas o cuatrocientas más de las que hicieron cola para visitar la capilla ardiente del expresidente Adolfo Suárez.

Por cierto, gracias al fallecimiento del fundador del centrismo político español hemos descubierto las ventajas de morirse por anticipado. Le dices a un pariente directo que anuncie tu muerte dos días antes y tienes la oportunidad de leer tus necrológicas o descubrir a aquel cabroncete que te la tenía jurada y no ha podido evitar un brindis premortem. Descuelgas el teléfono y le cantas las cuarenta antes de invitarlo a tu entierro.

Hubo también el 22-M una epidemia de mutismo generalizado en los medios de desinformación masiva. Los expertos de la marea blanca señalan que la mayoría de los diarios y televisiones presentaban un cuadro clínico de pánico y manifestafobia, difícilmente corregibles sin cambio de sistema.

Pero no terminó ahí la cosa. Los máximos dirigentes sindicales de CC.OO., Ignacio Fernández Toxo, y de UGT, Cándido Méndez, sufrieron un episodio severo de desorientación y pérdida de conocimiento. Armados con banderas de sus respectivos sindicatos, los dos secretarios generales partieron decididos a unirse a las Marchas de la Dignidad. Su audacia no tuvo recompensa, porque tras un fenómeno paranormal, y por lo tanto inexplicable, se vieron abducidos por el Palacio de la Moncloa. Una vez allí, decidieron abandonar por un instante los estandartes del sindicalismo de clase y conversar amistosamente con sus anfitriones y contertulios. La mencionada amnesia temporal les llevó a confundir a aquel señor de barba que presidía la mesa, aunque Toxo, pillabán, le susurró a Méndez que desconfiaba, porque Gordillo llevaba corbata en lugar de pañuelo palestino y el acento parecía más de su tierra que sevillano. Fue dicha abducción, y no cualquier otra causa esgrimida por las lenguas maldicientes, la que impidió la presencia de los líderes sindicales mayoritarios en la marcha del día 22 de marzo.

Después de la monumental manifestación se rumorea que Rouco Varela y los suyos desean cambiar el espacio para sus misas anuales por la familia cristiana, debido a la dificultad de exorcizar de la presencia masiva de ateos y herejes la plaza de Colón, la misma plaza que sirvió para el reparto de hostias en ambas movilizaciones, aunque no todas hayan sido consagradas. Del enfrentamiento con la policía prefiero no hablar, para provocar una sobredosis con el tema. Prefiero plantear una pregunta en positivo: ¿a cuántos manifestantes de la dignidad se les habrá ocurrido izar una superbandera tricolor en el mástil de Colón? Todo se andará. Porque si juntásemos la tela de las tricolor presentes en Madrid el día 22 llenábamos la Castellana. Desde 1931 no se había visto cosa igual.

Y por último, hay que destacar una epidemia en creciente expansión de banderas comunistas. “Fuentes bien informadas” han comentado que no ondeaban tantas banderas del Partido desde los años de la Transición.

— Y digo yo… ¿aquí no haría falta una Revolución?
— Y luego, ¿por qué me lo preguntas?

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