
Poèmes Politiques
Paul Eluard
Cuando un mandarín de la actual poesía española, afirma que muchos poetas que creyeron en la utopía descubrieron años después que sus ilusiones habían sido una mentira y que éstas les habían conducido a ser dueños del vacío, un territorio en donde se dieron cita sus quimeras personales, no nos debe condicionar la lectura de la poesía de aquellos poetas, que durante su vida asumieron un compromiso político en el estricto sentido sartriano, aún más, la postmodernidad no nos puede imponer un historicismo, supuestamente crítico, que forma parte de un revisionismo tanto de la cultura como de la política o de arrepentimientos con nuevas cartas de naturaleza.
Paul Eluard murió un año antes que Stalin. Para Raymond Jean es difícil decir si esta situación fue buena o mala, favorable o desfavorable. Fue malo, nos dice uno de sus mejores biógrafos y comentaristas, porque su poesía más comprometida, animada por una exigencia de “razón” y de “justicia”, hubiese encontrado en el universo post-estaliniano una justificación, una suerte de realización total de la que no hubiera debido sentirse frustrado. Y bueno, porque le fueron evitados ciertos despertares que habrían podido ser penosos y, porque finalmente, al morir de acuerdo con sus elecciones políticas, se benefició del prestigio excepcional de ser un poeta resistente. Para un lector actual, con otras perspectivas y otras realidades, le queda leer un poeta que, entre el sueño y la realidad utópica, eligió transformar la poesía y el mundo para conseguirla.
Paul Eluard publica Poemas Políticos, (1948) después de haber recorrido un largo trayecto tanto vital como literario. Su vida y su obra se corresponden y confunden en la medida en que los límites de la literatura y sus actores se entrecruzan en todos los campos definidos por Pierre Bourdieu. El lector de Mundo Obrero (septiembre y noviembre, 2012) tiene una breve noticia de la vida y obra de Paul Eluard, biografía que es tan difícil de acotar como su prometeica obra poética, aunque creemos oportuno recordar con brevedad la relación entre su carrera literaria y su tiempo histórico para una lectura más útil de este poemario.
La dimensión de su obra poética se explica por los acontecimientos de su vida personal y de la historia: Enfermedad padecida en su juventud, participación en la Primer Guerra Mundial, adscripción a los primeros movimientos artísticos de vanguardia de sesgo anarquista, adalid del Surrealismo que vive sus contradicciones y desgarros internos, acercamiento, ruptura y nuevo compromiso con el Partido comunista, resistente durante la ocupación alemana de su país, abandono y pérdida respectivamente de sus dos pasiones amorosas, Gala y Maria Benz, Nusch, defensor activo de la II República, antes y durante la Guerra civil. En suma, una vida y una obra que apuesta siempre por un mundo en el que la soledad sea una excepción y el amor un derecho frente a todo poder opresivo y disgregador, es decir, por un cambio radical de la vida y del mundo.
Ya en sus primeros poemas se percibe una concepción humanista y antibelicista que se transforma en una posición transgresora en contra de los siempre sinsentidos del poder, conciencia que encuentra su asiento en Dadá, el movimiento vanguardista antiburgués que en su corta vida se consume en apuestas nihilistas, pero que sería el primer peldaño o referente para el Surrealismo, donde su militancia poética se nutre de la superación de las estéticas dadaístas y de la toma de conciencia de los acontecimientos sociales y políticos que se producen en el mundo a partir de 1924, año en que André Breton publica su Primer Manifiesto.
Nunca como entonces el arte se cuestiona a sí mismo tanto por los problemas sociales como por la política. El referente de los logros de la Revolución soviética y el ascenso paulatino del Nazismo y Fascismo no dejan indiferentes a este movimiento que genera sus contradicciones en su devenir teórico y que le impele a elegir entre la pura lucha poética o la síntesis de ésta y del compromiso comunista. La realidad de los movimientos populares de los años treinta, los peligros que se ciernen desde el primer día sobre la República española, los pactos internacionales y el naciente anticolonialismo y la ruptura dentro del bloque comunista obligan a muchos escritores y artistas a abandonar sus torres de marfil y acudir a las voces de liberación y a unirse a la lucha de las clase populares.
