
Disco ‘Yusuf’
Cat Stevens
Alejado de los focos de los medios de comunicación, Cat Stevens, hoy conocido como Yusuf desde su conversión al islam a finales de los setenta del pasado siglo, ha seguido ligado a la música en varios frentes. Uno de ellos, y no el menor, es la gestión de su patrimonio de canciones que comenzara a componer en los sesenta: “En 1963 me pasé la mayoría de las noches rastreando esos lóbregos clubs del West End (Londres): 100 Club, The Scene, The Marquee, Tiles y el resto. Era parte de una generación liberada gracias a músicos como Jimmy Reed, Bo Diddley, Chuck Berry, Howlin’ Wolf y los discos increíbles del sello Motown importados desde el otro lado del océano”.
Ahí están las raíces del músico que muchos asocian al folk-pop británico con canciones tan populares como “Mathew and Son”, “The first cut is the deepest” y “Here comes my baby”. Sólo con este mínimo repertorio, a la edad de 18 años, Cat Stevens ya era una estrella del pop anglosajón. Pero en el fondo de sus composiciones estaba el Rhythm & Blues (R&B), la música negra de la que chupó la vertiente alternativa al pop de The Beatles con The Rolling Stones, The Yardbirds, The Animals. Entre ambas corrientes navegó el primer Cat Stevens hasta dar con su personal aproximación al blues sonando como un músico de folk acústico. Y en eso el maestro era Bob Dylan. “Mis canciones siempre tendieron hacia lo anguloso y mis letras estaban influenciadas por el realismo del Protestantismo y la originalidad narrativa del blues: buscaba en todo momento un mundo más libre, un mundo mejor”.
El nuevo disco de Yusuf (el tercero bajo este nombre artístico) es ‘Tell’em I’m gone’, editado en octubre del pasado año: un monumento al pop y, sobre todo, al R&B. “Este disco -cuenta Yusuf en el libreto- representa mi tributo a las muchas influencias que han brillado en mi historia musical. Artistas como Leadbelly, Jimmy Reed y Ray Charles. (…) Las canciones son parte de un proceso no premeditado con el que me familiaricé: las cosas que amé y escuché cuando estaba de gira por todo el mundo a principio de los setenta”. Parte de los títulos son nuevos, escritos por Yusuf, y la otra mitad son versiones. Todas las pistas destilan anhelos de libertad, cantadas con la precisa vocalización que siempre le caracterizó, un magnífico juego de guitarras, teclados y coros, cerrando con toda una declaración de intenciones: “Si nunca te arriesgas a perder, puede que nunca ganes. Si nunca te aventuras por el mundo, no verás nada”.
“La cruel historia negra y blanca de la esclavitud, de la que nació el blues, no es diferente en cierto sentido del encadenamiento que la gente experimenta hoy en la ruidosa jungla urbana de la tecnología y el consumismo. (…) Libertad no se puede lograr mientras algunas personas quieren más que otras y nunca están satisfechas porque siempre hay algo más que desean. Algunos escogen mirar a esas otras personas como seres humanos inferiores y, por tanto, les deniegan el derecho a las cosas que ellos mismos demandan. Ese juicio de la gente hacia otras personas es otra forma de cautividad y opresión”.
Estos pensamientos afloran en sus canciones, con una pieza inicial titulada “I was raised in Babylon”, en la que se mencionan las religiones y la liberación de su yugo para vivir el hecho religioso como modo de libertad. Yusuf, un musulmán de principios, aboga porque este disco “ayude a reavivar el espíritu de la libertad que nos separe de las cadenas que nos hacen esclavos”.







