El mapa de situación (que muestra el control de Libia por parte de las diferentes facciones yihadistas (http://bit.ly/1K54c9A) demuestra claramente en qué se ha convertido el país tras la agresión del imperio y sus aliados que, al igual que en Iraq o Afganistán, han contribuido a una desestabilización progresiva de zonas geoestratégicas para el dominio del mundo.
Libia, antes de la rebelión financiada por Qatar, Arabia Saudí con la participación de los servicios de inteligencia del Reino Unido y EEUU, mantenía unas relaciones económicas importantes con la mayoría de los países europeos y las relaciones de Gadafi con los gobiernos, en algunos casos, como los de Francia, Italia o España, iban más allá de relaciones protocolarias.
Pero a raíz de la llamada “primavera árabe”, los países más influyentes del Consejo de Cooperación del Golfo, utilizaron el descontento social para hacerse con el control del mercado del petróleo o de las rutas de abastecimiento financiando y armando a grupos de la yihad en Libia y posteriormente en Siria. No hay que olvidar que el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) reúne a los seis países de la Península Arábiga que dan al Golfo Pérsico: Arabia Saudí, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Kuwait, Omán y Qatar. Juntos poseen más de un tercio de las reservas probadas de petróleo del mundo y cerca de un cuarto de las de gas natural.
Y Libia tenía y tiene la octava mayor reserva mundial de petróleo, es la 23 mayor reserva mundial de gas y, sobre todo, el gobierno de Gadafi estaba ultimando lo que se conoce como El Gran Río Artificial, una red de tuberías construidas que proveen agua al desierto del Sahara en Libia desde los acuíferos fósiles. El Acuífero de Nubia, que abarca partes de Chad, Egipto, Libia y Sudán, es el mayor sistema de agua fósil del mundo, cubre unos dos millones de kilómetros cuadrados y se estima que contiene unos 150.000 kilómetros cúbicos. Para comprender el tamaño del acuífero, el sistema es casi tan grande como la Argentina continental.
Según el Índice de Desarrollo Humano, Libia ocupaba el primer puesto de todos los países africanos. Libia era el primer país de África en sanidad, educación e igualdad de género; las condiciones para las mujeres eran mucho mejores que en otros países árabes. El acceso a agua potable limpia era gratuita en un país desértico.
Según la OMS, todos los ciudadanos tenían acceso a la atención gratuita de salud pública. El gobierno estaba aumentando sustancialmente el presupuesto para el desarrollo de servicios de salud.
La desestabilización y destrucción del gobierno de Gadafi se convirtió así en el objetivo principal del estado árabe que financia la yihad, casualmente los mejores aliados de EEUU y de la UE.
Y la maquinaria militar de intervención occidental se puso en marcha…
Con la excusa de la necesaria protección civil, el Imperio consiguió que las Naciones Unidas aprobaran, en pleno enfrentamiento civil entre las fuerzas leales al gobierno de Gadafi y las milicias rebeldes, la resolución 1973 de exclusión aérea, que rápidamente la OTAN utilizó para convertir sus fuerzas aéreas en las fuerzas de los rebeldes, contraviniendo la propia resolución.
La llamada Política de Seguridad Común de la Unión Europea (PESC) saltó por los aires al dividirse los gobiernos de los Estados miembros entre los partidarios de la guerra, como Francia, Inglaterra y España o los contrarios como Alemania. Curiosamente, Francia volvió a adquirir un protagonismo bélico con el Presidente Sarkozy que su sucesor, Hollande quiso repetir con el conflicto sirio.
Fueron precisamente aviones de la Fuerza Aérea francesa los que detectaron, al final de la guerra de Libia, el convoy que pretendía poner a salvo al Presidente Gadafi y los que informaron a los rebeldes de sus coordenadas.
El Imperio, una vez más, fue protagonista de una ejecución extrajudicial, en este caso la de Gadafi, con torturas y sodomización incluidas antes de poner fin a su vida. Tanto la ejecución de Bin Laden (ésta dirigida desde la Casa Blanca) como la de Gadafi, perseguían impedir que en un juicio justo (los criminales nazis fueron juzgados en Núremberg), pudieran revelar información muy sensible del papel de Estados Unidos y sus aliados en su financiación y apoyo.
La destrucción de Libia como Estado ha tenido efectos desastrosos como el rearme de la yihad en el Sahel facilitadas por los rebeldes libios y el desmembramiento de Libia en seis territorios controlados militarmente. Dos autoproclamados gobiernos y parlamentos, uno con sede en Trípoli, el de Omar al-Hassi, de los Hermanos Musulmanes, milicias de Misrata, grupos yihadistas y el Estado Islámico, y otro, con sede en Tobruk, el presidido por Abdullah al Thanni con el apoyo de las milicias de Zintan, éste último reconocido por Occidente, casualmente, viendo el mapa, la parte donde se concentran el mayor número de pozos petrolíferos y oleoductos.
Este caos promovido, financiado y ejecutado por el Imperio, la OTAN, Qatar y Arabia Saudí, no sólo ha destrozado humanitariamente al pueblo libio sino, que parte de él, al intentar escapar de la guerra, pierde la vida en el Mediterráneo al encontrarse con los muros de la vergüenza de la Unión Europea.
El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) asegura que al menos 218.000 inmigrantes y refugiados cruzaron el Mediterráneo en bote el año pasado. De ellos, unos 3.500 murieron en la travesía. Entre 2000 y 2013, más de 23.000 personas perdieron la vida mientras intentaban alcanzar el viejo continente, lo que supone una media de más de 1.700 fallecimientos documentados cada año. En total, alrededor de 26.000 muertos en 14 años. Las cifras reales, en cualquier caso, no se conocerán nunca, ya que muchos cuerpos se los traga el mar.
Las élites financieras, los Rothschild (Londres, Berlín e Israel), Rockefeller (EEUU e Israel), Warburg (Alemania), Morgan (Inglaterra), Lazard (París, Francia), Mosés Israel Seif (Italia), Kuhn Loeb (Alemania y EEUU), Lehman Brothers (EEUU) y Goldman Sachs (EEUU), estarán muy satisfechos de la eficacia de sus esbirros, las administraciones del Imperio y su brazo armado, la OTAN.
Pero la Civilización, la Humanidad, ve con estupor cómo el caso de Libia es la constatación más palpable de que los nuevos bárbaros, si no se lo impedimos, nos retrotraerán a la Edad Media.







