Exequias

Con lo de Suárez nos ha salido el cacao maravillao que los días de cada día llevamos dentro y nos hemos puesto estupendos y costumbristas.

A Armando López Salinas

Independientemente de los motivos y por encima de las modas, ahora también llamadas tendencias, al pueblo llano y bizarro lo que le gusta es sentirse y proclamarse. Así da lo mismo que el personal tenga que aguantar carros y carretas para plantarse ante Nuestro Padre Jesús de Medinaceli o soportar chuzos de punta para dar el último adiós a Adolfo Suárez. El caso es estar ambientados/as y tener algo de qué hablar, y si encima tenemos la suerte de que en el ínterin se nos aparezca la reina Sofía para cortejar el Ecce Homo de Medinaceli, como se han dado casos, ya tenemos la ocasión perfecta para amenizar la espera y corear aquello de ‘reina sí, Corinna no’, que une mucho y flamenquea demasié…

Lo dice Serrat, que es argumento de peso y federal: “La gente va muy bien para formar ejércitos / y para dar ambiente”, y viceversa, a la peña le basta y le sobra con una de pipas para echarse a la rue de San Jerónimo con un banderín del CDS y llamar la atención para ver si le sacan en el programa de Ana Rosa, que de eso se trata y lo demás es disimular. Nada de esto se le escapaba al de Cebreros –‘Esculpido a navaja’, según Manolo Fernández-Cuesta-, y el mismo Adolfo ya lo dijo en alguna ocasión cuando le preguntaban por los sondeos del CIS en los que siempre salía como la personalidad política más valorada, “yo lo que espero –decía Suárez- es que me valoren menos y me voten más”. Pues eso…

Hacer una cola de agárrate y no te menees en Carrera de San Jerónimo puede tener su recompensa si al final, en el Salón de los Pasos Perdidos, te das de bruces con la estampa bucanera del torero Padilla, que es como el holograma de un ectoplasma o casi. Entrar en el Palacio de la Cámara Baja en un día que huela a pompas fúnebres siempre asegura sorpresas y temas de conversación, pues en el trayecto –como en una metáfora de la vida- te vas cruzando con todo tipo de personajes recién escapados de -una viñeta de Mingote: floristas con mandil (¿o al revés?), padres de la patria ejerciendo ad aeternum, redactoras de Tele 5 en busca de la anécdota filosofal o al trío formado por Willy Meyer, Centella y Cayo Lara recomponiendo ‘Il Quarto Stato’ de Volpedo, que no de Bertolucci.

Todo lo que ha ocurrido estos días alrededor de Adolfo Suárez señala una realidad tan frustrante como irremediable; al pueblo español le ocurre lo mismo que al finado, es decir: “Juró cargos con diferentes chaquetas y todas le sentaban bien” y así es muy complicado entenderse, salvo que nos salga el toro de nuestra vida y culminemos faena contra todo pronóstico. Esto último parece ser lo que aconteció con la cosa de la Transición, más allá del galimatías y las confusiones permanentes en torno a si hubo o no ruptura, si fue reforma y qué tipo de reforma. Dejemos esas cosas para Manolo Monereo y un próximo curso de verano, que lo nuestro va por derroteros más de andar por casa en bata guateada.

Da que pensar y tiene bastante guasa el asunto que nos hayamos pasado años, y hasta décadas, sin que una triste sala del Congreso de los Diputados, ni pasillo ni hall ni dependencia alguna recuerde el nombre del “hijo político de Herrero Tejedor” y resulta que por la vía rápida -¡marchando una de huevos duros!- nos hemos sacado de la entrepierna un aeropuerto internacional como si dijéramos, Aeropuerto de París-Charles de Gaulle o Aeropuerto Internacional John F. Kennedy de New York. ¡Para que luego digan de Rajoy que es persona indolente y lenta en el decidir! Ahí le tienen, señalando el nombre futuro que llevará el aeropuerto de Pontevedra. Todos los grandes mandatarios emiten señales, eso se dice, y Rajoy puede que se esté comunicando con nosotros para decirnos algo de cara al más allá…

Escribía Raúl del Pozo (se puede confundir con Raúl Júcar…): “Madrid tiene fascinación por los entierros, aunque sea el de una sardina. El pueblo se purifica en los sepelios y amontonamientos. Cuenta Cela en ‘La Colmena’ que en la cafetería de doña Rosa muchos de los mármoles de los veladores habían sido lápidas. Los niños jugaban al fútbol con las tapas de los sesos en el Campo de las Calaveras”. Ese es el asunto, con lo de Suárez nos ha salido el cacao maravillao que los días de cada día llevamos dentro y nos hemos puesto estupendos y costumbristas como en las grandes paradas. Hubo quien sugirió música para amenizar la espera y hasta un caldito de Lardhy para sobrellevar las inclemencias. No obstante ahí el presidente Posada se mantuvo en su sitio, sin estrecheces pero sin estridencias, pues hubiese quedado pelín electoralista que, en vísperas de las europeas, nos hubiesen puesto una megafonía con el «habla pueblo habla. Tuyo es el mañana. Habla pueblo habla…»

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