Triunfo de Dilma Rousseff en la segunda vuelta presidencial

Brasil sigue con nosotros

Lo que estaba en juego era la continuidad de un proceso que visibilizaba a amplios sectores de la sociedad.

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Foto: http://www.pt.org.br

Ése parece ser el sentimiento que embarga a la izquierda latinoamericana y caribeña, luego de la ajustada victoria de Dilma Rousseff (51,64%) en la segunda vuelta presidencial frente al derechista Aécio Neves (48,36%).

No es para menos, visto el peso específico del gigante sudamericano. La República Federativa de Brasil con más de 200 millones de habitantes es potencia económica regional y mundial, la sexta según su PIB nominal y ocupa casi la mitad del territorio de América del Sur.

Su importancia geoestratégica es tan grande que politólogos como Atilio Borón presagiaban que una derrota de Dilma implicaría que una “larga noche se cerniría sobre América Latina y el Caribe, abriendo un paréntesis ominoso que quién sabe cuánto tiempo tardaríamos en cerrar”.

El enfrentamiento de dos modelos

Las propuestas centrales de los candidatos, más allá de las operaciones de marketing, dejan ver claramente las diferencias.

El Partido de los Trabajadores (PT) y aliados, apoyos de Dilma, reflejaban la necesidad de profundizar en cambios sociales, continuar una senda que ha logrado crear más de 20 millones de puestos de trabajo en los últimos años, que prioriza lazos económicos y políticos con América Latina y Caribe (Mercosur, Celac, Unasur) y con zonas emergentes del resto del mundo.

Durante los gobiernos del PT (Lula del 2003 al 2010 y Dilma desde entonces) 7 millones de brasileños se han beneficiado del programa de vivienda “Mi casa, mi vida”; casi 690.000 familias recibieron tierras en el marco de una tibia Reforma Agraria; la miseria cayó un 65%; con el programa “Más Médicos” se incorporó a 50 millones de personas a la atención sanitaria. En dicho programa, participan 11.000 médicos cubanos y han sido destinados a zonas como favelas, periferias o regiones que apenas contaban con doctores puesto que muchos médicos brasileños no querían cubrir estas plazas.
Por su parte el candidato neoliberal Aécio Neves prometía virar la política internacional hacia los intereses de EEUU y Europa, reducir el gasto público, desandar el camino de integración regional iniciado por Lula en 2003, servicios públicos con participación privada e inclusive dijo en plena campaña que el programa “Más Médicos” tenía fecha de caducidad si él ganaba.

Dilma, el PT y Lula lograron apoyos del arco partidario aliado (desde comunistas hasta centristas), de sectores del Partido Socialista que no siguieron las indicaciones de su dirección encabezada por Marina Silva, sindicalistas, pequeños y medianos empresarios, movimientos sociales y sectores populares. Por su parte Neves fue claramente sustentado por los grandes medios de comunicación, los mercados financieros, las capas altas del campo y del gran empresariado, y por parte del Partido Socialista.

Ha ganado Dilma, ¿y ahora qué?

La disyuntiva no era Revolución sí o no. Lo que estaba en juego era la continuidad de un proceso que visibilizaba a amplios sectores de la sociedad, y que no dejaba en manos del “mercado” los designios de la economía. No era más, pero tampoco menos. Ahora se abre un proceso de cuatro años en los cuales el propio Partido de los Trabajadores tiene que ponerse a la cabeza de la reorganización de los sectores sociales que son su base de sustentación, y que en los últimos tiempos se ha visto desmoralizada y desmovilizada. La rápida reacción de Dilma ante el descontento popular (recordar movilizaciones contra el Mundial de Fútbol, y por los servicios públicos) logró contener el peligro, pero hace falta más. Sobre todo considerando la masiva intoxicación que vienen generando desde los grandes grupos mediáticos que, cabalgando sobre errores ciertos, logran erosionar la confianza del pueblo y por tanto preparan el terreno para el retorno neoliberal. Dilma Rouseff, el PT, Lula y sus aliados tienen la palabra para poner sobre la mesa la verdadera disyuntiva: profundización de los cambios o regresión.

Mientras tanto, el panorama en el Congreso se ha derechizado. Si bien el PT y aliados mantienen una mayoría, estas elecciones han permitido el ingreso de diputados con discursos y trayectorias muy enfrentadas a banderas y objetivos sociales tales como el aborto o la libertad sexual.

Por otra parte, en las elecciones a gobernadores de los 27 Estados que forman la República federativa de Brasil, arroja como datos positivos para la izquierda el hecho de que por primera vez el PT triunfa en Minas Gerais que era un feudo del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), el partido del neoliberal Aécio Neves. Y también por primera vez habrá un Estado gobernado por un comunista, se trata de Maranhao, donde Flávio Dino del PCdoB obtuvo el 63,5% de los votos. Flavio Dino, de 46 años, abogado y profesor de derecho fue durante 12 años juez federal y venció encabezando una coalición electoral llamada “Todos por Maranhao”.

Hay proceso transformador

Los resultados de la segunda vuelta de las elecciones de Brasil indican que, contra todos los pronósticos mediáticos, no es la hora del cambio de ciclo en América Latina. El Partido de los Trabajadores, la izquierda brasileña, lograron un triunfo que permite soñar con la continuidad de los cambios estructurales y la profundización de la justicia social, no sólo en la patria de Tiradentes y Carlos Prestes, sino en toda América Latina y el Caribe.

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