Paul Eluard no es ajeno a estas situaciones, desde Capital de la douleur (Capital del dolor) hasta Poemas políticos la evolución de su obra es semejante a la de Rafael Alberti, Pablo Neruda, Federico García Lorca o Luis Cernuda, proceso que se ha descrito como un tránsito de la vanguardia a la revolución.
En este proceso la urgencia de la realidad no le impide adquirir otra conciencia poética más allá de las polémicas mecanicistas entre la utilidad del arte popular y del elitista que se producen en estos tiempos, cuestión que Paul Eluard resuelve en un proceso dialéctico en el poemario Poesía Ininterrumpida I (1946), en que la poesía se deshace del narcisismo y del amor cerrado en sí mismo para enraizarla en otra moral, es decir, en un abandono del sueño y de los sueños para situarse en la verdad práctica:
Pero aun necesitamos un poco
Unir nuestros ojos claros a estas noches inhumanas
De hombres que no han encontrado la vida en la tierra
Necesitamos considerar su suerte para salvarlos.
Si con el Surrealismo habían adquirido otro abecedario, éste ahora al desplazar su retórica a su nueva poética, les sirve para nombrar la nueva realidad. A los delirios de los sueños y del amor los sustituye la creación de una voz colectiva en que el amor es deseo y combate. Es significativo, por otra parte, que un poema de amor como “Libertad,” escrita en tiempos de la Resistencia y difundido en hojas volanderas por los campos de batalla desde el aire por la RAF, se convirtiese en acompañamiento y estímulo de los partisanos en lucha, y sea aún hoy un referente que ha traspasado los límites de su circunstancialidad inmediata.
La práctica poética de Paul Eluard durante el periodo de los años de plomo se concreta en diversos poemarios en los que se percibe otro hombre y otra poesía que adquiere relevancia en Poemas políticos, libro que tiene como fondo la tragedia personal que vivió nuestro poeta a raíz de la muerte súbita de Nusch, su segunda esposa, y que había sido el soporte y sustancia de muchos de sus poemas. Según nos cuenta Louis Aragon, después de esta pérdida, Paul Eluard vivió un infierno dentro de él en el que sus demonios eran el dolor, la tortura y los delirios en un mismo trastorno:
“Después de un gran abandono, cuando no tuvo más que en el fondo de sí mismo la visión de su mujer muerta, fue sacudido por una gran revuelta” es el principio de su testimonio autobiográfico y el comienzo de la primera parte, “De l’horizon d’un homme à l’horizon de tous”, (“Del horizonte de un hombre al horizonte de todos”), de este nuevo libro.
Desde este inicio el poeta, nos marca el camino autobiográfico de un “yo” que se desdobla en un “él” narrativo para distanciarse de sí mismo y ofrecer así otra perspectiva al lector para evitar una mecánica identificativa, y, al mismo tiempo no quedarse atrapado en el abismo de la intransitividad del dolor y poder desbordar sus fronteras. Y desde ese infierno de la pena demanda volver a vivir:
Dejadme juzgar lo que me ayuda a vivir
Mi inmensa razón de vivir
Después del más grande abandono […]
Soy real todo es real y si mi duelo
Empequeñece lo real con pesados golpes de martillos
La memoria que me maltrata
Tiene apoyos bermejos como el hierro en el fuego
/Como rosa en el sol candente de mi dolor”
para a continuación, después de su temporada en su infierno, decir:
El solo refugio posible es el mundo entero / Vivir hoy para mí es responder a los enigmas / Y negar el dolor ciego de nacimiento / Siempre en pura pérdida estrella sin brillo / Vivir es perderse con el fin de reencontrarse a los hombres.
