El actual presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales, ganó las elecciones con un arrollador 61,04% de los votos, al tiempo que el Movimiento al Socialismo (MAS) que lo sustenta lograba 84 de los 130 diputados así como 25 de los 36 senadores. Le sigue la derechista Unión Democrática del empresario cementero Samuel Doria Medina con el 24,5% y el expresidente Jorge “Tuto” Quiroga, más derechista aún, con el 9%, ambos formados en universidades norteamericanas y con muchos y buenos lazos orientados hacia el neoliberalismo.
De esta forma Evo Morales mantendrá la presidencia obtenida en 2005, cuando ganó con el 54% de votos, hasta el 2020, por lo menos.
En la avanzada y civilizada Europa, cuando un partido gobernante cae en las encuestas, se finalizan los análisis con la manida frase “el poder desgasta”. Evo Morales Ayma y su gobierno no parecen sufrir este síndrome. Resulta entonces necesario ver las razones que permiten a este líder campesino e indígena alzarse con tal victoria luego de gobernar un país empobrecido y en el marco de una crisis mundial.
Los defensores del neoliberalismo ante el triunfo de Evo se dividen en dos: por una parte los recalcitrantes de siempre que continúan sus ataques y los que en diversos medios de comunicación dicen que Evo ha ganado por girar hacia el capitalismo y abandonar la utopía bolivariana e indigenista (Luis Prados, subdirector de América Latina de El País en http://bit.ly/1sKVHTO).
Los grandes grupos mediáticos se lamentan de que ese tipo de presidentes gobiernen tanto tiempo. Es probable que en realidad desearan que nunca gobernaran, y en caso de hacerlo que terminen como Salvador Allende si se mantienen en sus reivindicaciones o mejor como el peruano Ollanta Humala, que ganó con un discurso de izquierda y rápidamente giró hacia la derecha. No percibí a los columnistas de Internacional de El País protestar por la existencia de reinados, donde los Jefes de Estado no sólo duran toda la vida, sino que nunca son sometidos a referéndums democráticos. Mas aún, algunos como el argentino Martín Caparrós escribe que “La figura del dictador en América Latina ha sido reemplazada por la realidad del presidente democráticamente elegido que no soporta la idea de dejar de serlo”. Es una metáfora casi obscena. Les duele a los intelectuales sistémicos la democracia con justicia social.
Otros, quizá más inteligentes, juegan a ser el ‘poli bueno’ y no dejan de reconocer los logros de Evo, pero les molesta su discurso e intencionalidad de profundizar rumbos. A Miguel Ángel Bastenier, del diario del Grupo Prisa, le indigna el “griterío antiimperialista y homenaje al castrismo fundacional”, pero sabe que “es por su construcción de una nueva Bolivia por lo que Evo arrasa”. Realmente el “griterío” le fastidia un poco, pero lo que de verdad molesta es que las palabras sean coherentes con las acciones.
Lo cierto y verdad es que desde que el MAS ganó las elecciones del 2005 y este indígena se transformó en presidente, la pobreza se redujo en Bolivia. No por casualidad. Antes de Evo, el reparto de la renta gasífera y petrolera dejaba en manos de las transnacionales el 82% de lo producido. Ahora es el Estado quien se queda con ese porcentaje, con lo cual el PIB pasó de 9.525 millones de dólares en 2005 a 30.381 en 2013, tal como indica el sociólogo boliviano radicado en Quito, Adalid Contreras Baspineiro. Esa inyección de recursos económicos permite el incremento de la inversión pública de 600 millones a 6 mil millones de dólares y de la inversión social en 500%.
Es indudable la aparición de un nuevo Bloque de Poder, en el cual el entramado de organizaciones sociales tienen la clave, y el gobierno la habilidad de haber mantenido el estrecho contacto, sin institucionalizarse, pegado al terreno. En este proceso, el propio bastión derechista de la rica zona llamada Media Luna ha sido conquistado por el binomio Morales-García Lineras. El predominio oligárquico-golpista de los Departamentos de Tarija, Santa Cruz, y Pando quedó roto y se conserva sólo en la región de Beni, única en la que Evo no ganó, aunque allí el MAS quedó en segundo lugar con un importante 43%.
Evo Morales es un presidente que tiene el descaro de cumplir con lo que promete, y encima potenciando, como nunca hasta ahora, la intervención del pueblo en los mecanismos de decisión, lo cual hace que el nivel de participación electoral pase del 90%.
En estas elecciones Evo Morales y el MAS marcaron como objetivos sociales para el 2025 la reducción de la extrema pobreza al 2%, la industrialización superando el extractivismo; la universalización de los servicios básicos y de infraestructura; la profundización de la agenda del Vivir Bien o de desarrollo armónico con respeto a la Madre Tierra. Señala Adalid Contreras que “La población boliviana tiene hábito y memoria en el ejercicio de su derecho electoral”, por tanto no sorprende que el pueblo boliviano confíe en Evo Morales y en el MAS. Evidentemente, cumplir con el pueblo no desgasta.






