Que no, Derecha, que no te voy a hablar de Podemos. Mejor te comento sobre lo que No Podemos y lo que tendremos que poder, que estamos viviendo un verano lleno de zozobras y monstruos que compiten ventajosamente con el pobre del lago Ness, que antes trabajaba a destajo en estas fechas para tener distraído al personal y ahora está amenazado de un ERE porque la empresa, antes boyante, ya no resulta rentable y no aparece en los periódicos: lo sustituyen, con manifiesta superioridad mediática, los leones de la Riva y otras fieras bocazas expertas en despropósitos verbales que soliviantan el mediocre ambiente de nuestra corrala celtibérica.
Me llama mucho la atención la forma en que se plantean y discuten los asuntos en el solar patrio. Como escribió en su día el poeta Jenaro Talens, “la Patria es el lugar donde no estoy, el arrabal de mis melancolías”. Francamente (debería emplear otra palabra para transmitir sinceridad), no me encuentro muy bien entre mis semejantes de hogaño, fundamentalmente porque me generan más compasión por lo que sufren que complicidad por lo que dicen y hacen. No te apresures a calificarme de pesimista. Ni siquiera me considero determinista pero observo unas malignas y persistentes tendencias a discutir de todo con escasos conocimientos sobre la materia a tratar y ferozmente instalados en contradicciones muy curiosas. El otro día viví con mi suegra una significativa anécdota: No estaban ella y su hija de acuerdo con la distancia que separaba a dos localidades relativamente próximas: una decía que siete kilómetros y la otra que veinte. La discusión se iba calentando con toda clase de esfuerzos para descalificar a priori la opinión del contrincante. El tono, los gestos, la cadencia del intercambio de opiniones nos llevaba al enfrentamiento pasional cuando propuse que se utilizaran las nuevas tecnologías y se consultara el dato en Internet. Lo hicimos casi de tapadillo, mientras la pelea se enquistaba en opiniones irreductibles y resultó que “ni pa tí ni pa mí”. La distancia establecida era de quince kilómetros. Unos se habían pasado y otros no llegaban. Pero, y ahora viene la conclusión filosófica, mi suegra se volvió hacia mí con contenido reproche (me consta que me aprecia) y me espetó: Nos has chafado la discusión.
¡Ah, de eso se trata! ¿De discutir sin querer llegar a conclusiones que puedan ser aceptadas por todos los que opinan? No siempre será posible, claro, pero ¿por qué cerrarse de antemano la posibilidad? Y luego está el desprecio hacia el conocimiento, claro.
En esta algarabía (¡qué xenófoba y terriblemente bella palabra!), se sufren muchas carencias: Conocimientos de lo que antes se llamaban “ciencias exactas”, pocos. Sensibilidad estética y formación artística, escasas. Habilidades comunicacionales toscas. Hasta tenemos uno de nuestros idiomas (me refiero al español) que se habla con mejores resultados fuera de la corrala que dentro. Y si jugamos con la idea (en el plano cultural) de que “la cara es el espejo del alma” y la extrapolamos a que “el habla es el espejo del pensamiento”, entonces esta Patria es el lugar donde ni estoy ni me entiendo.
Y en este marco incomparable, va y se nos derrumba el Régimen del 78. ¿Tú te has enterado? Otros sí porque los cascotes les cayeron encima y, de alguna manera, alguien buscó una explicación. Tus representantes políticos, a juzgar por la escalada patosa de mentiras, tergiversaciones y salidas de tono parece que la intuyen, pero son y somos tan poco ilustrados que hasta cuando –en un alarde de cultureta- citamos a Lampedusa (el autor, no la isla) lo hacemos mal… y lo practicamos peor, porque aquí no se percibe que los poderes instalados tengan la habilidad de proponer un cambio, (no algunos cambios), para que todo siga igual, sino chapuzas para que todo vaya peor.
¿Podremos cambiar este estado de cosas? ¿Queremos? ¿Sabemos? De momento estamos instalados en la insatisfacción de todos con todo y contra todos… de boquilla. Y en el drama de los que sufren ya directamente la pobreza y la dominación miserable de una élite mediocre. En realidad veo a la pobre Patria poblada de individuos que están empezando a re-conocerse como grupo, como colectivo… y ya se habla –torpemente, para no variar- de convergencias sin tener del todo claras las esencias. Unos hablamos de clases sociales, otros de arriba y abajo, unos de asambleas, otros de círculos, se está reinventando un comité central…
Por favorecer la comunicación identitaria, derecha mía: Llámame paria.