En su regreso al mundo de los “vivos”, el poeta tiene un Avant (Antes de) y un Après (Después de), palabras con las que nos abren las puertas de la segunda parte de esta colección de poemas. En esta línea divisoria del “antes de” se encuentra el recuerdo de sus camaradas impresores, o el homenaje a los guerrilleros griegos en el poema “Athéna”:
Pueblo desesperado pero pueblo de héroes
Pequeño y grande a la medida de tu tiempo
Pueblo griego para siempre dueño de tus deseos
La carne y el ideal de la carne conjugados
Los deseos naturales la libertad el pan
El bien real y luminoso más fuerte que todo
Más fuerte que el dolor y que nuestros enemigos.
Pero al tono épico se une el canto del ámbito personal. “En mi bello barrio” en el que la resistencia es el amor, es la vida. La mujer, el niño son tesoros. El destino es un mendigo en el que quemaremos, en el gran día, los andrajos, la miseria y la rapaz estupidez, que se prolonga en el poema “À la memoire de Paul Vaillan-Couturier”, dirigente comunista, periodista y escritor, que murió súbitamente en 1937 después de una vida de intenso compromiso desde su participación como soldado en la Primera Guerra mundial hasta una intensa actividad como periodista, escritor y dirigente. Un poema en el que se nos habla y canta del quehacer militante en un barrio parisino sin la grandilocuencia de las grandes gestas:
En mi calle los paseantes tienen las mismas preocupaciones
Y las mismas esperanzas con un poco menos de infelicidad
Los mismos amores también mi corazón está con ellos…
Paul Vaillant-Couturier que fuiste como nosotros
Y que juraste por nosotros y nosotros juramos por ti
Que un día la vida será mejor.
Y ya por último, en la sección “Después de” el tono de elegía del principio se torna reflexión, en canto y en diálogo.
Tú que fuiste con mi carne la consciencia sensible
Tú que te amaré siempre que me has inventado
Tú no soportabas ni la opresión ni la injuria
Tú cantabas soñando la felicidad sobre la tierra.
Tú soñabas ser libre y yo te sigo.
¿Pero quién pudo decir que la Tesis XI de Marx sobre Feuerbach no tendría un poeta que la hiciese suya? Paul Eluard en su poema “La Poesía debe tener por fin la verdad práctica, como ya habíamos leído en otros poemas –La fuente de la poesía es el dolor-, sienta la base de su poética y de su compromiso no solo en el placer, sino en el conocimiento doloroso, pero transformador de la realidad:
Si os digo que en el fondo de una fuente
Gira la llave de un río abriendo el verdor
Me creéis aun más me comprendéis” […]
Pues ustedes camináis sin fin sin saber que los hombres
Tienen necesidad de estar unidos de esperar de luchar
Para explicar el mundo y transformarlo.
Si Paul Eluard había evitado todo solipsismo y una delectación en el canto de una pérdida metafísica a lo largo de este poemario, el poema “Diálogo,” donde convoca a Pablo Neruda para crear con él un poema en el que las dos voces se confunden en una sola voz de lucha y de denuncia:
Demasiados de entre nosotros han abandonado la vida / por esperanza de un mundo mejor / Demasiados inocentes seguros de su derecho / Les sonrío y me sonríen.”[Paul Eluard]
Un rostro con los ojos rotos vigila las tinieblas / Con una espada llena de esperanzas terrestres. [Pablo Neruda]
Paul Eluard concluye su poemario Poemas políticos con un canto a la vida, después de su bajada a su infierno con el poema “Hermanas de esperanza”
Hermanas de esperanza mujeres valientes
Contra la muerte habéis pactado
Que estén unidas las virtudes del amor
Apostáis vuestra vida
Para que la vida triunfe
un pacto que suscribe también el poeta y que cierra con el último verso:
Todo rostro tendrá derecho a las caricias








